26 ene. 2010

Entrando en la República Democrática del Congo: Beni



Caminamos unos 200 metros entre fronteras. Llegamos a una barrera y cuando nos disponemos a traspasarla, pues no vemos a nadie en la garita, un hombre se acerca y nos pide los pasaportes. Le preguntamos quién es y responde: -Soy policía de fronteras. Mira los pasaportes y visados y nos autoriza a continuar. En este instante otro hombre, malcarado, se acerca y nos exige que abramos los equipajes. Le decimos que un policía nos ha autorizado a entrar y que si él tiene más rango abriremos los equipajes. Momento de tensión. Se miran entre ellos y el primero le hace un gesto de "todo correcto". Nos mira y dice que pasemos.

Unos metros más adelante nos topamos con otra barrera y funcionarios uniformados. Esta vez, mientras dudamos si pasarla o no, somos invitados por un uniformado a seguirle hasta un garito. En el interior abrimos el equipaje, saca pieza a pieza y comprueba hasta el mínimo detalle. Todo queda esparcido por el suelo. Pregunta a qué venimos al Congo y le respondo que a ver a los okapi; pide los pasaportes y nos autoriza a seguir.

A continuación -en otro edificio- entramos en una habitación, tipo despacho. Un hombre, sentado detrás de la mesa, nos pide los pasaportes. Mientras pasa las páginas, una joven sentada a su lado tiene "problemas" con la tarjeta del móvil. El hombre saca el suyo, lo abre y le pasa la tarjeta a la chica. Ésta realiza una llamada. Él, observando a la chica con nuestros pasaportes en la mano y nosotros expectantes. Vuelven a intercambiarse las tarjetas, colocan cada una en su teléfono y por fin decide prestar atención a nuestros pasaportes y les pone el sello de entrada. En una gran libreta tiene la lista de extranjeros que pasaron por esta frontera en el 2008. Dibuja una línea y escribe: 2009 y debajo nuestros nombres.

Creemos que ya se ha acabado el peregrinar de un lado a otro cuando nos llaman desde otro edificio. Es el responsable de sanidad y nos pide las cartillas de vacunación. Anota nuestros datos en una simple libreta y nos pide "por ser un servicio privado" dos dólares. Le damos el billete y comenta que "nunca" ha visto un billete de dos dólares y que si no tenemos dos de un dólar. Hacemos el cambio, sabiendo que el dinero es para repartírselo entre los dos que hay en el despacho.

La visión es absurda e irreal: edificios decadentes y tiendas en la misma línea; mujeres y hombres, en bicicleta o andando, que van de un lado a otro con grandes paquetes o sin ellos; basura por doquier, papeles, piedras, botellas de plástico vacías; barro ennegrecido por los vertidos de combustible y charcos con agua putrefacta, olor insoportable; niños jugando en medio de todo este paisaje.


Estamos en la República Democrática del Congo, un país con más de 74 millones de habitantes de los que, aproximadamente el 80% de la población es cristiana, predominantemente católica. Después de Argelia es el segundo país más grande de África, con 2.345.410 km² (casi cinco veces el tamaño de España). Se contabilizan 250 grupos étnicos que hablan 242 lenguas. Pero lo peor de todo, es que más de 1000 mujeres son violadas cada día.

En medio de una marabunta de gente y vehículos nos disponemos a buscar un taxi para ir a Beni cuando se nos acerca un señor diciéndonos que va hasta allí y que, si queremos, nos lleva en su coche. Convenimos un precio y nos acompaña hasta una tienda de ropa donde hemos de esperar a su hermana, que también vendrá con nosotros. Estamos casi dos horas esperando.


El viaje dura unas cuatro horas, conduciendo a unos 80 Km/h por una pista de tierra con grandes socavones y piedras, que convierten el trayecto en un infierno. En nuestro lado izquierdo está el límite del Parque Nacional Virunga y en el derecho, se recorta a lo lejos la silueta de los Montes Rwenzori.

