12 feb. 2009

Yaxchilán


A las siete de la mañana, Ismael nos lleva en su coche hasta Frontera Corozal. Buscamos dónde comprar los billetes para embarcarnos en una lancha, que nos ha de llevar por el río Usumacinta, hasta las ruinas de Yaxchilán.


Como después de visitar las ruinas nos iremos a territorio guatemalteco, al otro lado del río, hacemos ya los trámites de salida de México. El puesto de inmigración aún no está abierto y esperamos frente a la puerta, con el conductor de la lancha. Pasa un joven en moto y hablan en su idioma. Nos pide los pasaportes y, a los diez minutos vuelve con los pasaportes sellados. No preguntamos nada.

El viaje por el río dura 45 minutos y nos deja cerca de la entrada de las ruinas. El barquero nos espera para el viaje de vuelta.


Después de pagar la correspondiente entrada accedemos al Lugar de Piedras Verdes, así es como se le conoce a este recinto en idioma maya.

Yaxchilán es un ejemplo del apogeo de las ciudades-estado mayas durante el período Clásico Tardío.

La importancia de Yaxchilán no radica solamente en la belleza de arquitectura, sino también en sus 124 textos distribuidos en 30 estelas, 21 altares, 59 dinteles y siete inscripciones diversas, elaboradas en este periodo. Los textos narran el establecimiento de alianzas o conflictos bélicos, pero principalmente, estos monumentos contienen textos jeroglíficos y representaciones de los protagonistas de los diversos eventos, principalmente de los gobernantes, entre los que destacan Escudo Jaguar I (681 a 742 d. C.). Pájaro Jaguar IV (752 a 768 d. C.) y Escudo Jaguar II (771 a 800 d. C.).


Su nombre actual fue impuesto en la época moderna. Investigaciones recientes apuntan a que antiguamente fue llamada Pa' Chan.

Yaxchilán fue una ciudad importante durante el periodo clásico maya y fue la potencia dominante de la cuenca del Usumacinta. Dominó otras ciudades más pequeñas como «Bonampak», estuvo mucho tiempo aliada a «Piedras Negras», y durante un tiempo a «Tikal»; fue rival de «Palenque», con la que Yaxchilán sostuvo una guerra en 654.


Desde 1990 el proyecto «La pintura mural prehispánica en México» del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, se dedica al registro y estudio de los murales precolombinos, como los de Yaxchilán.

Al igual que en otros sitios mayas del Período Clásico, Yaxchilán tuvo entre sus manifestaciones plásticas a la pintura mural, sólo que en el caso de este sitio, como en el de muchos otros, ésta no llegó en buenas condiciones hasta nuestros días por diferentes factores, sobre todo de tipo natural.

Para la edificación del complejo, los mayas aprovecharon las características del terreno de una península rodeada por un meandro del río Usumacinta, motivo por el que Yaxchilán siempre ha sido de difícil acceso. Hasta una época reciente no existían carreteras en un radio de 150 kilómetros. Los únicos accesos eran a mediante un largo viaje en bote o avioneta. Desde la construcción de una carretera limítrofe con Guatemala por el gobierno mexicano en los década de 1990, se ha hecho más accesible a la visita de turistas.

(Texto recopilado de varias fuentes)

Estamos los dos solos; todavía no han llegado los grupos de turistas de cada día. Es el lugar más bello que he visto hasta ahora. Lo que queda de los edificios está muy bien conservado y todo ello rodeado de cuidados árboles y césped.

Esta ciudad se convirtió en una poderosa urbe con más de 120 edificaciones en su área central, distribuidas en tres grandes conjuntos: la Gran Plaza, situada en la parte baja, con 750 m. de largo y 80 m. de ancho, la Gran Acrópolis y la Pequeña Acrópolis. Los tres conjuntos se articulan hábilmente por medio de escalinatas, rampas y terrazas.


Primero visitamos el Edificio 19, conocido también como El Laberinto -llamado así a causa de la compleja distribución de sus habitáculos. La parte trasera de esta construcción, sirve como entrada a todo el complejo prehispánico. Cuenta con una fachada, de dos niveles, que delimita a la Gran Plaza. Dos estrechísimas escalinatas llevan a varias galerías subterráneas, que derivan en pequeñas e irregulares habitaciones con trazos de pinturas en las paredes.



En el enorme recinto de la Gran Plaza se localizan pequeños conjuntos de edificios y la cancha del Juego de pelota.




En varias de las construcciones se encuentran todavía los dinteles que narran la historia dinástica de la ciudad. Sobresalen los Edificios 12 y 22.



La gran Estela 1 se yergue sobre la plaza, donde se representa a Pájaro Jaguar IV.


Una inmensa escalinata comunica la plaza con la Gran Acrópolis, esta última adornada por el Edificio 33, el más soberbio de la ciudad. En la escalera hay jeroglíficos con escenas de Pájaro Jaguar IV jugando la pelota.


En los dinteles se asienta la escultura decapitada de Pájaro Jaguar IV. Una leyenda lacandona advierte que, cuando la cabeza de Pájaro Jaguar vuelva a su sitio, el mundo será devastado por los jaguares celestes.




En otro espacio de la zona arqueológica se ubica la Pequeña Acrópolis hacia el oeste del complejo, conformada por recintos habitacionales, lugar donde residían los gobernantes y algunos miembros de la elite de Yaxchilán.




Se ven, en algún dintel de puertas o ventanas, relieves modelados en estuco y jeroglíficos. Y varias estelas en muy buen estado de conservación.


Aquí, las piedras explican su Historia…

Son las 11:30 h. y empiezan a llegar grupos de turistas. Ya hemos visto todo, así que es el momento de volver a embarcarnos dirección Guatemala.

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