26 ene. 2010

Epulu: Conviviendo en un campamento de pigmeos mbuti



Llueve torrencialmente cuando nos disponemos a adentrarnos en la selva de Ituri para ir al campamento de los pigmeos mbuti, llamados también bambuti.

Esperamos 30 minutos a que la lluvia arrecie y nos ponemos en marcha junto con un guardabosque armado, Paulin y dos pigmeos que acarrean varios bultos.


Bajo una lluvia fina, sorteando arroyos y troncos caídos, caminamos durante algo más de una hora a través de una selva impenetrable sin que las capelinas nos protejan suficientemente. Hace mucha humedad y calor. Estoy empapada. Conforme nos acercamos al campamento los porteadores van emitiendo sonidos para avisar de que estamos llegando.

En un claro de la selva, al abrigo de árboles muy altos, encontramos el asentamiento de los pigmeos. Un grupo de niños muy sonrientes nos da la bienvenida; también hombres adultos y jóvenes.

Como la lluvia no ha cesado, los pigmeos más jóvenes se encargan de apuntalar un enorme plástico, que el guardabosque lleva, y nos cobijamos bajo él.


Foto hecha a las 16h. Obsérvese que no penetra luz natural

Traen un "banco" y "sillas" hechas con ramas de árbol. A nuestro alrededor se sientan pigmeos de todas las edades y encienden un fuego, donde ponen una gran olla y preparan el café que les hemos traído (también tabaco, arroz, sal, azúcar…); mientras, las mamás y los niños permanecen en sus cabañas.



Pasados los primeros minutos, y sin tener aún conciencia de dónde estoy, miro alrededor y veo a las mujeres y niñas. Me doy cuenta de que no les he dicho nada y voy de cabaña en cabaña saludándolas.




Ubicadas en un semicírculo en el claro de la selva, unas doce diminutas cabañas hechas con hojas de árboles, con suelo de tierra, techo abombado y una pequeña abertura de acceso, son el hogar de cada uno de los matrimonios.



Otras cabañas, de techo plano apuntalado por troncos y sin laterales, acogen a los hombres solteros.


Escenas de la vida cotidiana pasan ante mis ojos.





Sigue lloviendo, pero ya no me doy cuenta. Las caras y los gestos de los habitantes del campamento pueden más que la lluvia y la molesta humedad. Estoy empapada.



Muchos no recuerdan cuando fue la última vez que un muzungu estuvo aquí, y mucho menos una mujer.

Se acerca un hombre y el guardabosque nos lo presenta: es el Presidente Nacional de los Pigmeos y jefe de este campamento, que nos acogerá hasta mañana.

Ya es de noche cuando cesa la lluvia y las mujeres prenden una lumbre frente a sus cabañas para preparar la cena. El entorno toma una nueva dimensión.

Algunos hombres se pasan una pipa de agua (quizás con alguna droga), otros dan tragos a una botella con un líquido amarillento; es una bebida alcohólica hecha por ellos mismos.



Me interesan sus costumbres y Paulin hace de intérprete entre el swahili y el francés.

Los mbuti son cazadores-recolectores y, generalmente, monógamos teniendo una media de 5 hijos. La mortalidad postparto es del 0%.

Si una mujer queda viuda, un hermano del marido se casa con ella convirtiéndola en la segunda esposa. A partir de los 15 años, el varón ya es capaz de cazar para mantener a una familia y es cuando está preparado para el matrimonio. Si a los dos o tres años no hay señal de embarazo (porque alguno de los dos es estéril), al marido le dan otra mujer. Si la segunda tampoco queda embarazada... es que "Dios" no ha querido que haya familia.

Las chozas de los matrimonios las construyen las mujeres con cañas y hojas. Frente a cada una de ellas se mantiene el fuego todo el día, y cuando llueve éste se hace dentro. Los varones viven con los padres hasta la adolescencia luego, los solteros, pasan a vivir en una cabaña sin laterales. Las mujeres adolescentes viven en otra cabaña aparte, con la abuela.

