27 ene. 2009

San Marcos La Laguna



A las ocho de la mañana subimos a un bus público, que nos lleva desde Antigua hasta Panajachel donde embarcamos en una lancha hasta San Marcos La Laguna, uno de los poblados que hay alrededor del Lago Atitlán.

Varios pueblitos bordean el lago, todos con su embarcadero, ya que la barca es el medio de transporte más útil para ir de un poblado a otro.

El accidente hidrográfico más importante del departamento de Sololá en Guatemala lo constituye el lago de Atitlán, que es una de las principales fuentes económicas del departamento, pues además de ser un centro turístico de mucho atractivo, sirve de mucho apoyo comercial.


El lago está situado a 1560 metros sobre el nivel del mar y tiene 18 km de longitud. Su profundidad, que varía en muchos puntos, es desconocida, sin embargo se han sondeado más de 350 metros de profundidad.

El significado de la palabra «Atitlán» deriva etimológicamente del náhuatl. Es un topónimo aglutinado que se estructura en la siguiente forma: Atl significa «Agua» y titlan significa «entre». La palabra Atl pierde su terminación «tl» para unirse con la palabra titlan, por lo tanto, la palabra «Atitlán» se traduce como «Entre las aguas».

Respecto al origen del lago de Atitlán, hay dos corrientes de opinión. Una de ellas opina que el lago es un viejo cráter muerto y la otra que el surgimiento de los volcanes interrumpió el curso de los tres ríos que vienen del norte, los cuales, al reunir sus aguas en el lugar, dieron origen al lago. El lago no tiene desagüe visible. Además, se dice que donde está el lago fue una isla que fue el epicentro de la actividad maya en la época Pre-clásica (600 a. C. - 250 d. C.), ya que en esa época los mayas se agrupaban en regiones.

Varias poblaciones que rodean el lago tienen nombres de santos: Santa Catarina Palopó, San Antonio Palopó, San Lucas Tolimán, Santiago Atitlán, San Pedro La Laguna, San Juan La Laguna, San Pablo La Laguna, San Marcos La Laguna, Santa Cruz La Laguna, entre otros.

Una de las características propias del Lago de Atitlán, es un viento fuerte conocido como Xocomil. La etimología de «Xocomil», proviene de las voces cakchiqueles «Xocom» (recoger) e «il» (pecados), o sea, el viento que recoge los pecados de los habitantes de los pueblos situados a orilla del lago. Se produce generalmente a mediodía, cuando los vientos cálidos procedentes del sur chocan con las masas de aire más frías que provienen del altiplano, formando remolinos que agitan las aguas del lago convirtiéndolas en olas muy fuertes que pueden hacer zozobrar las embarcaciones.

Navegamos durante 40 minutos haciendo escala en distintos pueblos, en un entorno rodeado por montañas con exuberante vegetación, hoteles y lujosas casas asomadas al lago, donde las siluetas de tres volcanes, San Pedro (3020 m), Tolimán (3158 m) y Atitlán (3537 m), se erigen como custodios de este maravilloso lugar.


Una vez llegados a San Marcos buscamos alojamiento. Todos los que están entre el lago y el centro del pueblo son caros. En un poste de luz, veo la publicidad de un hostal: Panabaj, situado en la parte alta del pueblo. El precio es módico y el lugar muy, muy sencillo y básico, pero rodeado de un bonito jardín.


Situado en el departamento de Sololá, San Marcos es un pueblo tranquilo y con poco o nada para ver o hacer. Hace años era el lugar preferido por los hippies. En la actualidad aún existe alguna comunidad de hippies, y extranjeros que ofrecen servicios de masajes, medicina alternativa, kinesiología, etc.


El poblado fue destruido por el huracán Stan, en octubre del 2005 y lo han reconstruido de forma anárquica: una casa aquí, otra allá, con techumbres de plancha y paredes sin enyesar y, mucho menos, pintar.


Las iglesias y cementerios son mi debilidad cuando viajo. Aquí no he visto el cementerio, pero sí la iglesia que sorprende por su decoración, con imágenes de vírgenes y santos provistos de fisonomía indígena.


Vamos a comer y cae una buena tormenta durante más de dos horas, lo que hace que nos quedemos en el restaurante a la espera de que amaine.

Luego paseamos por la orilla del lago hasta anochecer.

Un camino nos lleva hacia las afueras y subimos a la parte alta de San Marcos, donde hay grandes casas construidas por extranjeros para pasar sus vacaciones. Casi todos tienen una lancha para desplazarse por el lago.

Las vistas desde arriba son de gran belleza.



Regresamos al pueblo para dar el último paseo a orillas del lago más bonito que he visto hasta ahora.



Al día siguiente, en una lancha-taxi regresamos a Panajachel para seguir ruta.

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