28 ene. 2009

Todos Santos Cuchumatán


A las siete de la mañana, una furgoneta nos lleva desde Uspantán hasta Sacapulas, en una hora y media.

Mientras estamos desayunando se sienta junto a nosotros Osman, Ingeniero Agrónomo, y entablamos conversación. Le comentamos que vamos hacia Huehuetenango y se ofrece a llevarnos en su pick-up ya que él vive allí. Un viaje, que hubiera durado cuatro horas en bus, lo hacemos en dos horas. Todavía nos queda subir a otro bus.

Osman, nos deja en la estación de autobuses. Nuestro próximo destino y uno de los importantes del viaje: Todos Santos Cuchumatán. Hace dos días que estamos viajando para llegar a este pueblo. Lo tenemos marcado en negrita en nuestra ruta, queremos disfrutar de la gran fiesta del día 1 de noviembre.


El paisaje que vamos viendo por la ventanilla del bus es impagable. Estamos recorriendo la Cordillera de los Cuchumatanes, con picos de hasta 3700 m. Disfrutamos desde quebradas hasta pequeños valles.


Por fin llegamos a Todos Santos Cuchumatán, pueblito enclavado en un valle del departamento de Huehuetenango, cerca de la frontera con México.

Los habitantes de Todos Santos pertenecen a la etnia mam, que formó un pequeño reino en la América prehispánica en esta región, con capital en Zaculeu, cerca de Huehuetenango. Hablan el «idioma mam», una variante del maya.

Hace un poco de frío, no en vano estamos a 2450 m. y rodeados de altas montañas.


El pueblo está en fiestas. Hay muchísima gente y no tenemos alojamiento reservado. Se nos acerca una mujer mayor y nos ofrece hospedaje. No dudamos en seguirla; sabemos que hay dos o tres hoteles y a estas alturas están todos llenos.



Nos lleva calle arriba, casi hasta un extremo del pueblo y entramos en un edificio en construcción. Allí -cerrados en tres paredes y con una puerta- hay dos habitáculos, con sendos catres durísimos y dos mantas. Nos quedamos en el más grande. Las paredes están por enyesar, hay una bombilla colgada del techo, no hay sábanas y mucho menos toallas. Suerte que llevamos sacos de dormir y toallas.

Saliendo del "dormitorio", hay un cuchitril con una taza de wáter inmunda y algo parecido a una ducha. En la calle, frente a la puerta de entrada, un grifo servirá para lavarnos.


Hace bastante frío y empieza a bajar niebla de la cima de las montañas. Intentamos conseguir una habitación en otro alojamiento, pero es imposible.

Llegamos a la Plaza Mayor, donde están tocando una marimba. Hay varios hombres bailando, con evidentes signos de borrachera.






Observen a un hombre en el suelo, supongo que está ebrio. Es tan habitual que la gente ni lo atiende

Los hombres visten pantalones de color rojo con rayas blancas, y camisa a rayas azules y blancas, con un gran cuello muy colorido. Casi todos van con un sombrero de paja, rodeado de una cinta azul y llevan un zurrón, en tonos azules. No sólo es su atuendo de fiesta, es el habitual.



Para las mujeres, el traje típico consiste en vestir con blusas en tonos morados -llamadas «huipiles»- y falda en azul oscuro.



Los sombreros son idénticos para ambos sexos, ya que esta comunidad es una de las únicas en Guatemala donde la mujer usa sombrero.


Ya son más de las cuatro de la tarde; compramos unas rosquillas típicas y entramos en una especie de bar-restaurante para que nos preparen un café con leche bien caliente. Ésta será nuestra comida-merienda-cena. Estamos muy cansados y no tenemos ni hambre.


A las 17:30 ya está anocheciendo. Vamos hacia el alojamiento para abrigarnos más y se apaga la luz en todo el pueblo. No hay visos de que la vuelvan a dar y decidimos no salir. Según parece, cada día -a las seis de la tarde- apagan la luz para que no haya tanto gasto de electricidad en el pueblo.

Al día siguiente paseamos por el animado pueblito y llegamos hasta el "hipódromo", donde están preparadas las vallas para la "carrera" de mañana.




Entramos en la iglesia. Observo que es como la de la mayoría de los pueblos que hemos visitado: muy kitsch, con adornos poco corrientes en nuestra zona y las imágenes con rasgos indígenas, provistas de cabello natural.