Cada dos meses y medio cambian de campamento, cuando los recursos (caza principalmente) se han agotado. El siguiente campamento -ya construido en otros periodos- está a una distancia aproximada de 2 Km., en una zona donde los recursos ya se han recuperado. No pueden levantar nuevos campamentos por ser la Reserva un área protegida. Cuando un miembro del campamento muere, lo entierran y se cambian de campamento; no vuelven a él hasta que han olvidado al difunto.

Durante la recolección de la miel, para uso propio y venta, participa toda la comunidad. Tienen ingresos por la recogida de hojas (2 veces al día) para los okapi.

Oran a sus ancestros, principalmente antes de la caza.

Después de la larga charla, de hacer multitud de fotos y de una frugal cena a la luz del fuego, inesperadamente algunos hombres se ponen a cantar y a danzar mientras percibimos que el alcohol y el fumeteo han hecho su efecto. Estamos envueltos por una atmósfera ancestral que parece irreal. Personas que viven de espalda al mundo, que viven en su propio mundo y no quieren cambiar.


Después del tremendo impacto y absortos por tener el privilegio de estar aquí, entre dos cabañas montan la tienda donde dormiremos y nos retiramos a "dormir" sobre el mismo suelo donde los pigmeos mbuti duermen.


Una gran olla de café humea cuando salimos de la tienda. Después de "desayunar" (sólo un cuenco de café), los hombres -entre ellos mi compañero- y algunas mujeres se disponen a ir de caza.

En la selva harán una ceremonia ancestral para que la caza sea fructífera; y después, la red que portan -de unos 15 metros de longitud y un metro de alto- la atarán entre dos árboles. Un grupo de mujeres y hombres jóvenes espantarán a los animales haciendo ruidos, para que los animales vayan hacia la red donde les esperan los hombres adultos con sus armas artesanales.


Estoy sola en el campamento con algunas mujeres, los niños y el jefe que, amablemente, me da conversación (en francés) sobre temas de su interés: políticos y otros asuntos relativos a la comunidad pigmea de la selva de Ituri.

El tiempo se detiene para mí cuando veo aparecer tres niñas, vestidas con unas hojas a modo de falditas, y comienzan a danzar. Sólo para mí. Estoy sorprendida. ¡Qué muestra de hospitalidad!




Al cabo de dos horas largas, regresan los hombres. No ha habido suerte; hoy no han cazado nada.

Es mediodía y nuestra estancia con esta maravillosa gente está llegando a su fin. Hombres, mujeres y niños se disponen en semicírculo alrededor nuestro para despedirnos mientras el guardabosque, al que hemos dado unos dólares para que entregue a la comunidad, les habla en swahili trasladándoles nuestro enorme agradecimiento por habernos acogido.


Un aplauso de todos nos llevamos en el corazón, y nuestro recuerdo eterno por esta inolvidable experiencia.

Regresamos a nuestro alojamiento en Epulu y, al atardecer, tenemos el honor de ser saludados por Rose Marie Ruf -responsable del Centro de Conservación del okapi y viuda del fundador, Karl Ruf. Se interesa por nuestra estancia aquí y nos da las gracias por haber tenido la iniciativa de visitarles a pesar de que están en una zona conflictiva.

He estado hablando con una leyenda. Rose Marie, es uno de esos raros seres humanos que ha dedicado la mayor parte de su vida (26 años) a la preservación de una especie única en el planeta.

Al día siguiente regresamos de nuevo a Beni. Durante el trayecto comprobamos hasta dónde llega la corrupción en este país: en uno de los "peajes" un policía nos retiene durante 30 minutos, hasta que se llega a un acuerdo entre lo que pide y lo que Paulin está dispuesto a darle. Finalmente, con 20 dólares nos deja seguir la ruta.


Anotación:
Las fotografías en blanco y negro, son así en el original
.

