1 jul. 2009

Ollantaytambo, puerta de la Montaña Sagrada


En Urubamba subimos a un autobús para ir hasta Ollantaytambo (en quechua: Ollantay Tampu), conocida familiarmente como Ollanta. Está situada a 2792 metros sobre el nivel del mar y rodeada de altas montañas.


El bus nos deja en la Plaza de Armas, pequeña, ajardinada y con ambiente muy animado: niños correteando y hombres y mujeres, con trajes típicos de gran colorido, vendiendo productos de la región.




Los alojamientos que la rodean, están completos, así que subimos por la calle Ventiderio, dirección a las ruinas, y encontramos habitación en el Hospedaje Los Andenes. Después de dejar el equipaje vamos a la estación de tren a comprar los billetes para mañana por la tarde, hacia Aguascalientes.

Según Pedro Sarmiento de Gamboa, un cronista español del siglo XVI, el emperador inca Pachacútec conquistó y destruyó Ollantaytambo para luego incorporarlo en su imperio.

Bajo el gobierno de los incas, el pueblo fue reconstruido con espléndidos edificios y el valle del río Urubamba fue irrigado y provisto de andenes; el pueblo sirvió de albergue para la nobleza inca mientras que los andenes eran trabajados por yanaconas, sirvientes del emperador.

Durante la conquista, Ollantaytambo funcionó como capital temporal para Manco Inka Yupanki, líder de la resistencia inca contra los conquistadores españoles. Bajo su mandato, el pueblo y sus alrededores fueron severamente fortificados en dirección a la antigua capital inca de Cuzco, la cual había caído bajo dominio español.

Es la única ciudad, del incanato en Perú, que aún está habitada.

(Texto: Wikipedia)

Ollanta mantiene la planificación urbana incaica y está dividida en dos partes por el río Patakancha. Sus calles son estrechas y empedradas y cada manzana está compuesta por un conjunto de viviendas que comparten una misma puerta que da al patio central.


Una señora se asoma a la calle y le pedimos si nos deja ver el patio. No sólo accede, sino que nos invita a visitar su modesta casa.



Cuando la vista se nos acostumbra a la penumbra quedamos asombrados con lo que hay en este habitáculo. El suelo es de tierra y las paredes están levantadas con grandes piedras de origen incaico; toda la estancia y enseres están ennegrecidos, ya que, para cocinar, encienden una lumbre en el suelo donde, en este momento, hay una gran olla con algo en su interior borboteando.

Del techo cuelgan mazorcas de maíz amarillo y morado, y una bombilla de tenue luz hace esfuerzos para iluminar la estancia donde hace vida toda la familia.

En un rincón, en el suelo, una cincuentena de cuyes (animal parecido al conejillo de indias) están comiendo hierba y engordándose para comerlos, más adelante, asados.


Por doquier hay aperos de labranza y, en lo que parece el muro principal, hay una especie de altar con diferentes vasijas, muñecos, velas y cuencos; frente a unos jarrones con flores, hay varios cráneos de sus antepasados. Los tienen en señal de respeto, nos explica la amable señora.


Seguimos nuestro paseo por una ciudad, que fue construida estratégicamente para dominar el Valle Sagrado de los Incas, cuyas casas constituyen un verdadero legado histórico. Algunas de éstas, de estilo colonial, están construidas sobre gruesos muros de piedras incaicas pulidas con finura e individualmente, lo que hace que encajen perfectamente unas con otras.

Desde cualquier punto de la ciudad se ven los restos arqueológicos que hay en el pequeño cerro que rodea la ciudad. Iremos mañana por la mañana a visitarlos, pues ya está oscureciendo.


Algo debí comer ayer, que ha hecho que pasara la noche en el lavabo. Las piernas me flaquean y me siento muy mareada. ¿A ver si no podré subir mañana al Machu Picchu?

Teníamos que dejar la habitación a las nueve de la mañana, ya que esta tarde vamos hacia Aguascalientes, pero no puedo dar ni un paso. Mi compañero se lo explica a la dueña y accede a que me quede en la cama hasta el mediodía.

Mientras estoy en cama, mi compañero aprovecha para visitar las ruinas y los andenes de cultivo, de las que sólo puedo mostrar un par de fotos que no he hecho.



Paso la mañana bebiendo agua con sal y azúcar, para recuperar todo el líquido que he perdido esta noche y tomo unos comprimidos contra la gastroenteritis.

Es mediodía, ahora sí que hemos de dejar el alojamiento. Me siento algo débil, pero no he ido al WC en toda la mañana.
En un comercio cercano, compramos comida y agua para llevar a la excursión de mañana, ya que en Aguascalientes es todo mucho más caro.

Nos sentamos en un restaurante de la Plaza de Armas y me preparan una sopa de arroz hervido.


Se pone a llover con intensidad. Las montañas quedan cubiertas de una espesa niebla. Como no amaine, mañana no vamos a disfrutar en la Montaña Sagrada.

A las cinco de la tarde sale nuestro tren hacia Aguascalientes, población carente de interés para nosotros, pero es desde donde salen los autobuses que llevan al Machu Picchu.

El trayecto en tren, de una hora y media, ha sido por entre altas montañas y sin perder de vista el río Urubamba, "padre" del río Ucayali que navegamos desde Pucallpa hasta Iquitos, hace unas semanas.

4 comentarios:

  1. Hola amiga Merce. Sempre com relatos encantadores. Adoramos viajar pelas tuas palavras. Machu Picchu nos encanta!
    Besos

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  2. Hola!!!!

    Te descubrí en el concurso, me gusta tu estilo, me podrías dar algún consejo para mi humilde blog…..Es el sueño de mi vida poder estar en el MACH uPICHU…..

    Te deje 5 estrellitas y mis buenos deseos.

    Un besote y abrazo de oso.

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  3. Hola Mercè!

    Jo també vaig fer el recorregut dese Ayanta a A.C.i Macchu Picchu per finalitzar a Cuzco i Lima. Tenim el mateix esperit viatger!
    Sort que et vas recuperar finalment. Un petonàs!

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