26 abr. 2010

Brujas, la Venecia del Norte


Desde la estación de tren en Brujas, y por un error de apreciación en el plano de la ciudad, hacemos un pequeño tour, a pie, de varios kilómetros hasta llegar al centro histórico; a la tranquila calle donde se ubica el básico, pero muy bien situado, Lybeer Travellers Hostel.

Iniciamos la visita de la ciudad (en flamenco: Brugge, en francés: Bruges), contemplando el exterior -al no ser hora de visita- de la iglesia parroquial más antigua de Brujas, hoy catedral de la ciudad, Sint Salvatorskathedraal (Catedral de San Salvador). La actual catedral ha sufrido cuatro incendios en su historia, y fue después del tercero en 1358, que aumentó su perímetro.



Se construyó en el siglo IX como una pequeña capilla de estilo románico, cuando la sede del Obispo de Brujas y el edificio religioso más importante de la ciudad era la catedral de Sint Donaas, situada frente al Ayuntamiento. Durante la ocupación francesa, en el siglo XVIII, expulsaron al obispo y destruyeron la Sint Donaas. Después de la Independencia de Bélgica de nuevo se instaló un obispo en Brujas y en ese tiempo la pequeña Iglesia de San Salvador recibió el título de catedral.

Onze-Lieve-Vrouwekerk (Iglesia de Nuestra Señora), con la torre de ladrillo más alta de la ciudad, alberga en su precioso interior numerosas obras de arte y, una de ellas, es de las pocas obras de Miguel Ángel fuera de Italia: la estatua de la figura de La Madonna y el Niño, esculpida en mármol blanco de Carrara.



Esta iglesia fue construida en estilo románico en el siglo XII y en el siglo XIII, fue reconstruida en estilo gótico. El campanario es el edificio más alto de la ciudad y la segunda estructura de ladrillo más alta del mundo. Mide 122 metros.

Frente a esta iglesia se halla Oud Sint-Janshospitaal, el complejo de edificios más antiguo de la ciudad. Uno de ellos es un antiguo hospital -regido en su tiempo por religiosos- que data de 1188 y que acogía a todo tipo de enfermos, heridos y transeúntes. En la actualidad es un museo.

Proseguimos con la visita -que entendemos imprescindible- hasta Begijnhof o Beaterio, situado en el Monastère de la Vigne, una reminiscencia de la Edad Media (s. XIII) en pleno corazón de la ciudad declarado, el 2 de diciembre de 1998, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


Los beaterios eran recintos -una ciudad dentro de otra- que surgieron en los Países Bajos durante la Edad Media con el fin de albergar a las Begijns, un movimiento religioso femenino que surgió cuando la escasez de hombres y las pocas posibilidades de matrimonio para muchas mujeres, las llevaron a buscar alternativas a los conventos. Eran laicas pero se dedicaban a la vida espiritual, a los rezos, al estudio, al arte, al cuidado de enfermos y a la caridad. Se autoabastecían con su trabajo, la artesanía textil, la enfermería, y con las herencias que les dejaban.

Visitar Begijnhof permite trasladarse al pasado, conociendo parte de las costumbres medievales. Accedemos a través del puente erigido sobre el canal, donde después de atravesar una puerta del año 1776, se pueden encontrar una variada cantidad de casas, construidas desde el siglo XV hasta el XIX.



El pequeño bosque que tiene en su interior es mágico, y la diminuta iglesia barroca -de 1700, aunque sus orígenes datan de 1584-, bien merece una visita tanto por sí misma como por las valiosas obras de arte que hay en su interior. Coincidiendo con nuestra visita, un grupo de 20 monjas benedictinas, que viven aquí, celebran la Eucaristía y acaban con una oración coral en gregoriano.

En el bellísimo y relajante MinneWaterpark (Parque del Lago del Amor) tomamos un respiro, mientras disfrutamos del paisaje.


Continuamos el camino por diversas calles de Brujas, que nos alejan de las rutas frecuentadas por el turismo y nos llevan hasta Heilige-Magalenakerk (Iglesia de la Magdalena) -en el llamado triángulo de oro-, en la confluencia de las calles Nieuwe Gentwe, Stalijzerstraat y Gentpoortstraat, y al lado del Astripark (Parque de la Reina Astrid).



Heilige-Magalenakerk

Las calles, los canales y puentes de esta bella ciudad hacen de ella un lugar singular y muy agradable para conocerla. Personalmente la prefiero a Venecia, aunque a Brujas, se la apode La Venecia del Norte.


