23 may. 2009

Navegando por el río Ucayali. Cuatro días, tres noches


Lo hemos decidido en el desayuno: iremos en uno de los "camarotes" del Pedro Martín II, que zarpa hoy a las 14:00h. Dormir en una hamaca no nos acaba de convencer y, menos aún, los baños que son comunitarios.

A las siete de la mañana llegamos al embarcadero para reservar y elegir un camarote, el que esté más cerca del "baño" privado, para los que tenemos camarote. Elegimos el segundo piso porque hay menos zona de hamacas y será, pensamos, más tranquilo.


En una tienda, en el puerto, compramos dos recipientes con tapa, vasos y cubiertos, todo de plástico, para el "rancho", y algo de comida por si la del barco no es suficiente.

A las 10:30 h. embarcamos. En el primer piso ya hay mucha gente instalada en su hamaca. Un grupito de niños corretean entre ellas, y varias gallinas miran asustadas.


Sobre el techo de nuestro camarote caen directamente los rayos del sol, así que no podemos quedarnos ni un minuto en el interior; el tiempo de dejar la mochila y la puerta abierta para que se "ventile".


Abrimos el grifo de la ducha y, definitivamente, no la utilizaremos; el agua es marrón como la del río.

Desde el puente vemos como una decena de hombres, incansables y sudorosos, cargan el barco: enormes manojos de plátanos; cajas de cerveza, agua y refrescos; neumáticos de coche, de motocicleta y camión; grandes y pesadas cajas; diferentes bultos de los más variados tamaños; bidones grandes; moto-taxis…etc.



Son las 14:00, hora prevista de salida y siguen descargando camiones y colocando la carga en la bodega del barco, y subiendo más y más pasajeros: unos, con gallinas; otros, con jaulas con conejos, y los más con niños y algún cochinillo.


No abren la cocina para almorzar y comemos algo de lo que hemos comprado.

Está nublado, pero hace muchísimo calor. Seguimos paseando y observando desde cubierta el trajín del embarcadero hasta que a las 15:30 suena la sirena, sueltan amarras y el barco empieza a moverse.


Empezamos a bogar por el río Ucayali, uno de los principales ríos del Perú. Nace en el departamento de Ucayali, en la confluencia del río Tambo (159 km) y del río Urubamba (862 km).

El río Ucayali discurre por la vertiente oriental de los Andes peruanos, en la parte central del país; y el río Urubamba en la vertiente oriental andina, donde baña los pies del Machu Picchu.

Fluye en suave pendiente hacia el norte del país hasta juntarse con el río Marañón, que nace en el glaciar del Nevado de Yapura (Andes peruanos). Después de recorrer 1600 kilómetros, se junta con el río Ucayali dando origen al río Amazonas.


Por delante tenemos cuatro días con sus noches, en el Pedro Martín II, hasta llegar a Iquitos.


La navegación durante la pasada noche ha sido tranquila. Sin incidentes. Hemos dormido bien hasta las 5:30h. A esta hora la gente empieza a moverse, principalmente para ir al baño y asearse. Nosotros, por tener camarote, disponemos de la llave para acceder al baño privado que tenemos colindante y del que sale agua turbia que encharca el suelo cada vez que utilizamos el WC.

El desayuno que dan en el barco es leche, algo espesa, quizás mezclada con harina, y un trozo de pan. Desistimos de hacer cola para desayunar y nos vamos a la cantina que hay en el segundo piso. En un rincón -entre la gente que va y viene, las hamacas, los bultos, algunas gallinas sueltas y la música a todo volumen que el camarero tiene puesta- nos sentamos en una de las tres mesitas de madera que hay dispuestas para quienes pagan el desayuno.


Poco hay que hacer en el barco salvo pasear por la cubierta y contemplar la selva amazónica que nos envuelve.


Somos los únicos extranjeros y no tardamos en ser vistos por un pasajero: un indígena shipibo. Muy educadamente explica que está por la zona explicando cuentos y leyendas de su tribu en escuelas, plazas u otros lugares. Ha escrito un pequeño libro, que él mismo ha financiado, pues no ha encontrado a nadie de la Administración que quisiera hacerse cargo con los costes y, con subterfugios, busca nuestra ayuda económica. Miro el librito en cuestión. Es muy sencillo y está muy mal redactado. Se le tendría que dar un buen cambio. No queremos comprometernos a tanto y nos limitamos a comprarle un ejemplar.


Al cabo de dos horas de navegación, el barco hace su primera parada en una pequeña población. Mientras embarcan y desembarcan, tanto pasajeros como mercancía, suben mujeres y niñas con cestas de frutas y comida preparada, para vender entre el pasaje. Estamos entretenidos con lo que vemos.





Hacia las nueve de la mañana, notamos que el barco reduce velocidad: se están acercando dos lanchas de la marina peruana. Varios militares suben a bordo y durante una hora, revisan la carga (controlan tráfico de drogas) y comprueban la documentación de alguno de los pasajeros. Y se van, sin más.


La actividad en el barco es frenética; la lancha lanzadera no para, ya sea para acercarse a la orilla y traer personas y bultos o para desembarcarlos.

