13 abr. 2009

Catarina y la Laguna de Apoyo


En Diriomo subimos a un destartalado autobús, que nos lleva hasta Catarina; son las fiestas patronales y queremos disfrutar de ellas.


En la oficina de información turística ya no tienen folletos del programa y le preguntamos, a la señorita que nos atiende, en qué consiste exactamente la fiesta. Nos habla de procesión con la imagen de Santa Catarina, músicos, fieles… y que sueltan a unos toros, como en el encierro de Pamplona (sic). Nos quedamos sorprendidos ante el posible espectáculo que veremos.

Mientras esperamos a que empiece la procesión, nos acercamos hasta el Mirador de la Laguna de Apoyo. Pagamos la correspondiente entrada para acceder al recinto donde, además de algunas tiendas, está el mirador.


En el centro de la larga cadena volcánica que atraviesa el país de norte a sur, se encuentra un amplio y extinto cráter, ocupado en el centro por una de las más bellas lagunas de Nicaragua: la Laguna de Apoyo, formada hace más de 20000 años. El cráter tiene unos 6 kilómetros de diámetro, con laderas empinadas llenas de árboles y variada vegetación.

Desde el mirador, en días claros, se puede ver Granada, el lago Nicaragua y la silueta de la Isla Ometepe, y el volcán Mombacho. En el año 1991 el sitio fue declarado como Reserva Natural Laguna de Apoyo.


Por ser una laguna de origen volcánico, al llegar el agua a su nivel máximo los gases -que el volcán aún expulsa- generan fuentes de aguas termales naturales. Esto ha dado lugar a una acumulación por encima de lo permitido de arsénico para el consumo humano, pero que le da excelentes cualidades para el baño debido a su temperatura (de entre 27ºC a 30ºC) y su cristalinidad.

Regresamos a Catarina. Al llegar vemos que no hay casi nadie en el cruce de carreteras, quizás la procesión sale desde el pueblo en contra de lo que nos han dicho hace unas horas.



Caminamos el par de kilómetros que debe haber hasta la iglesia. Unos jóvenes están acabando de arreglar, con telas y flores, el trono donde irá colocada la imagen de santa Catarina. Les preguntamos si sale de allí y nos remiten otra vez abajo, al cruce de carreteras.

El pueblo no parece que esté en fiestas y menos aún que, en unos minutos, salga la procesión, con los toros. No se ve casi gente por la calle.


En el cruce se están agrupando unas pocas personas. No acaban de decirnos dónde será el principio de la procesión. Se acercan un par de jinetes y les preguntamos y nos confirman que empieza arriba, en la iglesia. Era lo normal, pero…

Volvemos a subir, pero esta vez deprisa. Ya pasan 30 minutos de la hora prevista. Hay muy poca gente en la plaza de la iglesia. La rodeamos y oímos música de trompetas y tambores. Vamos hacia allí.

Unos jóvenes llevan a la santa sobre una peana de madera, decorada a la usanza de estos lares.



No sé de dónde ha salido la gente pero, en un momento, han aparecido muchas personas y varios jinetes sobre sus monturas, algunas de ellas adornadas con coronas de flores. Todos jalean a la santa y a los portadores.



Nos sumamos a la procesión. Recorremos varias calles, alguna muy empinada donde los cargadores tienen trabajo para no perder el equilibrio, hasta que llegamos al "famoso" cruce. Hay una gran rotonda y aquí, en medio de piedras y tierra, hacemos un descanso.


Aparecen unos jinetes y dos bueyes (son los "toros"), y les ponen un gran collar de flores y hojas verdes.



Cada buey está sujeto por las astas con una larga cuerda, con la que dos jinetes gobiernan al animal. Éste no se deja, y se resiste a dar un paso. No hay más bueyes, sólo un becerrito sin atar, con su molesta corona de flores, que corretea por el lugar.



Se retoma la procesión. Volvemos a subir al pueblo y, de nuevo, hacemos un recorrido por sus calles: los bueyes van delante, la santa detrás y, en medio, los acompañantes. Éste es el "encierro como el de Pamplona".


Finalmente llegamos a la "plaza de toros": un cercado con palos, trozos de sacos, y tela metálica como la de los gallineros. Cobran entrada para ver el espectáculo de los mozos que, a la grupa de los bueyes, procurarán no caerse.



Son más de las tres de la tarde y empieza a lloviznar, así que decidimos no asistir y regresamos a Granada después de comer.

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