24 feb. 2010

Goma (I): Aparece una providencial persona. Encontronazo con un policía secreto



A las diez de la mañana, en Kigali, subimos a un microbús de la compañía Atraco Internacional, con dirección Gisenyi, donde se encuentra uno de los pasos fronterizos entre Ruanda y la República Democrática del Congo (RDC).

Circulamos por una buena carretera con suaves curvas para subir y bajar la infinidad de colinas de este país tapizadas de plataneros, caña de azúcar y maíz, coloreando el paisaje de un verde intenso y, en el cielo, grandes nubarrones negros que descargan en una violenta tormenta.

Hemos llegado al final del trayecto con el microbús y, a lo lejos, vislumbramos el Lago Kivu. Todavía quedan unos 3 Km. hasta la frontera, que recorremos -bajo la lluvia y fuerte viento- en una furgoneta a la que no le funcionan los limpia-parabrisas y el conductor ha de sacar la cabeza por la ventanilla para poder ver.

Casi no llueve al llegar al paso fronterizo congolés, que pasamos sin problemas por llevar visado, pero con gran curiosidad por parte del policía -que sella los pasaportes- para saber a qué hemos venido; le hablo de los gorilas de los Montes Virunga. Nada más.

Mientras mantengo esta "interesante" conversación, mi compañero pacta con un taxista el precio hasta el Hotel Shangwe, un bonito edificio de dos plantas tipo chalet, rodeado de un cuidado jardín, en Goma.


Recojo los pasaportes y, al darme la vuelta, veo estacionado un LandCruiser con el escudo de España y las siglas AECID (Agencia Española de Cooperación al Desarrollo). Mi cara es de sorpresa y los dos ocupantes del vehículo lo perciben. Me acerco y les pregunto si hablan español. Me dicen que no. En francés, digo nuestros nombres y me intereso por el anagrama de su vehículo, y ellos por nuestra estancia aquí.


Son Baganda Fakage y su chófer. Baganda trabaja para el Programa de Salud Mental, del Ministerio de Asuntos Exteriores de España. Le explico que hemos venido a Goma con la intención de ver a los gorilas de montaña y algún campo de refugiados. Nos invita a que subamos al coche para llevarnos al hotel, y allí ya hablaremos de los temas que nos interesan. Pagamos el viaje al taxista y nos vamos con ellos.

El personal del hotel y Baganda se sorprenden de nuestra visita a la República Democrática del Congo, siendo simplemente unos ciudadanos que no pertenecemos a ninguna ONG, ya que éste no es un país para visitas turísticas. Les explicamos nuestras experiencias en Beni y Epulu .

El trabajo de Fakage es dar asistencia a refugiados con problemas psíquicos, derivados de las matanzas vividas, y mujeres y niñas que han sufrido violaciones. Nos habla de la pérdida material y/o afectiva, que acaba en muchos casos de locura, en intentos de suicidio, en autolesiones; también de pirómanos que quieren incendiar el campamento, de casos de embriaguez aguda y de niños con ataques epilépticos o con demencia. Le pregunto si hay alguna posibilidad de visitar un campo de refugiados y me dice que él mismo nos llevará. Se despide hasta mañana.

Goma, capital de la región del Kivu Norte al este de la RDC, está situada a orillas del Lago Kivu y a 13 Km. al sur del volcán Nyiragongo. La historia reciente de Goma ha estado escrita por la erupción del volcán en el año 2002, y por el millón de personas aquí refugiadas a causa del Genocidio de Ruanda de 1994; poco después, una epidemia de cólera se propagó por los enormes y miserables campos de refugiados cobrándose miles de vidas.

En enero del 2002, la lava que bajaba por la ladera del volcán Nyiragongo alcanzó casi un kilómetro de anchura y fue arrasando todo lo que encontró a su paso hasta la misma orilla del lago, destruyendo más del 40% de la ciudad. Por suerte, casi toda la población de Goma fue evacuada a Gisenyi (Ruanda).

Reconstruyeron Goma sobre las piedras negras de lava petrificada, que inundan las calles y le confieren un paisaje desolador.


Por la mañana, nos dirigimos a la oficina del ICCN (Instituto Congolés de Conservación de la Naturaleza), para tramitar los permisos (400 dólares por cada uno) que necesitamos para poder acceder al Parque Nacional de los Montes Virunga, donde veremos a los gorilas.

No sé qué palabras puedo utilizar para que nadie se sienta ofendido, pero una de las características de esta ciudad es la "invasión" de grandes coches todo-terreno, con las siglas visibles de "su" ONG, circulando continuamente de un lado a otro, conducidos por nativos o por blancos a sueldo de la Organización. Sé que en las cercanías de Goma, ha llegado a haber hasta dos millones de desplazados y que las organizaciones humanitarias tienen sentido de estar aquí ubicadas; sin embargo, algunas parecen que sólo se pasean.


