3 sept. 2009

Timimoun, un oasis en el corazón del Sahara


Para mí el desierto es extraordinariamente bello y puro, a la vez perturbador y mágico. Cada vez que estoy en él, el desierto me lleva a un emocionante viaje hacia mi interior, donde se cruzan la nostalgia, las angustias y las esperanzas. Mano Dayak (Niger 1949-1995)


Entramos a Timimoun (تميمون) -en donde estaremos los próximo ocho días- a las cuatro de la tarde y buscamos un lugar para comer. Hace mucho calor, a pesar que estamos a mediados de marzo.


Puerta de entrada a la ciudad

La avenida principal me tiene desconcertada con tantos comercios, cafeterías y pizzerías y mucha, muchísima gente.



Después de comer llamo a Ahmed Mazouzi y en 15 minutos está frente a nosotros con Larbi, uno de sus hermanos. Nos saludamos cordialmente -estamos en un lugar público y no podemos demostrar nuestros verdaderos sentimientos al vernos después de tantos años.

Subimos a su coche. Damos un largo paseo por la ciudad y pasamos frente a la vieja casa familiar, donde pasé tantas y tantas horas felices, hasta que llegamos a la nueva casa familiar. Estoy muy emocionada; casi temblando. Hay mucha gente o es lo que me parece. Todos sonrientes. Pero voy directa a abrazarme a Ummi Zaouia (mamá Zaouia); hace 10 años que no la veo.


El abrazo es largo, profundo y, entre sollozos, nos vamos diciendo Ana bahibbak (Te quiero). No sé cuánto tiempo hemos estado abrazadas, pero al separarme veo que todo el mundo está en silencio, observando, casi sin saber qué nos ocurre. Hace unos años Zaouia, tuvo glaucoma en los dos ojos y quedó ciega.

En una esquina veo a mi hermana Khadidja, secándose las lágrimas, y acudo hacia ella para abrazarla y con un hilo de voz me dice: - Ma soeur, j'ai raté beaucoup (Hermana mía, te he extrañado mucho). Ella misma se separa de mí para que vaya a saludar a los demás.

Estamos varias horas hablando con un té entre las manos, hasta que llega la hora de la cena y vamos a casa de Ahmed. Su bella esposa y yo nos abrazamos largamente y nos hace pasar a la sala principal.

Una espigada y sonriente jovencita se acerca a saludarnos. Es su hija mayor, que ya tiene 12 años y la conocí siendo una traviesa chiquilla. Unos grandes ojos negros se esconden tras la puerta. Es la mediana -de seis años-, vergonzosa al principio, su padre la llama y entra sonriente y también nos saluda. Y por entre las piernas de su madre, viene otra señorita, que hoy cumple un añito. Fatna y Ahmed tienen tres hijas como tres soles.

Al día siguiente salimos a pasear por la ciudad.

Timimoun, asentada en el corazón del Sahara -en el plateau du Tadmaït (altiplano)-, pertenece a la région du Gourara y a la wilaya d’Adrar (provincia).

Desde el mismo momento de la llegada, Timimoun no deja de sentirte indiferente. La ciudad está situada en un oasis, al sureste del Gran Erg Occidental, formado por un inmenso palmeral rodeando una extensa superficie salada, la sebkha (antiguo lago salado) y, a lo lejos, un mar de dunas lleva la vista hasta el infinito.


Forma parte de la trilogía de Villes rouges (ciudades rojas) juntamente con In Salah y Adrar, pero Timimoun es, sin duda, la más atrayente de las tres. Sus edificios, en color ocre-rojo y de estilo arabo-sudanés, están levantados sobre un pequeño montículo que hace más fácil disfrutar del oasis y de las dunas.


