13 feb. 2009

Río Dulce - Livingston


Un tipo que estaba anteayer por el hotel en Flores, nos vendió los billetes de bus para ir hoy a Río Dulce; habló con un taxista -que también merodeaba por aquí- para que nos llevara hasta el bus. Esta vez queremos viajar cómodos, pagamos algo más, pero iremos en pullman.

A las cinco de la mañana estamos en pie. El taxista nos recoge a las 5:30h, pues el bus sale a las 6:00h.

Llegamos a la estación y el taxista para junto a un destartaladísimo autobús, que no es precisamente un pullman, y dice que es el nuestro. Nos negamos en rotundo a subir a él. Estamos muy enfadados y le decimos al taxista que nos lleve de regreso al hotel.

A estas horas la puerta todavía está cerrada y llamamos con insistencia para que abran. Explicamos lo ocurrido y el del hotel no sabe quién es el hombre que nos vendió los billetes y parece que el taxista tampoco lo conoce. Pido hablar con la dueña del hotel y me dicen que no estará aquí hasta las nueve. Nuestra cara es de pocos amigos.

Nos invitan a pasar al interior, pero preferimos quedarnos en la calle. Entonces me doy cuenta de que el taxista está hablando por el móvil; pongo atención y parece que está hablando con el de los billetes. A los veinte minutos aparece el tipejo. El muy sinvergüenza dice que nos había dicho cómo era el autobús, y nosotros insistiendo que había ofrecido un viaje cómodo en el pullman de una foto que nos mostró. Total, hemos conseguido que nos devuelva el dinero.

Volvemos a la estación de autobuses. Sale uno a las 10:00h (con la compañía Línea Dorada) y más barato que el anterior.


En cuatro horas llegamos a Río Dulce. Al bajar del autobús nos rodean un montón de personas ofreciéndonos alojamiento, lanchas…, etc.

Cerca de la parada, bajando por una calle, está el embarcadero donde subimos a una lancha que nos llevará hasta Livingston, situada en la costa caribeña y a la que sólo se puede acceder en barco, donde descansaremos un par de días. El viaje ha durado más de tres horas.

Al empezar la navegación pasamos frente al Castillo de San Felipe -en la desembocadura del lago Izabal-, un fortín español -construido en 1651- que tenía tres funciones: ser un fuerte militar, una prisión y además un centro aduanero, contando con múltiples bodegas que servían como centro de intercambio comercial entre Guatemala y España. Lo que más sobresale de su construcción es la Torre de Bustamante.


Originalmente, España encontró en Mesoamérica una gran cantidad de productos que deseaba comercializar y llevar a Europa. Su sistema fue llevar primero las mercancías directo a España y de ahí comercializarlo con el resto de Europa. Esto hizo que pronto surgieran redes de bucaneros y piratas que comenzaron a asaltar las embarcaciones españolas que salían de Río Dulce, la principal ruta de salida desde Guatemala.

Es de esta manera que el rey Felipe II de España ordenó la construcción de la fortaleza para contrarrestar el pillaje por los piratas, la cual estaría protegida por doce soldados y doce piezas de artillería. Sin embargo, piratas de Inglaterra, Holanda, Bélgica y Portugal ingresaron a Río Dulce y destruyen la torre en 1604. Luego el capitán Pedro de Bustamante ordenó su reconstrucción y la bautizó con su apellido.


El río Dulce conecta el lago de Izabal con el mar Caribe y ha sido expuesto a repetidos ataques de piratas en el siglo XVI, hasta el XVIII.

En el siglo XVIII otros puertos centroamericanos fueron más importantes y la caída de las exportaciones del añil, provocando que el Golfo Dulce perdiera importancia económica y el castillo fuera abandonado en 1817.


(Texto de la Wikipedia)

Volvemos a retomar el río Dulce y pasamos frente a un poblado de indígenas q'eqchí, que tiene un hermoso jardín de nenúfares frente a su costa.



Siguiendo la navegación hay un lugar turístico, Tiqwal Ha, situado junto a un manantial de agua caliente. En realidad es una cueva que desprende vapores sulfúricos, donde hay una piscina natural con el agua del manantial.

El trayecto por el caudaloso río Dulce, que desemboca en el Mar Caribe, es precioso: a ambos lados hay selva o altísimas paredes de piedra formando una garganta.


Llegamos a Livingston y el hotel donde queremos alojarnos está lleno los próximos días, así que vamos a otro sin grandes pretensiones, situado en el centro de la población.


Lo que caracteriza a esta ciudad es que conviven armoniosamente diferentes etnias: hindúes, llegados desde Belize; indígenas q’eqchí, descendientes de los mayas; y garífunas, procedentes de la isla Roatán (Honduras), que se situaron a mediados del siglo XVIII.


Livingston se llama así para recordar el nombre de Edward Livingston, legislador estadounidense que redactó el Código Civil de Luisiana, en 1825, y cuyas leyes -traducidas al español por José Francisco Barrundia quisieron adoptarse en Guatemala por el gobierno liberal del Estado de Guatemala, dirigido por el doctor Mariano Gálvez, aunque esto no prosperó por la revolución indígena-católica dirigida por Rafael Carrera y Turcios que derrocó a Gálvez en 1838.


Durante el gobierno conservador de Rafael Carrera y Turcios, la Compañía de Jesús regresó a Guatemala en 1850; se mantuvieron en el país poco más de veinte años, en un ambiente tranquilo y provechoso.

(Texto de la Wikipedia)

El ambiente nos recuerda a Puerto Viejo, en Costa Rica. Las mujeres garífunas, se ofrecen a hacerme trenzas adornadas con cuentas de colores.


Hace un día precioso que nos invita a caminar por la orilla del mar Caribe, dirección Siete Altares, donde no llegamos. Sabemos que es parecido a Semuc Champey y nos apetece más hablar con los locales, que encontramos en nuestro camino y disfrutar de las escenas de la visa cotidiana.





Después de tres horas de paseo, buscamos Casa Margoth, en Livingston, donde nos han dicho que es el mejor sitio para comer el típico plato garífuna: el Tapado, un caldo de pescado y marisco, con plátano verde, cocinado con leche de coco. ¡Está buenísimo!


Al atardecer el pueblo queda a oscuras y cenamos temprano a la luz de las velas. Mañana saldremos hacia Honduras.

Anotación:

Desde principios de 2014, los pasajeros extranjeros que llegan a Livingston deben presentar su pasaporte en las oficinas de la Dirección General de Migración, la cual está a dos cuadras cuesta arriba del muelle, a la izquierda.

Las personas están en total liberad de obviar esta formalidad, pero podrían incurrir en retrasos significativos e incluso multas cuando salen de Guatemala en cualquier otro punto fronterizo, puerto o aeropuerto.

2 comentarios:

  1. Moltes felicitats!
    I moltes gràcies per la informació. En menys d'un mes viatjarem cap a Guatemala per la nostra lluna de mel.

    Per cert, ja no seràs l'única Premianenca que ha estat a Guatemala!

    Visca Premià!

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  2. Oh! Jo que volia tenir la primícia! ;-)

    Sergi, benvingut al bloc i moltíssimes gràcies per comentar.
    Felicitats i bon viatge!

    I sí, visca Premià poble d'empenta!

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