Una vez acabado el límite del Parque, a cada lado del camino se extiende una espesa vegetación tropical, casi impracticable. De vez en cuando pasamos por diferentes poblados, donde las casas están a pie de pista; la mayoría son de barro y caña y como techumbre tienen un entramado de ramas de palmeras. Los niños, algunos muy pequeños, juegan a pie de pista. Mujeres, con grandes haces de leña sobre la cabeza, van de un sitio a otro. Imágenes de pobreza y miseria por doquier.


Durante el trayecto pasamos por algún "peaje" donde el conductor entrega, disimuladamente, unos billetes al policía de guardia: son los primeros indicios de corrupción que vemos en el país.

Por fin llegamos a Beni y nos dejan en el Guesthouse Cetraca. Tiene un gran jardín con plantas y flores tropicales, muy bien cuidado y las habitaciones son amplias y con baño. Viene a darnos la bienvenida una mujer joven, sonriente; es la mayordoma.



En la mayor parte de la RDCongo no hay luz eléctrica por la mala gestión de la Administración; hoteles, restaurantes, tiendas y algún particular se sirven de generadores, cuando se pone el sol. Aquí, en el alojamiento, está en marcha de 18 a 23h.

Le preguntamos a Paulin -el señor que nos ha traído- si conoce a alguien que pudiera llevarnos hasta Epulu para ver a los okapi, visitar a los pigmeos Mbuti y hacer de traductor, pues sólo hablan swahili. Nos propone ser él nuestro acompañante-intérprete; el precio lo encontramos muy razonable, así que quedamos para pasado mañana, lunes, a las 7:30 de la mañana.

Salimos a conocer la ciudad; llegamos hasta el mercado de carne y, a la vez, matadero. A pesar de que está al aire libre, un fuerte hedor a muerte invade este espacio. El suelo de tierra, está encharcado de agua y sangre, que vamos sorteando. Hay gente que, sobre un trozo de papel o directamente sobre el suelo, vende trozos de carne, patas, cabezas…



Cuatro tablones de madera y una techumbre medio derruida es donde hacen su trabajo los matarifes. No muy lejos, atadas a unas estacas, hay un buen número de reses preparadas para el sacrificio.



Tengo un nudo en el estómago y un escalofrío me recorre la espalda, pero no puedo dejar de observar las miradas inexpresivas de niños y jóvenes que, descalzos o con chancletas deambulan entre la sangre y la muerte. Aunque llevamos la cámara en la mano se nos hace muy difícil tener valor para hacer fotos.


Unos jóvenes matarifes, al vernos pasar cerca, se hacen los chulitos y, cuchillo en mano, nos piden una foto. De repente todos quieren quedar inmortalizados, hasta junto a mí; y mi compañero hace una, otra y más fotos… Ningún niño sonríe a la cámara.




Tan sólo hemos estado 15 minutos, aunque me ha parecido que pasaba una eternidad en este trozo de infierno en la Tierra.

Seguimos paseando por la ciudad, pero con el corazón encogido.



Una vez en el alojamiento preguntamos por qué hay tantos niños en el mercado. Nos cuentan que son "niños de la calle", huidos de sus poblados a consecuencia de la guerra y que van al mercado por si alguien les da algo para comer. No nos han pedido ni una moneda. Nada. Su tristeza en la mirada era de HAMBRE.

Anotación:
Las fotografías en blanco y negro, son así en el original
.

10 comentarios:

  1. Hola Ma. Mercé: cómo estás? Mira, imagínate aquí, frente a mi ordenador, 'viendo' el invierno parisino a través mi ventana y leyendo tú reportaje!

    Una vez más disfruto con todos tus textos y fotografías. Supongo que los textos son extraídos de tú diario de viaje, y la verdad que relatan muy bien cómo sientes los hechos que se van sucediendo y los paisajes y la gente que se van cruzando.

    Y una vez más muchas gracias por compartirlos con nosotros! porque es una zona donde tengo especialmente una gran curiosidad por conocer y porque desde hace décadas que la tengo guardada en mi memoria, pues en los Volcanes Virunga, en la triple frontera entre Rwanda, RD Congo y Uganda, es donde se encuentran los majestuosos 'Gorilas de montaña', más conocidos como 'Gorilas en la Niebla' por el libro de Dian Fossey.