7 comentarios:

  1. Una vez más, un relato enorme. Experiencias viajeras elevadas al cuadrado, de estas que solo pueden hacer quienes compartís vuestra pasión viajera con un extremo humanismo. No dejes nunca de publicar, por favor.

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    1. Jordi, moltíssimes gràcies per les teves paraules. Procuraré no deixar de publicar ;-)

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  2. Impresionante no tengo palabras muy buen post!! Una gran experiencia que nos gustaría realizar a mi marido y a mi pero no encontramos el modo de poder acceder al poblado... Nos podrías facilitar algún dato para poder acceder o como deberíamos hacerlo para llegar a verlos? (Vamos de sur a norte de RDC)
    Muchas gracias antemano y no dejes nunca de tener grandes experiencias que son las que te mantienen viva. ;)

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    1. Hola Alba, gracias por tu comentario.

      Supongo que, si tenéis planeado cruzar los Kivus, ya debéis saber que hay zonas con mucha inestabilidad. La parte que comprende Butembo-Beni-Bunia no es nada segura.
      Cuando estuve en 2009, en Beni no se habían cometido las matanzas de los últimos meses; pero sí que había guerrillas por Butembo. Así que entré y salí por Uganda, para visitar la provincia oriental (Beni, Epulu e Ituri) y, desde Ruanda, entré a Goma.

      Para ir a un campamento mbuti es mejor salir desde Epulu, concretamente desde el Centro de Conservación del Okapi (https://milcamins.blogspot.com.es/2010/01/rdc-epulu-centro-conservacion-okapi.html). Hablando con los responsables podréis contratar a un guardabosques y acompañantes, para que os lleven hasta el campamento más cercano.
      Si conseguís ir, tendréis que llevar algo de lo que los mbuti no pueden comprar, debido a que es caro para ellos: tabaco, azúcar, sal… Una vez allí, os pedirán dinero para mil cosas; nosotros les dimos 50 dólares, que aceptaron no de muy buena gana, pues nos pedían muchísimo más (ya sabes que, en la mayoría de países africanos, o no africanos, a los blancos nos ven con cara de ser ricos).

      Alba, si no te importa, cuando regreséis me gustaría saber cómo os ha ido; simplemente porque guardo muy buen recuerdo del viaje al Congo, aunque fue muy duro.

      ¡Buen viaje! (con un poco de envidia ;-))

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    2. Hola Mercè, muchas gracias por contestar, facilitarnos información y aclararnos nuestras dudas.

      Al final lamentandolo mucho no nos acercaremos a la zona de Ituri porque como bien dices entrantes por Uganda y nosotros entraremos desde Goma.

      En un principio teníamos pensado subir por el parque Virunga para llegar hasta Ituri pero aún así lo vemos complicado... a parte de que tenemos muy poca información de como deberíamos hacerlo en el supuesto caso en el que pudiéramos, y sabiendo como es el país de corrupto no llegaríamos muy lejos con "nuestras riquezas" nuestro dinero no daría para muchos sobornos... Así que lo dejaremos para otro posible viaje y nos contentaremos con el sur del parque Virunga.

      Aún así agradecemos muchísimo tu ayuda y no descartamos otro año poder hacer esta zona del Congo que guarda tantos secretos como belleza y que seguro que merece muchísimo la pena.

      Muchos saludos!! ;)

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    3. Hola Alba, siento que no podáis visitar esa zona que es preciosa pero ya véis cómo está la situación.
      Las "mordidas" que va pidiendo la policía, cada pocos kilómetros, desajustan los presupuestos de los que circulan por las carreteras congoleñas.

      Tengo un buen contacto en Goma; si lo necesitáis, escríbeme a milcamins@gmail.com y te daré detalles.

      ¡Saludos! :-)

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  3. Muchas gracias Mercè, te agradecemos la ayuda. Me pondré en contacto vía e-mail para saber más sobre tú contacto en Goma.

    Saludos ;D

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