Al fondo, la torre Belfort

En un restaurante de clientela local, y cuya dueña habla español, comemos a un precio asequible comparado con los precios que se estilan en el centro.

Tras cruzar el Astripark, lugar de esparcimiento de parejas y familias en un entorno muy bien cuidado de jardines estilo inglés, césped, árboles y un estanque central, nos adentramos en la calle Rozenhoedkaai para visitar Vismarkt (Mercado del Pescado), que sigue funcionando unas cuantas veces por semana y al que encontramos con los puestos a medio cerrar.

Unos metros más adelante, en la plaza Burg (fortín), los edificios compiten entre sí en su afán de atraer la mirada de los muchos visitantes que en ella se citan. Sin lugar a dudas, Brugse Vrije, que antaño albergó a los juzgados de la ciudad, atrae todas las miradas; también el edificio Stadhuis van Brugge (Ayuntamiento), y pegado a él, en una esquina, está Heilig-Bloedbasiliek (Basílica de la Santa Sangre, s. XII), cuya planta baja de estilo románico ubica la basílica y en la superior, de estilo gótico, se guarda la famosa Reliquia de la Santa Sangre de Jesucristo, supuestamente recogida por José de Arimatea y traída de Tierra Santa por Thierry de Alsacia, conde de Flandes en el siglo XII.


Brugse Vrije


Stadhuis van Brugge


Heilig-Bloedbasiliek

Los escaparates de esta zona de Brujas son casi monográficos, con bellísimas exposiciones de diferentes elementos hechos en encaje clásico de bolillos: mantelerías, tapetes, pañuelos, broches, puntos de libro...


Hacia el siglo XV Brujas cultivó el arte del encaje de bolillos como nadie. Su producción fue unida a su declive como antigua potencia comercial. En el siglo XVIII, la mitad de sus apenas 30.000 habitantes vivía en la pobreza, mientras la aristocracia y descendientes de la burguesía más pudiente se refinaba y adornaba sus puños y cuellos con encajes.


Esta moda causó furor en toda Europa, así que las ciudades de Flandes se dedicaron con esmero a tejer encajes. Cada una se especializó en un punto diferente. El de Brujas era el Punto del hada, el más complicado y delicado. Lástima que hoy muy pocos son capaces de realizarlo, además de que es muy difícil encontrar materiales tan finos.

Actualmente el Kantcentrum (Centro del encaje de Brujas), mantiene esta tradición y posee una escuela para iniciar a los artesanos que lo deseen. El centro está abierto al público. No puedo dejar de comprar un par de libros para mi hermana, que tiene manos de oro para realizar todo tipo de encajes: del clásico al contemporáneo.

Dejamos expresamente para el final la visita al corazón de Brujas -declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000-, que se articula alrededor de la principal plaza de la ciudad, la Grote Markt (Plaza del Mercado), circundada por espléndidas fachadas como las de Provinciaal Hof o Corte Provincial, el Salón de los Tejidos o De Lakenhalle y el imponente monumento conocido como Atalaya o Campanario de Brujas, Belfort van Brugge, símbolo de la libertad y de la autonomía de la ciudad. Con 83 metros de altura, ofrece una vista panorámica de la ciudad una vez se han subido 366 escalones; además alberga el mecanismo del reloj y 46 campanas.


Provinciaal Hof


Belfort

El campanario, con sus portales, data del siglo XIII y es, después del Sint-Janshospitaal (Hospital de San Juan), el complejo de edificios más antiguo de Brujas. El Hospital de San Juan cuenta con más de ocho siglos de historia de monjas y hermanos cuidando a peregrinos, viajeros y enfermos.


Belfort

Esta plaza, un entorno de bella arquitectura neogótica -la imagen más conocida de la ciudad-, ha sido degradada visualmente: paradas de coches de caballos y restaurantes con sus terrazas de toldos de color verde copan la mayor parte de ella, y para mayor desilusión, han instalado atracciones de feria y puestos de comida en el mismo centro. Me niego a hacer siquiera una foto general del entorno.

Desde Grote Markt subimos por la bulliciosa y comercial Steenstraat hasta llegar a la amplia plaza ‘T Zand, muy cerca de donde nos alojamos.

Brujas nos ha gustado, pero, quizá, no tanto como Gante. El turismo inunda sus calles y la ciudad es cara, muy cara: 35.000 euros mensuales suelen pagar por el alquiler de locales, en edificios históricos de la Steenstraat, firmas internacionales de moda.

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