En la ciudad hay un gran bullicio de gente y vehículos. Hemos tenido una gran suerte: se celebra Sbuâ du Mawlid al-Nabawī (o Mouloud, en dialecto argelino), el peregrinaje anual de toda la región del Gourara que dura una semana. El sexto y séptimo día acaban en Timimoun, coincidiendo con la fecha del nacimiento del Profeta, la cual pude disfrutar en mi primer viaje en 1991, y Timimoun es el lugar de la región donde convergen todas las tribus del desierto, que van parando en los pequeños pueblos-oasis donde recitan el Corán, danzan al son de música sufí, o charlan bajo las estrellas sobre una duna y en torno a una fogata, con un delicioso té entre las manos.


Mawlid al-Nabawī, en 1991

Timimoun está cruzada por la larga Avenue de la Independence, la cual separa dos barrios bien definidos: el construido por los franceses, con sus calles perpendiculares y muy amplias y, dominando el palmeral, el Vieux Ksar (del que hablaré cuando vayamos a visitarlo).



Monumento al Sistema de Riego por "peines"

Nos acercamos al antiguo Hotel L'Oasis Rouge, verdadera joya arquitectónica, cuyas paredes interiores están totalmente esculpidas con motivos beréberes y actualmente es sede del Centro Cultural, donde vemos una exposición de artesanía.



Justo enfrente, y en la Place de la Independence, hay un Marabout, mausoleo donde está enterrado un santo de la ciudad y se dice que si se da siete vueltas a su alrededor regresas a la ciudad. Las he dado tantas veces…


Entramos al mercado cuyos puestos de frutas, verduras y carne están regentados sólo por hombres.


El paseo nos lleva hasta la preciosa Porte du Sudan, levantada en el año 1900, que daba entrada al principal barrio de la ciudad en tiempo de la colonización francesa (1830-1962).


Regresamos pronto a casa, ya que esta tarde iremos a la Fête du Mouloud que, después de siete días de celebraciones, está llegando a su fin.

A las afueras de Timimoun, en un gran descampado, se ha concentrado un nutrido número de personas, principalmente hombres, jóvenes, y alguna mujer con sus hijos. Del fondo aparece, corriendo y gritando el nombre de "Allāh", un grupo de hombres vestidos con gandoura y cheche de un blanco impoluto, armados con escopetas que, a una señal, disparan al aire o al suelo una bocanada de pólvora. Otros, llevan los vistosos estandartes de las diferentes cofradías sufís.



Es un espectáculo que te llena el estómago y el pecho de sensaciones difíciles de olvidar, que hoy han vuelto a renacer en mí.




No sabemos dónde colocarnos para ver mejor estas danzas rítmicas, acompañadas por el embriagante sonido de las darboukas, panderos, flautas y los cantos de los hombres.


Después, nos repartimos en dos coches: en uno, mujeres y niños y, en el otro, los hombres. Ellas, elegantemente vestidas para asistir al final de la Grand Fête, que se celebra en una aldea cercana en pleno desierto.

Las mujeres buscamos un sitio elevado para poder visualizar mejor lo que acontece. Hay cientos de miles de personas. De repente llegan unos jinetes sobre blancos dromedarios, acompañados por los que portan los estandartes.



Los cantos de los hombres son frenéticos y las mujeres lanzan al aire su típico zaghareet, un grito de ánimo a los hombres guerreros. Se utiliza en casi todos los actos sociales, culturales y religiosos donde se le permite asistir a la mujer.




Al final, cuando en el horizonte el sol se está ocultando, hacen una oración colectiva, dando gracias a Allāh.



Actualización:

Con fecha 4 de diciembre de 2015, la UNESCO ha inscrito la Sbuâ du Mawlid al-Nabawī en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.


(Timimoun aparece a partir del minuto 5:24)

Al día siguiente nos dirigimos al Vieux Ksar, la ciudad vieja, construida durante el periodo almohade en el siglo XII. Es un auténtico laberinto de callejuelas estrechas y cubiertas, que permiten una climatización natural. Todas las paredes están pintadas de color ocre-rojo y el sol, cuando se asoma entre las callejas, da una visión casi irreal.