El paseo por Todos Santos ofrece pintorescas imágenes


Parece que hacen intervenciones quirúrgicas sin pruebas preoperatorias…



Y miradas


Un familiar les estaba haciendo una foto y pedí permiso para hacerles una



Sobre el balcón del ayuntamiento, que está en la Plaza Mayor, se sitúan la «Reina de la Fiesta» y sus «Damas de Honor», acompañadas del alcalde. Además de recibir los aplausos del público, reciben a los jinetes que mañana participarán en la "carrera".



A las seis vuelven a apagar la luz y la encenderán a las nueve de la noche, para el baile. Cenamos en el Hotel Casa Familiar, subiendo la calle desde la plaza, a mano izquierda.

Hace muchísimo frío, hay niebla baja, llovizna, y la entrada al baile es excesivamente cara para donde estamos, así que nos vamos a dormir.

Día 1 de Noviembre. A las siete y media de la mañana somos de los primeros en ponernos detrás de las vallas para ver la loca "carrera". Ésta, que no es tal, consiste en galopar sobre el caballo una distancia, aproximada, de 200 metros arriba y abajo, a lo loco y con alguna copa de más. No hay ganadores, pero sí perdedores: el que cae del caballo y ya no puede volverlo a montar.



Algunos de los jinetes adornan sus sombreros con plumas y cintas de colores; también llevan una pañoleta en forma de capa.


Según la tradición, los jinetes tienen que participar en la carrera por cuatro años consecutivos. Ni más ni menos, o de los contrario trae mala suerte. En su último año, el jinete tiene que comer un pollo entero la noche antes de la carrera.

Años atrás, cuando el jinete llegaba a uno de los extremos, bebía una cerveza o un trago de aguardiente, pero eran tales las borracheras que prohibieron la bebida. Hoy, más de uno, lleva "escondida" una botella de aguardiente en el zurrón.


Ha habido varias caídas. Una de ellas cerca de mí: varios caballos pasan sobre el jinete hasta que pueden retirarlo. Me acerco a ver si puedo ayudar. El hombre está medio inconsciente, con una piedrecilla clavada en la sien y un buen corte en la parte posterior de la cabeza. Pido que me ayuden a ponerlo de costado, por si le viene un vómito y ruego que llamen a un médico, ya que no recupera la conciencia. Todos los que me rodean me miran con cara estupefacta: parece que de eso, no gastan (de médico).

Cuando el tipo está más despierto del golpe, que no de la embriaguez, insiste en ponerse de pie e intento que no lo haga. Consigo retenerlo sólo unos minutos. Se incorpora tambaleando, busca su montura y vuelve a galopar alocadamente, con sangre en la camisa, herida en la cabeza y piedrecilla en la sien.


Las carreras, en grupo de 4 a 8 jinetes, se suceden ininterrumpidamente durante toda la mañana, sin tregua para los jinetes ni para los caballos que llegan a los extremos con los orificios de la nariz dilatados y sudando.



Es la parte central de las fiestas de Todos Santos Cuchumatán. A ella acuden gentes de las aldeas cercanas, con sus vistosos trajes típicos y algunos, pocos, extranjeros.




Comemos en Casa Familiar y como la niebla está casi a ras del suelo y hace mucho frío, nos quedamos toda la tarde aquí hasta la cena.

Antes de las siete de la mañana, nos situamos en la calle principal. Hoy también es festivo y no hay transporte, así que hemos de conseguir si algún coche nos lleva hasta Huehuetenango. Se acerca una furgoneta que va hacia allá y nos montamos en ella, junto a un francés.

Una vez en Huehue, subimos en un bus dirección La Mesilla, frontera con México. En una de las paradas sube un hombre, bien vestido y empieza a "predicar la palabra de Dios". Habla fuertemente y, en la mano derecha, agita al aire una Biblia. Se me está haciendo largo y pesado lo que dice: se repite mucho y dice alguna incongruencia. Es usual, en Guatemala, que en los autobuses públicos suban predicadores.

Una vez en la frontera, hacemos los trámites en inmigración de salida de Guatemala. Un taxi nos lleva hasta la frontera con México, distante unos 5 Km.


Entramos en el Estado de Chiapas. En nuestro periplo por aquí intentaremos entrevistarnos con los zapatistas.


2 comentarios:

  1. Guatemala ya es un país de colores pero en fiestas aún más. Nadie quiere perderse las carrera, todos observando al detalles. Y un olé por esos jinetes que la hacen 4 años seguidos, todo sea para que la mala suerte no se apodere de ellos.
    Un abrazo Mercè

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    Respuestas
    1. Todos Santos queda a desmano de las rutas habituales por Guatemala, pero si alguien ha de viajar en esas fechas recomiendo acercarse a vivirlo. ¡Es impresionante!
      Una forta abraçada Cris!

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