25 jun. 2009

Urubamba - Moray - Maras


A primera hora de la tarde un autobús nos lleva hasta Urubamba, ubicada en el corazón del Valle de Urubamba; está rodeada de campiñas y de los bellos paisajes de la Cordillera Vilcanota, destacando el Nevado Chicón.


La hermosa provincia de Urubamba se ubica al noroeste de la provincia del Cusco que colinda con las provincias de La Convención, Anta y Calca.

Está atravesada por el río Vilcanota, que al ingresar a esta zona toma el nombre de Urubamba. Los incas, grandes conocedores de la tierra, eligieron este fértil valle para establecer sus principales poblados; es por esto que la provincia de Urubamba está formada por los distritos donde se encuentran los principales monumentos arquitectónicos del incanato: Urubamba, Ollantaytambo, Chinchero, Huayllabamba, MachuPicchu, Maras y Yucay.

El valle de Urubamba es uno de los más productivos del país; aquí se cosecha el mejor maíz del mundo y, en temporada de lluvias, abundan las frutas propias del valle, como duraznos, capulí, membrillo, frutillas de primera calidad. Ya en tiempos del Imperio Inca era uno de los principales centros agrícolas.

Encontramos alojamiento en un pequeño hotel y recorremos la ciudad, visitando su mercado y la Plaza Mayor, donde nos refugiamos bajo unos soportales, pues ha empezado a llover con bastante intensidad.


Hace mucho calor, y con la lluvia sube la humedad. Faltan dos semanas para Navidad y en los altavoces de la plaza se oyen villancicos, que me producen una rara sensación; estoy acostumbrada a que hace frío cuando se cantan en mi país.

Una vez que para de llover buscamos un lugar para cenar. Encontramos una pequeña cafetería, limpia y muy bien cuidada, donde comemos unos bocadillos y probamos una riquísima mazamorra morada.

En la carretera, frente a una gasolinera, hay una parada de taxis. Buscamos uno que nos lleve a hacer la siguiente ruta: Moray, Maras y vuelta a Urubamba.

En Moray, hay un complejo arqueológico único en su género. Se trata de hoyos gigantescos, formados por anillos concéntricos y que, cada uno, eran andenes agrícolas con sus respectivos canales de irrigación, donde se conseguía un microclima específico y así podían cultivar diferentes vegetales.


Llama la atención que la temperatura media anual, entre la parte superior y la del fondo, llega a ser de 15° de diferencia.

El hoyo mayor tiene una profundidad de 45 metros y el promedio de altura de los andenes es de 1,80 metros, entre ellos. El fondo está sobre una formación rocosa natural muy porosa, lo que facilita la filtración del agua y, en época de lluvias, no queda encharcada.

Para los estudiosos de este lugar, Moray era posiblemente un centro de investigación agrícola incaico donde se llevaron a cabo experimentos de cultivos a diferentes alturas.

La disposición de sus andenes produce un gradiente de microclimas teniendo el centro, de los andenes circulares concéntricos, una temperatura más alta y reduciéndose gradualmente hacia el exterior a temperaturas más bajas, pudiendo de esta forma simular hasta 20 diferentes tipos de microclimas.


Debido a su posición abrigada, cada uno de estos andenes representa aproximadamente mil metros de altitud en condiciones normales de labranza. En su totalidad, el complejo contendría veinte o más zonas ecológicas a escala.

Estas estructuras son típicamente incas, aunque ciertos historiadores sugieren que algunas pueden ser anteriores.

(Texto: Wikipedia)

Rodeando Maras está la cadena de montañas nevadas del Valle Sagrado de los Incas.


Maras es un pequeño pueblo fundado por los españoles en 1556, y lo que nos ha traído hasta aquí son las famosas Salinas de Maras, que abastecen de sal a toda la región.

Nos dirigimos a 4 kilómetros al noreste de la población donde están las minas de sal, que ya eran explotadas desde el periodo incaico como medio de intercambio económico.

Bajando por un camino pedregoso vemos las salineras, ubicadas en la ladera del cerro.


Son más de cuatro mil pozas con un área promedio de unos 5 m² que, cuando el agua se evapora por acción del intenso sol, queda transformada en gruesos cristales de sal. Esta agua proviene de un riachuelo del interior de la montaña y se va distribuyendo a las pozas, esculpidas en forma de terrazas.




Un mes más tarde, cuando la sal alcanza unos 10 cm de altura, será retirada, embolsada en costales plásticos y enviada a los mercados de la región; hoy esa sal está siendo yodada para que no sea dañina a la hora de consumirla.


La vista del conjunto de pozas es espectacular. Los cosechadores tienen un pequeño puestecito de venta de sal y no dudo en comprar un saquito.

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