11 feb. 2009

San Juan Chamula


Subimos a un bus público para ir hasta San Juan Chamula, a 10 Km. de San Cristóbal de las Casas, población conocida por conservar costumbres prehispánicas. Paseamos por sus calles y, en conjunto, no nos atrae.

En la Plaza Mayor queda aún algún puesto del mercado; la mañana está avanzada y ya están recogiendo.



En un extremo está su peculiar iglesia, dedicada a San Juan Bautista. Digo "peculiar" porque, según habíamos leído antes de salir de viaje, por dentro está decorada con motivos indígenas e imágenes católicas; no hay bancos para sentarse y el suelo está cubierto de agujas de pino, árbol muy apreciado por los habitantes de esta población. Hay velas encendidas -de diferentes tamaños y colores- por doquier, y las imágenes de los santos tienen colgados espejos, debido a la creencia de que sirven para reflejar la maldad.

No se celebran misas católicas y está prohibido hacer fotos: roban el alma de los indígenas -nos dicen. Hay dos guardianes que están pendientes del turista o extranjero que quiere sólo curiosear o hacer fotos. Se ha de pagar entrada; mi compañero no está conforme y cree que no vale la pena entrar y no la visitamos.

¡Cuántas veces me he arrepentido, al leer crónicas de amigos viajeros, de no haber entrado!


Desde el porche de la iglesia vemos, justo en el lado opuesto de la plaza, a un grupo de hombres. Nos acercamos hasta ellos. Los que están situados en la parte alta de una pequeña escalinata van vestidos a la manera tradicional: sobre la camisa blanca llevan una zamarra de lana gruesa de borrego; unos, blanca y otros, negra. Todos van con sombrero de palma y, algunos, sujetan en la mano el bastón de mando de madera. Son los gobernadores de la ciudad. Es una asamblea. Están hablando en tzotzil, perteneciente a la familia de las lenguas mayas.


Frente a ellos, un nutrido grupo de hombres -el pueblo- escuchan y algunas veces manifiestan su disconformidad ante lo que les dicen sus dirigentes.

Detrás de los hombres, mujeres con sus niños atienden las explicaciones y por sus expresiones, tampoco están de acuerdo en lo que se dice. Ellas también van vestidas tradicionalmente: utilizan un blusón llamado huipil, bordado en muchos colores y las faldas son como las zamarras de los hombres, de color negro, y la mayoría van descalzas.

Al finalizar la asamblea, cuando ya estaban desalojando el lugar, mi compañero ha querido hacerles una foto, ya que durante la reunión nos lo han impedido y, furiosos, han vociferado insultos que no puedo reproducir.

Son casi las dos de la tarde y subimos a un bus para volver a San Cristóbal. Pasamos la tarde en el alojamiento.
Estamos esperando el resultado de las elecciones en EEUU. Ya es la una de la madrugada: ha ganado Obama.

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