9 feb. 2010

Parque Nacional Queen Elizabeth


A primera hora de la mañana, nuestro ya amigo Paulin nos acompaña hasta el lugar desde donde salen los taxis compartidos y concertamos un precio hasta Kasindi -la frontera con Uganda-, donde nos espera un amigo suyo en un taxi, quien nos ayuda a hacer los trámites fronterizos y en menos de una hora salimos de la República Democrática del Congo por unos días y entramos en Uganda.

En el mismo taxi llegamos hasta la entrada del Queen Elizabeth National Park; pagamos dos días de estancia dentro del Parque y la tasa del vehículo, para circular por el interior del mismo hasta el alojamiento: el Hostel Mweya, donde nos deja el taxista.


Una malcarada, y con cara de aburrida, recepcionista del alojamiento, sólo quiere que le paguemos en shillings; como no tenemos suficientes, le proponemos hacerlo en dólares, pero nos pide mucho más comparado con la cifra en la moneda local. Quiere cobrarnos 60 dólares por noche, por una habitación espartana, con los baños comunitarios sin agua caliente y sin taza de wáter; nos parece un despropósito y así se lo decimos.

La otra opción sería el Lodge Safari Park, de lujo y con excelentes vistas, pero los 270 dólares que nos piden por noche no es nuestra manera de gastar dinero y decidimos dormir fuera del Parque. No tenemos medio de transporte para salir.

Acaba de llegar un grupo de turistas en una van y oímos como el conductor se despide de ellos hasta mañana. Nos acercamos a él y le preguntamos si nos puede sacar del parque; acepta y, además, va a llevarnos a un alojamiento mucho más barato en Katwe, pequeña aldea situada a 8 Km.

Entramos por una gran puerta de hierro que da a un patio, rodeado de una especie de celdas equipadas con una cama, una mesita y una silla de plástico. En el exterior están las "duchas" y las comunas. No hace falta explicar en qué estado de limpieza se encuentran. No hay nada más.


Llevo calcetines para evitar picaduras de miles de insectos terrestres

Hacemos tiempo para cenar en una especie de bar, donde tomamos un refresco. Anochece y el poblado está completamente a oscuras. En alguno de los comercios encienden una vela, que proporciona una mísera luz.

Cabras y vacas pasean, descansan o hurgan por el centro de la calle sucia de sus excrementos. De repente cae la tormenta de cada día y queda todo embarrado. Veo a mucha gente descalza.

La noche ha sido mejor de lo que esperábamos. Buscamos un lugar donde poder, mínimamente, desayunar y encontramos un local donde preparan café con leche y, al primer trago, me vienen a la memoria recuerdos dormidos: la leche es auténtica de vaca, sin nada que la adultere.


Un corto paseo nos lleva hasta el Lago Katwe, localizado en el interior del cráter de un volcán de 3 Km. de largo, de dónde los lugareños consiguen pesca y también extraen sal.



Hay una familia de hipopótamos; algunos sumergidos y otros jugando. Y, sobre el pasto, una vaca que me mira con mala cara.


Al mediodía, el conductor de la van nos recoge y lleva -de nuevo- hasta el interior del Parque Nacional Queen Elizabeth, situado en el sudoeste de Uganda y a los pies de los bellísimos Montes Rwenzori. Actualmente es el hogar de 95 especies de mamíferos y más de 500 especies de aves.

Durante dos horas navegamos por el Canal Kazinga. Este canal, de 32 Km. de longitud, une el Lake George y el Lake Edward.


Foto Satélite. Lago Edward (izquierda) y Lago George (derecha)
Fuente: Wikipedia


Henry M. Stanley fue el primer europeo en ver el Lago George en 1875, después de seguir el río Katonga desde el Lago Victoria. Navegó por el Canal Kazinga y encontró otro lago mayor, al que le dio el nombre de Edward, por entonces Príncipe de Gales. Este lago, de 77 Km. de ancho por 40 Km. de largo, durante la dictadura de Idi Amin se renombró como Lake Idi Amin; después de su caída del poder recuperó el nombre original.


A lo largo de las dos orillas es posible contemplar gran variedad de fauna que se acerca a beber o a bañarse; principalmente hipopótamos, búfalos de agua, antílopes, algún cocodrilo y diferentes tipos de aves como cormoranes, pelícanos y marabúes, todos ellos conviviendo con cocodrilos de considerable tamaño y acompañados por una frondosa vegetación.





A pesar de haber visto tantos animales hace unas semanas en Kenia, es un placer verlos disfrutar en libertad.

5 comentarios:

  1. Muy interesante, Mercé, lástima que hasta en sitios como estos se aprovechen de los viajeros y los sangren económicamente y haya que estar preocupandose por que sea lo menos posible.
    Besos.

    ResponderEliminar
  2. Son precioses les fotos de natura, genials!!!
    les de l'esglèsia no tenen paraules.

    Gràcies per compartir-ho.

    una abraçada.

    ResponderEliminar
  3. Mercè,m'encanta el nou look que li has donat al blog, i el relat és impressionant com tots els llocs que visites. Si hi ha alguna cosa que no m'agrada d'Africa és que es pensen que som euros amb potes i sempre volen treure profit. Lo del genocidi no te nom...sense paraule...Una abraçada...

    ResponderEliminar
  4. Kigali es una ciudad importante en mi vida, me trae recuerdos imborrables, muchos de ellos dolorosos, pero siempre la llevaré en el corazón.
    Un saludo y gracias por tus valiosos relatos

    ResponderEliminar
  5. La historia de la Iglesia Ntarama, junto a las fotos, me dejó acongojada. No me animo a imaginar el horror que se vivió en ese lugar ...

    ResponderEliminar

Si quieres, deja un comentario. Te responderé a la mayor brevedad posible.
¡Gracias!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...