11 feb. 2009

Visita a un campamento zapatista


A las nueve de la mañana, salimos del alojamiento dirección a Oventik -territorio autónomo zapatista-, situado a unos 40 Km. de San Cristóbal de las Casas.

Unos metros antes de llegar a la comunidad, un cartel reza: «Está usted en territorio zapatista, donde el pueblo manda y el gobierno obedece».


Cruzamos la valla que rodea al campamento y un hombre, que custodia la entrada -cubierto con pasamontañas-, nos pregunta a qué venimos. Le decimos que queremos hablar con alguno de los responsables del campamento y nos acompaña hasta un pequeño habitáculo, con un rótulo sobre la puerta, Oficina de Comisión de Vigilancia, donde dos hombres -también cubiertos con pasamontañas- están sentados tras una simple mesa de madera. Nos piden los datos personales, los anotan en una libreta y volvemos a explicar el motivo de nuestra visita.


El campamento está dividido en dos por una calle ancha y a ambos lados hay viviendas de madera casi todas pintadas con murales donde puede verse a Emiliano Zapata y al Ché Guevara.




Los de la Oficina de Comisión de Vigilancia nos dirigen al edificio de la Casa de la Junta del Buen Gobierno, que es el órgano de gobierno autónomo regional. Esperamos un rato frente a la puerta hasta que nos hacen pasar.


Nos reciben un hombre y una mujer, también con la cara cubierta. Están sentados tras una mesa. Al otro lado, en un banco de madera, nosotros dos.

Mis ojos se pasean por la estancia: en las paredes hay diversos carteles reivindicativos de marchas o manifestaciones de años anteriores, tanto locales como de otros países. Preside la sala un gran cuadro de Emiliano Zapata. Intento componer la situación mentalmente. ¡Estoy frente a dos dirigentes zapatistas!


Antes de que empecemos a preguntar, quieren saber el motivo que nos ha traído hasta aquí. Cuando saben que sólo tenemos curiosidad por conocer el proyecto zapatista, la finalidad de su "lucha", cómo educan a los niños, la salud, la igualdad de género…, atienden a nuestras preguntas.

Nuestra organización no sólo es la respuesta al mal gobierno mexicano, sino también al modelo neoliberal y a la política imperialista que se aplica a nuestro pueblo -dice el hombre. Señala, también, que la situación en Latinoamérica es similar, producto de las imposiciones que hace Estados Unidos y otros países.

En el campamento, denominado "Resistencia y rebeldía por la humanidad", todos trabajan (a mi entender sin igualdad de género): las mujeres en limpieza y artesanía y los hombres en la construcción de viviendas, comercios o escuelas.

Aquí los alumnos estudian hasta secundaria. Los profesores, además de las materias comunes de los otros colegios, les inculcan los valores zapatistas.


Una clínica y una ambulancia, cubren las necesidades de los seis campamentos que hay cercanos.

Estamos casi una hora hablando con ellos. Comentamos la posibilidad de pasar un par de meses en el campamento, en un futuro, cada uno aportando su granito de arena: en el colegio y en el hospital, y nos invitan a ello.

Nos autorizan a pasear por el campamento y a hacer fotos, pero no a las personas con la cara descubierta.



El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) nació en el Estado mexicano de Chiapas, bajo el liderazgo de Emiliano Zapata que creó el Ejército Libertador del Sur, en la Revolución de 1910, y está compuesto en su mayoría por población indígena, en defensa de reivindicaciones sociales y de una mayor justicia para las clases más desfavorecidas.

Están emparentados con la izquierda revolucionaria, pero sin ser marxistas, en contra del neoliberalismo, por medio de una lucha nacional, que no pretende llegar al poder, sino forjar un camino, que no se debe detener con la consecución del mando, que no es un fin en sí mismo.


Resurgió como movimiento armado, el 1 de enero de 1994, bajo el mando del subcomandante Marcos, admirador del Che Guevara, quien cubre su rostro para no ser identificado, expresando sus reclamos en las denominadas Declaraciones de la Selva Lacandona. En esa fecha bajo el lema: “democracia, libertad y justicia”, se apoderaron de seis municipios en Chiapas.

En la Primera Declaración de la Selva Lacandona, lugar donde se encuentra la base del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ubicado en las montañas del sudeste mexicano, donde viven en la clandestinidad, propiciaron el derrocamiento del presidente Carlos Salinas a quien acusaron de llegar al poder mediante fraude electoral.

Desde Oventik, nos dirigimos a la población de San Andrés. Aquí se firmaron, el 16 de febrero de 1996 después de más de diez meses de difíciles negociaciones, los Acuerdos sobre Derechos y Cultura Indígena entre el gobierno de México y el EZLN, por el cual las autoridades mexicanas, tomaban el compromiso de reconocer derechos y autonomía a los Pueblos Indígenas de México, a través de una reforma constitucional.




Aquellos acuerdos supusieron un hito histórico en la lucha de los pueblos indígenas, no sólo de Chiapas sino de todo México, ya que suponían el reconocimiento de éstos como sujetos políticos con derechos propios. Sin embargo, el Gobierno mexicano nunca cumplió dichos Acuerdos.

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