13 jul. 2009

Taormina, en la cima del Monte Taurus


Después de visitar Cefalú, subimos al coche y enfilamos dirección Taormina, situada a poco más de 200 Km. de distancia.


Una carretera estrecha y con curvas asciende por la ladera del Monte Tauros hasta la estación de autobuses, funicular y aparcamiento de coches. El centro de Taormina es peatonal.

A las afueras de la ciudad, encontramos un cartel que reza: Taormina’s Odyssey Youth Hostel. Entramos y nos dicen que tienen habitaciones libres (algo cara teniendo en cuenta que no hay desayuno incluido, que es un hostal y que está alejado del centro).

Dejamos el equipaje y, aprovechando las pocas horas de luz que nos quedan, vamos a la ciudad situada en la cima del Monte Tauros de 200 metros de altura.

Retomamos la carretera hasta el aparcamiento de coches desde donde, caminando en pendiente unos 20 minutos, se llega a la Porta Messina, que marca la entrada a la calle principal, Corso Humberto I.

Cuenta la leyenda que los marinos griegos que pasaban por la costa oriental de Sicilia olvidaron realizar sacrificios en honor a Poseidón y él, encolerizado, les hizo naufragar. El único superviviente volvió a Grecia para contar las maravillas de Sicilia, convenciendo a sus compatriotas para instalarse en la isla. Taormina fundada por ellos en el 736 a.C., recibió el nombre de Naxos.

Por Via Roma llegamos hasta Piazza IX Aprile, desde donde se observa toda la Baia di Villagonia y el Golfo di Naxos. Al fondo está el Volcano Etna, pero el cielo cubierto de nubes amenazantes de lluvia, no deja verlo.


Sobre la Porta di Mezzo, la Torre dell’Orlogio recibe a los turistas que llegan hasta aquí.


Cuna de los descansos de algunos de los escritores más importantes del siglo XX como Truman Capote, Tenessee Williams, Thomas Mann y de artistas como Greta Garbo, Cary Grant, Dalí, Orson Welles o Rita Hayworth, Taormina es uno de los ejes turísticos más importantes de Sicilia.

Ha llovido bastante durante toda la noche; ahora cae una tímida lluvia, pero no va a ser obstáculo para que continuemos visitando esta ciudad.

Temprano nos dirigimos hacia el Teatro Greco, que se encuentra al final de la Via Teatro Greco.

Este monumento se encuentra instalado en una zona privilegiada, ya que desde ella se puede contemplar de manera espectacular la localidad de Giardini-Naxos y el volcán Etna, montaña que no podemos disfrutar por estar completamente tapado por nubes, igual que ayer.


El Teatro Greco fue construido por los griegos en el siglo III a.C., aunque reestructurado y ampliado durante la época romana (siglo II d.C.) para utilizarlo en la práctica de la lucha de gladiadores. Originalmente tenía una capacidad para unos 5.000 espectadores, y medía 109 metros de diámetro.

Del periodo griego se conservan en el escenario los bloques de piedra de Taormina, muy parecidos al mármol, con los que solían trabajar los griegos y alguna de las columnas de estilo corintio, que se alzaban tras el escenario. Todo el resto es de la época romana.


El teatro está compuesto por tres partes esenciales: el escenario, la orquesta y la cávea.

El scenario era la parte más importante del teatro. Su forma es la originaria, cerrada en los laterales por dos salas para que el público no lograra pasar. Cubierto por dos terrazas estaba adornado con columnas de mármol blanco y granito gris de estilo corintio.


La orchestra dividía el escenario de la cávea. Ésta está excavada en la roca, aprovechando la concavidad del Monte Tauro, que dio nombre a Taormina. Las primeras filas estaban reservadas para las autoridades, en las demás gradas se podía sentar el resto del público, comprendidas las mujeres. En la zona del pasillo superior, antes cubierto, se conservan todavía los nichos que contenían estatuas representativas. La plebe asistía apartada desde las terrazas, que no tenían alguna comunicación con el interior del teatro.


Las piedras me hablan bajito en el oído, y me han contado que aquí se representaron las famosas tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípedes. ¡Cuánto me hubiera gustado vivir un tiempo en esa época!

El teatro antiguo no ha cesado de funcionar. Gracias a su acústica perfecta y a su buen estado, ha sido durante muchos años el escenario ideal para la entrega de premios cinematográficos. Hoy en día se representan -sobre todo durante el periodo estival y en el marco de "Taormina Arte"- obras teatrales, películas, conciertos, ballet y manifestaciones internacionales de gran relieve.

Ya no llueve, pero el cielo sigue gris. Hemos de seguir con la ruta prevista. Bajando del Teatro Greco están los Giardini Villa Comunale, repletos de la más diversa vegetación, que pertenecieron a una aristócrata escocesa en el siglo XIX.


Vamos adentrándonos al barrio más antiguo de Taormina, en el que las influencias árabes se hacen más patentes, con estrechas callejuelas.


Una de ellas nos lleva hasta el Palazzo Ciampoli, un edificio de estilo gótico-catalán de 1412, con ventanas geminadas y que actualmente es un hotel.


De regreso para recoger el coche, vamos por Corso Humberto I hasta desembocar en la Piazza Vittorio Emanuele II, construida sobre un antiguo foro romano y que ahora alberga el Palazzo Corvaja, sede del primer Parlamento de Sicilia, durante el siglo XIV. Es un bellísimo edificio con una torre árabe del siglo X y con las ventanas en gótico catalán. Actualmente es la Oficina de Turismo de la ciudad.


Ya en el coche y desde la carretera, vemos la Isola Bella, un islote que cuando baja la marea "aparece" un camino y se convierte en una pequeñísima península. Actualmente es una reserva natural.


Seguimos ruta hacia el sur.

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