Llegamos a la calle principal cuando, de repente, oímos las sirenas de coches de policía que se detienen frente a la oficina de correos. De uno de ellos baja un hombre muy bien vestido, escoltado por policías armados. Entra en la oficina y sale a los pocos minutos. Inmediatamente se ve rodeado por un numeroso grupo de hombres. El personaje hace un pequeño parlamento en idioma local y la gente, que le aplaude frenéticamente, grita y levanta los dedos en señal de victoria.


Mi compañero hace una señal para que me acerque; a su lado hay un señor. Al aproximarme, el hombre me pregunta si sé qué ha pasado, le contesto que no y entonces nos explica: Delante de la oficina de correos se colocan vendedores ambulantes de móviles y de tarjetas; como los responsables de Correos quieren que se vayan a otra zona de la ciudad y ellos no están de acuerdo, le han pedido al gobernador de la ciudad que intervenga y haga de mediador. Acaba firmándoles un documento, que les autoriza a seguir vendiendo en este lugar.

Aun habiendo sido increpado por un individuo, que le pregunta si es periodista, mi compañero sigue haciendo algunas fotos más.


Seguimos paseando y llegamos hasta la terraza de un bar, donde nos sentamos a tomar un refresco. Al cabo de una hora, decidimos ir al hotel para comer ya que no hay ningún restaurante por la zona.



Caminamos unos cinco metros y paramos frente a un vendedor de tabaco. Se acerca, con altivez y violencia en la voz, un tipo que dice que nos ha visto hacer fotos y que si tenemos el permiso para ello. Le miro estupefacta y le hago ademán de que nos deje en paz; el tipo alza más la voz y vuelve a decirnos si tenemos permiso para hacer fotos. Le pregunto quién es y me dice que es policía secreto. Quiero ver su identificación y la enseña; tanto puede ser falsa como auténtica. Le digo que no somos periodistas y me responde:

- Ya lo sé. Son turistas que llegaron ayer por la frontera de Gisenyi y les tengo controlados.

Nos quedamos sorprendidos. ¿Desde cuándo va detrás de nosotros?

Nos insta a que le acompañemos a su oficina para tramitar el documento, que cuesta 100 dólares. ¡¡Hasta aquí hemos llegado!! Me pongo como una fiera y le digo que el visado turístico nos da derecho a hacer fotos y que ni en la web del gobierno congolés ni en la frontera se hace referencia a ese dichoso papel.

El "míster" nos dice que el cuerpo de policía al que pertenece es diferente al de fronteras, que cada uno tiene sus propias normas y éstos no tienen ni idea de qué papeles son necesarios. Le digo, por enésima vez, que no tenemos el documento y que no pagaremos. Y él, con la voz más fuerte que la mía, sigue con lo de los 100 dólares; o que si no, le acompañemos hasta su jefe que éste sí sabrá cómo decirnos que nos falta el maldito papel. Le hago saber que no vamos a acompañarle a ningún sitio.

El "secreta" -que no lo debe ser tanto, pues se nos ha presentado y habla a voz en alto para que lo oigan un grupo de hombres que están sentados cerca de nosotros- insiste en que necesitamos un permiso especial para hacer fotos, que estamos en una zona calificada como "roja" y que él está para garantizar la seguridad de los habitantes de la ciudad.

El grupo de seis o siete hombres, que están a tan sólo un par de metros, va siguiendo el rifi-rafe y, por sus gestos, dan la razón al poli. Evidentemente, no se pondrán al lado de una mujer extranjera que está despotricando.

Como la situación se pone cada vez más tensa, mi compañero me propone llamar a Baganda, para que nos eche una mano. Lo llamo, le explico rápidamente la situación y me pide que pase el teléfono al policía, para hablar con él.

A los 10 minutos llega Baganda Fakage. Me pregunta si ya hemos tramitado el permiso para los gorilas y que se lo deje (en el documento, entre los deberes y derechos de los visitantes al Parque, está la autorización para hacer fotos). El policía dice que esto sólo autoriza a hacer fotos dentro del Parque y que nosotros necesitamos un permiso, emitido por no sé qué organismo de turismo, para hacer fotos en la calle y que cuesta 100 dólares.

Baganda, con el resguardo del banco conforme hemos pagado 800 dólares, le dice al policía que no vamos a pagar más. Nos indica que subamos a su coche y, por el retrovisor, vemos que se alejan unos pasos de los oyentes y siguen hablando 20 minutos más. Al final suben los dos al coche de Baganda y nos ponemos en marcha. No sabemos de qué han hablado, pero nos hemos librado de pagar y/o de ir a ver al jefe del secreta.

No sé a dónde vamos hasta que llegamos al hotel. Entonces nuestro amigo congolés se despide de nosotros diciendo que nos vendrá a buscar esta tarde para ir a un campo de refugiados. El policía también nos dice adiós, cordialmente, y se van en el coche.

2 comentarios:

  1. ¿Nunca has sabido qué hablaron para libraros de pagar el "permiso"?

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    Respuestas
    1. Pues no se lo pregunté, Itziar, y no sé si ahora se acordará; quizás se lo pregunto y te digo ¿vale?
      ¡Besazos!

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