En cierto momento el barco se acerca a la orilla y es todo un espectáculo: mayores y niños, sobre un terraplén, contemplan como los mozos descargan bloques de hielo que dejan en la orilla.


Barras de hielo para los poblados que no tienen electricidad y utilizan para conservar la comida, tanto en las casas como en los grandes contenedores donde guardan el pescado que, cuando están llenos, es una de las cargas que lleva alguno de los grandes barcos que aquí atracan, como el nuestro. El hielo lo conservan cubierto de serrín, envuelto en plástico y dentro de grandes cajas de madera.


A las 11:30 h. empiezan a servir la comida de rancho. Es algo que no consigo definir y resolvemos comer pagando.


La visión que tenemos de la selva amazónica es increíble y más aún con la apacible navegación que tenemos. De vez en cuando se ven casitas aisladas inmersas en el espesor de la selva y alguna persona que se asoma desde lo alto de un terraplén. El barco es todo un espectáculo para los moradores de la zona.


Está haciendo mucho calor y humedad; decidimos pasar las horas de fuerte sol en el camarote, con la puerta abierta. El barco es de chapa y el camarote está tan ardiente, que consigue calentar hasta las colchonetas donde nos recostamos.

No tarda en caer, durante media hora, una tormenta tropical que anega la cubierta y tienen que achicar el agua. Y vuelve a salir el sol.


Las últimas horas de la tarde discurren plácidamente hasta las 18:00h, que la gente empieza a moverse para cenar. El calor puede con nuestro apetito y comemos unas galletas con un refresco (no tan fresco) del bar y nos acostamos pronto.


Esta noche no ha sido nada tranquila. Hemos ido pasando por diferentes poblados, para cargar y descargar, tanto pasajeros como mercancías. La lancha lanzadera que, en la oscuridad ha estado funcionando toda la noche, esta vez no ha sido para labores propias de carga y descarga, sino que ha estado haciendo de guía y tomando medidas de profundidad para evitar que el barco embarranque.

Llegamos a un poblado, ¡con embarcadero!, y aparecen en la primera cubierta, unos 8-10 jóvenes -los mozos del barco- con la carga preparada para desembarcar y, de tierra, suben otros tantos para ayudarles. Así que, durante un rato, hay un hormigueo de gente que se mueve entre el barco y el embarcadero. A este espectáculo, se le suman las vendedoras, que suben al barco y los niños que corretean por la orilla, ante la expectación de los mayores.




Debido a las últimas lluvias y la gran crecida del río, en muchos sitios se ha descalzado el terreno. Hacemos otra parada. Esta vez es para cargar grandes contenedores con pescado, pero se ha de salvar un desnivel muy prenunciado.

Con gruesas cuerdas y tablones, bajo los contenedores, intentan desplazarlos hasta el barco. El peso es excesivo y los jóvenes no tienen la suficiente fuerza, se ladea la carga y va a parar a la orilla.



No sé de dónde sacan la fuerza. Vuelven a levantar el contenedor estirándolo con cuerdas e impulsando con los brazos, lo enderezan y siguen con el intento de cargarlo al barco, hasta que lo consiguen.


Mientras, por un lado, la barca lanzadera va transportando a mercancías y personas que viven en poblados aislados o cabañas a lo largo de la selva; por el otro, vemos cómo desembarcan una enorme rueda de tractor y cómo ésta desaparece de nuestra vista, río arriba, encima de una frágil canoa.



El resto de la jornada es igual a las anteriores.

A las seis, de la mañana, cruzamos otra tormenta y el paisaje se torna fantasmagórico, con niebla y lluvia.

Llevamos tres días y medio de navegación. A las 10:30 h. hay un gran movimiento en las dos cubiertas. Es el momento culminante del viaje: el río Marañón vierte sus aguas sobre el río Ucayali, para formar el Amazonas, por donde seguiremos navegando hasta Iquitos.


Surcando el Amazonas. En frente, a la izquierda, el río Ucayali; a la derecha, el Marañón

A primera hora de la tarde, estando en el camarote, oímos desde un megáfono:

- Señor capitán del Pedro Martín, aquí el sargento de la Policía Militar, reduzca velocidad. Vamos a subir a la nave para una inspección de control.

Salimos rápidamente y vemos, a babor y a estribor, dos lanchas -pintadas de camuflaje con el techo cubierto de hojas secas- llenas de militares con ametralladoras, que se disponen a abordarnos. Otras dos, se colocan en la popa.


¡Menudo revuelo! Varios militares toman posiciones en la proa y popa, de los dos pisos. Otros, se dedican a pedir documentaciones y revisar equipajes. Mientras, observo que, desde las lanchas, están siguiendo todos los movimientos con prismáticos.

Llegan dos militares donde nos encontramos, mi compañero y yo. Enseñamos los pasaportes y, amablemente, piden revisar el equipaje que ya tenemos hecho, pues está previsto llegar en una hora a Iquitos.

