14 sept. 2008

Lijiang. El Espíritu de Shangri-La


Tras un vuelo de un poco más de una hora desde Chengdu, aterrizamos entrada la noche en Lijiang. Una van enviada por la Guesthouse Mama’s Naxi nos lleva hasta el centro del pueblo.

La provincia de Yunnan yace en los confines más alejados del territorio chino, lindando con Vietnam, India, Laos y Birmania. Su diversidad de paisajes es tan abrumadora que cada año atrae a miles de viajeros. Su capital administrativa es Kunming, pero cuando hablamos de turismo no hay dudas, la que manda es Lijiang -con 800 años de historia en sus calles y puentes-, situada en la parte noroccidental y sobre una llanura a 2600 metros de altura.


Desde los tiempos de la dinastía Yuan (1279-1368) en esta zona viven los naxi, grupo étnico que habita las laderas del Himalaya -en la parte sudoeste de las provincias de Yunnan y Sichuan-, y que conservan sus costumbres ancestrales.

Lijiang está dividida en dos partes: la nueva -que carece de interés- y la vieja.

La ciudad vieja es un atractivo entramado de calles empedradas, puentes de piedra -300 en total- y pequeños canales -que recorren la ciudad entera- con el agua pura y helada, que desciende de la Montaña del Dragón de Jade (5550m).



Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997. Desde entonces, la ciudad ha sufrido un notable aumento del turismo, tanto interno como externo. Debido a esta comercialización, la UNESCO está considerando retirar a la ciudad la categoría de Patrimonio de la Humanidad.


Las casas están construidas en madera y ladrillo, orientadas hacia los cuatro puntos cardinales y siguiendo un orden perfecto. Las calles, prohibidas a los vehículos, están empedradas de forma tradicional.


En mayo de 1996, un terremoto de gran magnitud sacudió Lijiang provocando más de 300 muertos. Sin embargo, la arquitectura tradicional naxi resistió sorprendentemente bien para asombro de los organismos de ayuda internacional, enviados para evaluar los daños. El terremoto había situado a Lijiang en el mapa, poniendo al mismo tiempo en evidencia la fragilidad y el increíble valor de su patrimonio cultural. Así que el Banco Mundial donó el dinero necesario para la reconstrucción de la ciudad antigua, respetando escrupulosamente el patrón original.


Lijiang reivindica ser la auténtica Shangri-la, cuestión que el gobierno chino ha resuelto a favor de la ciudad de Zhongdian.

El Espíritu de Shangri-La

El Estanque del Dragón Negro es la cuna de la religión dongba, donde tiene lugar la ceremonia de honrar al dios Shu, Espíritu de la Naturaleza, que controla la vida animal, montañas, lagos, ríos, bosques, etc.


En la mitología naxi se dice que, originariamente, el Hombre y la Naturaleza fueron hermanos del mismo padre y de diferentes madres. El Hombre estuvo encargado de cultivar campos, cosechar, cuidar animales domésticos, etc. y Shu el encargado de selvas, ríos, lagos, así como animales salvajes, etc.

Al principio, los dos hermanos convivían armoniosamente, pero, más tarde, el Hombre se hizo codicioso y empezó a cortar árboles y a cazar animales. La violencia y codicia del Hombre enojó al otro hermano, la Naturaleza, que lo castigó causando inundaciones y desastres naturales.

Posteriormente, el Hombre percibió que todos los desastres naturales fueron ocasionados por él a causa de su maltrato a la Naturaleza, por lo que pidió el favor de Dongba Shiluo -fundador de la religión dongba de los naxi-, para hacer las paces entre él y su hermano, la Naturaleza.

Al final, los hermanos acordaron: el Hombre puede cultivar adecuadamente los campos y cortar algunos árboles para leña, pero no más de lo que necesite; también el Hombre puede cazar animales si los animales domésticos no son suficientes, pero no más. Bajo estas condiciones, los dos hermanos, Hombre y Naturaleza, fueron otra vez amigos.

Cuando crecieron vivieron independientemente: el Hombre en la tierra y el dios Shu en el agua, llamado Shugudang en el lenguaje naxi.

Cada año, en enero del calendario lunar, el pueblo naxi realiza la ceremonia del acuerdo entre hermanos, ya que continúan con la creencia de respetar la Naturaleza: veneran a la naturaleza, valoran el agua como un recurso de vida, mantienen el agua limpia y nunca matan a los animales preñados; sólo obtienen lo que necesitan diariamente e intentan hacerlo lo mejor posible para mantener el balance ecológico.

Los naxi sostienen sólidamente el primitivo espíritu de Shangri-La: armonía entre el Hombre y la Naturaleza.

Desde el Mama’s Naxi, situado en un extremo de la parte vieja, provistos de un plano -sin el cual es fácil perderse- paseamos sin ruta prefijada por las callejuelas hasta desembocar en el centro neurálgico: la Plaza del Mercado Viejo, donde vemos una demostración de bailes tradicionales naxi.


Las mujeres naxi utilizan faldas amplias plisadas acompañadas de chaquetas y pantalones largos, atados con cinturones ricamente decorados. Utilizan también una zamarra colgada sobre el hombro.



Los trajes masculinos son muy parecidos a los de los han. En la actualidad, las generaciones más jóvenes apenas utilizan los trajes tradicionales. Se utilizan solamente en actos culturales y ocasiones especiales.

La ciudad en sí es muy fotogénica y respira tranquilidad a primera hora de la mañana, aunque no es nada agradable que esté plenamente dedicada al turismo.



En todas las calles cada casa es un alojamiento turístico, restaurante o tienda donde venden souvenirs y toda clase de productos alimenticios enfocados al ruidoso turismo interior chino que, a media mañana, invade las calles. Ello hace que el encanto que antaño pudo tener Lijiang, ahora no sea así y caminar por sus calles es bastante estresante.


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