3 jul. 2009

P’isaq - Cusco


Por la mañana muy temprano subimos a un bus en Ollantaytambo, que nos ha llevado a Urubamba y de allí otro hasta P’isaq (Písac). En la misma Plaza de Armas, o de la Constitución, encontramos alojamiento en el hostal Samana Wasi, muy básico.


Písac está divido en dos zonas: la antigua, ubicada en la parte alta, es un sitio arqueológico incaico, y la actual, ubicada en el valle, que data de la época colonial.


Foto de Megan Ryan - Fuente: Anderstons in The Andes

Paseamos un poco por este pueblo, cuya arquitectura es mestiza, construida sobre restos indígenas por el virrey Toledo.



Todavía queda algún puesto del mercado artesanal, situado en esta plaza bajo árboles centenarios, donde se ofrecen variadas muestras de artesanía; la más importante es la textil y la cerámica, donde son curiosos los juegos de ajedrez en los que unas piezas representan a los conquistadores españoles y las otras, a los guerreros incas.


Lástima que no hayamos venido en domingo, día que se celebra la misa en quechua y que asisten los alcaldes indígenas de la zona, con sus trajes tradicionales.

No visitaremos el Parque Arqueológico, donde los estudios indican que fue hacienda real del inca Pachacuteq. Sinceramente, estamos un poco cansados de tanta piedra (hace ya dos meses que vemos monumentos), y queremos conservar en nuestra retina el espectacular Machu Picchu.

P’isaq no escapa de las famosas leyendas incas…

Se dice que Inkill Chumpi, única hija del cacique Huayllapuma y heredera de los territorios de P’isaq, fue destinada por el oráculo de Huancar Kcuichi a casarse con el hombre que, en una noche, pudiera construir un puente sobre el río Willkamayu; un puente de mucha importancia para la defensa del lugar.

Muchos fueron los ricos y valerosos pretendientes; mas sólo fue elegido Asto Rimaq, gobernador de las misteriosas tierras del oriente boscoso. Las autoridades del lugar dispusieron todo para que Asto Rimaq iniciara las labores de construcción.

Así cubiertos con el manto del destino se dirigieron, él a edificar el puente y la princesa a invocar a los espíritus de la montaña, pero sin darse la vuelta para mirar, porque de lo contrario ella se convertiría en piedra.

Casi al amanecer, el príncipe había culminado su obra, pero Inquill Chumi, no pudiendo soportar más, se dio la vuelta quedando convertida en una fantasmal figura de piedra que yace en la soledad, contemplando el Valle de sus antepasados.

Asto Rimaq desapareció arrastrado por las caudalosas aguas del río y junto a él las posibilidades de establecer la alianza entre el pueblo de P’isaq y los pueblos de la selva orientales.

Nadie, de los que preguntamos, sabe a qué hora llega el autobús que va hacia Cusco; parece que no tiene un horario fijo. Está lloviendo y nos dirigimos a la zona donde ha de parar en la carretera, y nos refugiamos en un soportal. Por suerte no tarda en llegar y volvemos a Cusco, distante 32 Km.

Volvemos al mismo alojamiento de hace una semana, Casa Grande.


El resto del día lo aprovechamos para hacer una última vista a esta bellísima ciudad y comprar alguna cosilla de recuerdo.

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