27 abr. 2010

Amberes


A primera hora de la mañana subimos a un tren destino Amberes (Antwerpen, en flamenco; Anvers, en francés), a 106 Km. de Brujas.

La Catedral del Ferrocarril -construida en 1905-, como se conoce a Antwerpen-Centraal Station (estación de tren), impresiona. Su techo de cristal y metal, a 35 metros de altura, da cobijo a un interior que se asemeja una basílica con altas columnas de mármol y una elegante escalera.


Dejamos el equipaje en un armario de consigna de la estación y nos disponemos a conocer la ciudad de los diamantes.

De la estación parte la majestuosa calle De Keyserlei, que nos dirige al núcleo histórico. La intuición nos lleva previamente hasta Groen Plaats (Plaza Verde), en cuyo centro se halla una estatua de Rubens.


En la antigüedad enterraban aquí a los pobres, mientras que a los ricos lo hacían en la catedral. Cuando se prohibió esta práctica, echaron una capa de cemento sobre los cadáveres cubriendo la plaza.

Desde este espacio es imposible abstraerse a la espectacularidad y majestuosidad de los 123 metros de altura de Onze-Lieve-VrouweKathedraal (Torre de la Catedral de Nuestra Señora), que domina el entorno y que tenemos muy cerca.


Acabada su construcción en 1521, después de casi 170 años, Nuestra Señora es la iglesia gótica más grande de los Países Bajos. Posteriores remodelaciones la convirtieron en parcialmente barroca (s. XVII) y parcialmente neo-gótica (s. XIX). En su interior se exponen varias obras del pintor Rubens, entre otras obras de arte.

Grote Markt (Plaza Mayor), junto a las calles y construcciones de los alrededores, constituye una de las zonas más bonitas de Amberes. Es el lugar turístico por excelencia y lugar de concentración de los habitantes de esta ciudad cuando hay algún tipo de manifestación.

En ella destaca Stadhuis van Antwerpen (Ayuntamiento), de 1565, con más de 40 puertas y el escudo de armas de Felipe II, en la fachada principal.



Edificios gremiales de los siglos XVI y XVII y la Fuente de Silvius Brabo, en el centro de la plaza, completan el entorno.


La toponimia de la ciudad proviene de la leyenda de Silvius Brabo. Esta leyenda cuenta que un gigante llamado Druoon Antigoon habitaba el río, cobrando un peaje a los barcos que quisieran pasar. Si un barco no pagaba, el gigante cortaba la mano del capitán y la arrojaba al río Schelde (Escalda). Un día, Silvius Bravo -un centurión romano- cortó la mano del gigante y la lanzó al río, venciendo así al tirano Antigoon. De hecho, el nombre neerlandés de la ciudad, Antwerpen, deriva de Ant (mano) y werpen (lanzar).

Desde Grote Markt nos acercamos en un corto paseo, hasta el río Schelde (Escalda) donde se encuentra una vieja fortaleza medieval, Het Steen, construida con fines defensivos de las incursiones vikingas allá por el año 1200 y restaurado por Carlos V en 1520, quien le dio el nombre actual.

Posteriormente se convirtió en prisión para delincuentes peligrosos; extrañamente, sólo la gente de Amberes podía ser encerrada, torturada y ejecutada en este lugar. La que hoy vemos está totalmente reconstruida y alberga un museo naval.


Foto de la Wikipedia, por no disponer de ella

Es curioso encontrar la estatua del gigante Druoon Antigoon custodiando la entrada al castillo.

No queremos perder la ocasión, antes de despedirnos de Amberes, de echar una ojeada por algunos escaparates del rosario de joyerías situadas en Pelikaanstraat, enfrente de la estación de tren, en los que el diamante es el principal reclamo de un negocio en manos de los judíos.

Al anochecer, después de 160 Km. en tren, llegamos a la Centraal Station (Estación Central) de Ámsterdam (Holanda).

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