    Justamente he leído muchos artículos sobre lo conflictivo de la zona, las guerras civiles, los niños usados como soldados, las mujeres violadas como 'botín de guerra' y por último guardo un reportaje de El País Semanal sobre los pigmeos, que son los más pobres entre los pobres, ya que algunas de esas familias son esclavizadas por otras etnias de esa zona y usados en sus campos por generaciones ...
    En fin, por eso mismo que he leído y visto tanto en TV no me sorprenden para nada tus relatos en cuanto a la pobreza y corrupción reinante, pero sí es la primera vez que lo leo por parte de alguien 'como nosotros'.

    Así que otra vez muchas gracias por compartir con toda realidad y cruzeda tus vivencias en esa zona tan conflictiva, pero que a su vez debe contener milagros a diario ...

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  2. Hola, Gus, mi fiel lector:

    ¿Sabes? Si lees la entrada que hablaré de la segunda vez que entramos en la R.D. del Congo, sabrás que estuvimos tan sólo a cuatro metros de un maravilloso ejemplar de "espalda plateada". No te lo digo para que tengas celitos, sino para que los puedas ver de la misma manera que los vimos nosotros.

    Un abrazo lleno de agradecimiento por tus palabras.

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  3. Hola Mª Mercè!
    Muchas gracias por devolverme a mi querida RDC y Norte Kivu a través de tus relatos..
    Ya pronto estaré de vuelta, esta vez me basaré en Bunia y estaré más a menudo en Goma.
    Espero que podamos vernos muy pronto!
    Un abrazo
    gaby

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  4. Estimada Mª Mercè:

    Mi nombre es Cristina Velázquez y soy Profesora de Informática, de Ciencias Exactas y capacitadora de docentes en TIC.
    Quiero invitarla a participar de una de mis iniciativas denominada "Tu Blog en mi Blog"

    http://www.tublogenmiblog.blogspot.com/
    Para que comprenda mejor de qué se trata, puede leer la presentación en

    http://tublogenmiblog.blogspot.com/2009/02/presentacion.html

    Espero que le interese la propuesta de contarnos, a través de una entrada, acerca de su Blog.

    Cordialmente
    Prof. Cristina Velázquez

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  5. Hola Mercè, un estupendo reportaje ilustrado con bellas fotografias, vivncias que me transportan a ese lugar,porque sabes tranmitir la esencia del viaje. Me gustaría leerte mucho más, con más detenimiento, pero el tiempo, eso que nos lleva a todos de cabeza, no me lo permite. Un abrazo.

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  6. La escena que describís del matadero, y las fotos, me dejaron impresionada, conozco el olor a res muerta porque hay una zona en buenos aires (justamente se llama Mataderos) que está invadida por ese olor, y eso que supuestamente se guardan normas básicas de higiene. El olor a muerte, la miseria, los nenes a la buena de dios, qué difícil de digerir, hay tantas realidades llenas de miseria en este mundo, que una se siente en una burbuja ...

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  7. PD: todo el tema de los militares y los policías, me ponen los pelos de punta, me dan cierto temor, no sé, al autoritarismo, o a la impunidad ...

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  8. Sobrecogedor relato, Mercè... Qué comentar de las sensaciones que tuviste allí si desde casa viendo tus fotos y leyéndote nos hemos quedado sin palabras.

    Sólo, gracias, mil gracias, Mercè.
    Directo a los tuits favoritos del blog!

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  9. Sobrecogedor... Qué comentario hacer si después de leerte y ver las fotos que acompañan tu relato nos hemos quedado sin palabras...
    Sólo gracias, muchas gracias, Mercè.

    Directa a los tuits favoritos de la semana... y creemos que del mes, del año y de mucho tiempo

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  10. Cris, Álex...

    Sí, van ser unes sensacions i experiències molt dures, tant que guardo la RDCongo dins el meu cor. Sé que un día hi tornaré i potser... per quedar-m'hi. Ja sabeu la meva "debilitat" per lÀfrica!

    Gràcies, moltes gràcies per fer-me sentir que som molt aprop, vosaltres i jo.

    Petons i abraçades!

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