Las calles, la mayoría con arena del cercano desierto, están vacías y nos llevan hasta el palmeral.


Toda la felicidad que llevo en mi interior, se torna en una amarga tristeza ante lo que ven mis ojos: el desierto ha avanzado inexorablemente hacia la ciudad y la mayoría de las palmeras han muerto; los pequeños campos de cultivo -que se refugiaban de los ardientes rayos de sol, bajo las palmeras-, se han secado. El agua, que llegaba hasta aquí a través de un sistema de regadío en forma de peine, ha desaparecido por la carencia de lluvias en el último año y por la abundancia de sal que tiene la poca que llega. El palmeral se está muriendo. Ese oasis de paz, que rodeaba a Timimoun, está agonizando.


Me voy del palmeral en silencio y abatida ante lo que he visto, y regresamos a casa.

Continúa en: Timimoun y alrededores

13 comentarios:

  1. Tout d'abord, tout d'abord je te le dis très fort!!! : Ana Bahibbak, Merche et je sais que anti aussi!!!
    QUEL MERVEILLEUX CADEAU!!
    Je continue ma lecture, ma promenade ma main dans la tienne et je reviens!!!Je ne pouvais continuer à lire sans me précipiter pour te dire que tu m'as rendue heureuse ..
    Mille et un bisous , à tout de suite.. et plein de yuyus!!!

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  2. Shukran jazilan ﻼﻳﺰﺟ اﺮﻜﺷ , Mª Mercè!!!
    Estoy emocionada ... mucho, ni te imaginas que estás haciendo mis sueños realidad.. porque contigo he pisado este suelo que tanto y por tantas razones QUIERO...

    Je te le dis à nouveau, ana bahibbak!!Beaucoup!

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  3. que hermoso relato,por unos instantes me has sabido llevar al corazon del desierto..
    gracias por compartirlo con nosotros
    jeanette

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  4. Que lugares mas impresionantes y que experiencias tan intensas.
    Saludos

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  5. Me sigue emocionando ver todos estos lugares, qué maravilla!
    Con tu relato me han llegado hasta los olores, una de las cosas que más me apasionaban, todo tiene un olor característico, personal.
    Me da pena la agonía del palmeral.
    Las fotografías llenas de luz y color, con un encuadre perfecto
    Gracias por compartir todas estas experiencias
    Besos

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  6. Hola Ma.Mercé!,
    Muchas gracias por compartir esta belleza. De las mejores fotos que vi en blogs.
    Me hago tu seguidor.
    Un abrazo desde Argentina.

    Norber.
    www.viajeroliterario.blogspot.com

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  7. Hola Norber...

    Bienvenido y gracias por tus palabras.

    He ojeado tu blog y veo que eres un apasionado de África. Ya somos dos!!

    En unas semanas voy hacia allí...

    Un saludo!!

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  8. Bonitas fotos e inmenso y trabajado reportaje. Mi enhorabuena.
    Yo siempre digo que viajando, conociendo otros lugares y gentes, se cura el racismo y la xenofobia. Lo único que el riesgo y la incomodidad no arruinen una bonita experiencia como la que cuentas.
    Un saludo.

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  9. Cayetano, sé bienvenido.

    Tus palabras, viniendo de un Profesor, son un halago para mí.

    Un afectuoso saludo!

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  10. Hola!!!!!!!!
    Que experiencia mis viajes quedan en miniaturas, al lado de los tuyos, debes tener tantas imágenes, gustos y olores de esos lugares, seguro que esas sensaciones jamás se irán de vos y además quedaran plasmada de por vida en la Web, gracias por compartirla con nosotros.
    Un abrazo de oso

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  11. Bonitas fotos y bonito relato, esun placer viajar de tu mano. Un beso

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  12. Las fotografías de los hombres armados sí que dan miedo, ¿còmo hacias para pasear entre ellos sin salir corriendo?

    Parece otro mundo, a veces mucho más lindo otras mucho más temerario.

    Brenda Zaniuk

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