3 mar. 2010

Bukavu (III): El Padre Donato y la casa de acogida "Tumaini ni uzima"


Mientras el Padre Donato estaba ampliando estudios en Madrid, le llegaron malísimas noticias desde Bukavu: Muchas menores están vagando por las calles de la ciudad y, otras, prostituyéndose. Y resolvió regresar a su país para ayudar en lo que fuera posible.

Cuando la guerrilla irrumpe en los poblados, roba, viola, mutila y/o mata a las mujeres delante de su familia, manteniendo a la población atemorizada. A algunas, se las llevan a la selva donde las violan repetidamente y, si se quedan embarazadas, las abandonan a su suerte en la selva.


Las jóvenes intentan regresar a sus poblados en busca de cobijo y puede ser que hayan asesinado a toda su familia. Si ésta ha sobrevivido, las repudian tanto si están embarazadas como no, por motivos culturales. Entonces deciden caminar kilómetros hasta llegar a Bukavu. Una vez aquí, las que no caen en las redes de la prostitución -los prostíbulos se llaman Casas de tolerancia-, son acogidas en la casa que el padre Donato, junto con la Asociación África Tumaini, de Madrid, tiene para estas chicas.

Llegamos a la casa de acogida, Tumaini ni uzima ("La esperanza da vida"). Aquí viven 13 jóvenes con edades entre los 12 y los 22 años y siete bebés, de dos semanas el menor, a 2 años el mayor. Son sus hijos, fruto de las violaciones de los soldados ruandeses o congoleños, o de la prostitución.


Siempre hay quien se entera de que hay alguna menor en las Casas de tolerancia; entonces, el padre Donato acompañado por dos hombres se hacen pasar por clientes y, a solas, hablan con las chicas; les explican la posibilidad de salir de ahí y vivir en la casa, pero no siempre estas visitas tienen éxito: alguna de las menores prefiere ganar el dólar que les pagan.

En Tumaini ni uzima, las jóvenes están bajo la tutela de una mujer adulta que les presta la ayuda que necesiten diariamente. Se turnan en los quehaceres de la casa y en el estudio. Unas acuden por la mañana a clase y otras por la tarde, ocupándose todas del cuidado de sus hijos y los de las otras chicas, además de la limpieza o la compra. A las que quieran, y una vez hayan acabado sus estudios, se les enseñará costura, cocina, panadería, agricultura…etc., para que puedan ser autosuficientes.


Está previsto que las menores pasen aquí cuatro o cinco años hasta que estén rehabilitadas psicológicamente y puedan volver a sus poblados, o sean acogidas por alguna familia.

Una de las más jóvenes está escondida en su habitación donde pasa todas las horas del día, mientras su bebé de pocos meses gatea junto a nosotros. No quiere hacerse cargo de su hijita, le recuerda los momentos de las repetidas violaciones que sufrió y la repudia. Ella, como todas las demás, recibe ayuda psicológica.

Con pesar, el padre Donato nos explica que, para esta ingente labor, pidió ayuda a diferentes órdenes religiosas congoleñas y que ninguna respondió a su llamada.

Pasamos un buen rato hablando con ellas y jugando con los niños. Al despedirnos nos cantan una canción, nos dan las gracias por haberlas visitado y nos piden que no las olvidemos. Imposible que esto ocurra. Me han impactado sus historias, sus miradas y alguna sonrisa que han dejado entrever, a pesar de todo su dolor.


Como esta casa es muy pequeña se ha comprado otra, que está en construcción, donde se podrá acoger hasta 30 chicas y sus hijos. Mañana iremos a verla.


Actualización (año 2013):
El P. Donato ya no está en Bukavu y la Asociación África Tumaini de Madrid ha dejado de existir. El proyecto "Tumaini ni uzima" sigue en marcha
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