Como el barco ha reducido considerablemente la velocidad, no corre ni la más leve brisa. El mini-camarote -con un policía, mi compañero y yo abriendo mochilas y sacando cosas- se torna un horno y empiezo a sudar exageradamente. Dejo a mi compañero con el militar y salgo a cubierta, donde está el otro militar custodiando la entrada al camarote.

Después de una hora, más o menos del abordaje, se oye desde proa:

- ¡Grupo de inspección, acudan a sus lanchas!

A los 10 minutos:

- ¡Grupo de escoltas, acudan a sus lanchas!

Y así es cómo se vuelven por dónde han venido.


14 comentarios:

  1. Hola! Temos de confessar que a invejamos pois temos o sonho de descer o Amazonas. Adoramos o relato e aguardamos pelas cronicas de Arequipa.
    Saludos de Portugal

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  2. Hola Mercè,

    Bonito trayecto en barco y bastante auténtico conviviendo en el barco con la gente local!

    Esta zona del Amazonas en Perú no pude visitarla por falta de tiempo!

    Un abrazo

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  3. Eres una excelente narradora y guía Mercè.. he tenido la sensación de estar a tu lado a cada momento.. A la espera de más..

    mille bisous, ma chérie

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  4. Mercè te había perdido!!!, no ingresó tu entrada...dije dónde andará???!!!
    Bello como describes, haces que uno se sienta que allí está entre los pobladores, casi percibiendo todo!!!
    Gracias por pasarte y recordame que no entiendo el por qué??? no apareció tu entrada...besitos!!!

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  5. Ufff!!! excelente el blog. La calidad del contenido y las fotos muy buenas. He llegado a tu blog de casualidad.
    Tengo también un blog de naturaleza y viajes:
    http://naturalezayviajes.blogspot.com

    Espero que lo visites y si te gusta, lo enlazas en tu apartado webs que hablan de viajes.

    Saludos y enhorabuena nuevamente

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  6. Hola Mercé!!
    como te prometí el sábado, aqui te dejo un comentario.
    Qué te puedo decir que no te haya dicho en persona sobre tu blog y tus viajes a los largo y ancho del mundo mundial? pués que me encanta leer tus diarios de viajes, y que es una forma de viajar mientras estoy sentada en la oficina, esperando que me llegue mi jubilación para poder hacer algo parecido, aunque a este paso me va a pillar mayor y tendré que viajar con el Imserso...
    besitos guapa!!
    Lourdes

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  7. Hola Merce! Gostamos muito do novo look do blog. Para além do mais está muito user friendly. Parabéns.
    Saludos de Lisboa

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  8. Vagamundos, muito obrigado!

    Me alegra que os guste el nuevo look del blog. Necesitaba hacer un cambio.

    Um abraço!!

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  9. Buen blog, es impresionante la calidad de la narración y excelentes fotgrafías.

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  10. Bon relat, Mercè!

    Mentre el llegia m'ha vingut al cap la pel•lícula "Fitzcarraldo", de Werner Herzog, que comença amb el Claus Kinsky remant pel riu, a bord d'una canoa, per anar fins a Iquitos a sentir cantar Caruso a l'Òpera de la ciutat, en l'època daurada del cautxú. Després se li acut traslladar un vaixell com el que anàveu d’un diu a un altre, a través d’una muntanya! Fascinant, la selva amazònica, sens dubte; tant per les peripècies humanes que hi han passat i que segur que encara hi passen, com per les fantàstiques criatures que hi viuen. I entre aquestes sempre m’ha cridat molt l’atenció el “perezoso”, un animal que em cau molt simpàtic i que sembla molt indefens.

    Una abraçada! Ens llegim.

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  11. Kerith, muchas gracias por tus palabras!

    Parece que no tengo acceso a tu blog, así que no puedo devolverte la visita. Lástima!

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  12. Joan, per a mí és un gran honor que llegeixis els nostres viatges. I més si dius "Bon relat", venint d'un Mestre de les paraules.

    Una forta abraçada!

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  13. Hola Mª Mercè! he trobat el teu blog a través del facebook i quina casualitat que estas al Perú. Jo hi vaig la setmana que ve i el meu xicot ja hi és des d'inicis de juny. Ell ha començat l'aventura a Iquitos i continuarem cap al sud, més o menys el que tu has fet: arequipa, colca, cuzco, machu pichu, titicaca i la paz (bolivia). Tenim un mes sencer així que farem el camí amb calma i moltes ganes de coneixement.
    Una salutació molt forta!
    Xantal

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  14. Hola Mª Merce! Me parece estupendo tu blog. Muy inspirador, acabo de empezar uno similar... Aprovecho y te pregunto lo mismo que en un foro de lonely planet, por si no lo lees:
    Estoy pensando también ir a Iquitos, pero no tengo muy claro si ir en barco. ¿Realmente recomendarías navegar el amazonas? Me imagino que dependerá de la persona, que tú estabas previamente interesada e hiciste el viaje a Perú con esa finalidad y que como experiencia habrá valido un montón, pero no se hasta que punto compensan las penurias e incomodidades. Si tienes tiempo, tu opinión será muy valorada. Si quieres, puedes responderme en mvillen@yahoo.com. Un saludo y a seguir viajando!

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