15 may. 2010

Jerusalén: Basílica de las Naciones, Huerto de Getsemaní, Basílica del Santo Sepulcro


Desde Ramallah regresamos en autobús a Jerusalén. En el trayecto hemos de pasar por un check-point donde descendemos todos los pasajeros; el autobús nos esperará en el otro lado. En fila india accedemos a una especie de jaula, con gruesos barrotes, en donde no podemos ir dos personas de lado. Al final de este largo pasillo hay un acceso con barras giratorias -en vez de puerta-, controlado por policías israelíes que están "al otro lado". Cada tres personas se bloquea el giro, con el consiguiente acorralamiento -entre los barrotes- de las personas que se encuentran en el interior.


Foto extraída de internet, sin autoría específica

Una vez pasada la puerta giratoria, pongo el equipaje de mano y la cámara fotográfica en una cinta y desde un monitor comprueban su interior. Lo recojo y quedo frente a una especie de búnker. En su interior hay una joven policía israelí, repantigada en una silla mascando chicle y me vocea que le enseñe el pasaporte. Se lo enseño. Vuelve a vocear: "Visa", abro la página correspondiente y se la arrimo al grueso cristal. Sin dejar de mascar chicle y con la boca abierta, me hace un gesto con la cabeza para que pase. No entiendo mi sumisión…

En el exterior, el bus está esperando y vuelve de regreso a Jerusalén. Descendemos por Nablus Road hasta llegar a Bab al-Amoud (Puerta de Damasco).


Cruzamos el souq (zoco), y por Al-Wad Street y la Vía Dolorosa llegamos hasta la Basílica del Santo Sepulcro, que no visitamos por la inmensa cola que hay para acceder a él. Ya volveremos en otro momento.

Nos perdemos por callejones del barrio cristiano, lleno ya de turistas y peregrinos que pasarán la Semana Santa aquí.



Por la Puerta de los Leones salimos a Jericho Road y enfilamos el Monte de los Olivos hasta llegar al hotel.


Temprano por la mañana, nos dirigimos otra vez por Jericho Road hacia la Basílica de Getsemaní, también llamada Basílica de las Naciones, templo católico en los terrenos del Huerto de Getsemaní, en cuyo interior se guarda la Roca de la Agonía, donde se dice que Jesús oró antes de su apresamiento: "Llegaron a una finca que se llama Getsemaní y dijo a sus discípulos: -Sentaos aquí mientras yo voy a orar". (Marcos 14, 32).


Fue edificada a primeros del siglo XX, mediante fondos de diversas naciones, de ahí su sobrenombre. Seis columnas sostienen 12 cúpulas, cuyos interiores están decorados con mosaicos que representan los emblemas nacionales de los países donantes.


Subiendo por una calle lateral y justo al lado de esta Basílica, entramos en el Huerto de Getsemaní o Huerto de los Olivos. El nombre de Getsemaní procede del vocablo arameo Gath-Šmânê, que significa 'prensa de aceite'.

Mi mirada se asombra frente a los venerables olivos que aquí se alzan, protegidos por una pequeña verja de hierro.


Hemos de recordar que durante el asedio de Jerusalén, en el año 70 d.C., los romanos asolaron el campo circundante y cortaron todos los árboles necesarios para la construcción de terraplenes. La tala de los árboles alrededor de las murallas facilitaba la vigilancia e impedía los intentos de huida de los asediados. El Huerto de los Olivos debió de sufrir el mismo destino. Así pues, creo que estos olivos no son más que nuevos árboles que nacieron de las raíces primitivas, aunque por sus retorcidos y amplísimos troncos deben ser muy viejos.

El profundo silencio de este pequeño jardín, sólo roto por el canto de los pájaros, hace que sienta el peso de la historia de este lugar.

Llevo entre mis manos los dos pañuelos palestinos que he comprado, uno para una amiga y el otro para mí. Como no se puede acceder hasta los olivos, le pido a uno de los guardianes que pase los pañuelos por el olivo más anciano, corte una pequeña ramita y que en una bolsa que llevo, ponga un puñado de tierra para mi padre y para mi amiga. Lo hace sin extrañarse y, emocionada, le doy las gracias.


Salimos de este recinto, con mi pequeño tesoro entre las manos y, unos metros más abajo, justo al lado de la Iglesia de la Asunción está la Gruta de Getsemaní o Cueva del Prendimiento, lugar de la traición y del arresto de Jesús: "… Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: -Al que yo besare, aquél es; prendedle" (Mt. 26, 48).


Entramos otra vez a la ciudad vieja por Bab al-Asbat (Puerta de los Leones) y siguiendo por la ya conocida Vía Dolorosa nos adentramos por diferentes callejas hasta llegar al recinto de la Basílica del Santo Sepulcro, lugar religioso y de peregrinación de cristianos católicos y ortodoxos.


Foto extraída de la red, sin autoría explícita

Aquí se encuentran los lugares santos de la muerte y resurrección de Jesús: La Piedra de la Unción, el Gólgota o Calvario, lugar exacto de la Crucifixión de Jesucristo, y el Santo Sepulcro. Además alberga diversas capillas ortodoxas y católicas, como la de los franciscanos, custodios de Tierra Santa. En tiempo de Jesús este lugar estaba cerca de la muralla, pero extramuros y próxima a una de las puertas de la ciudad.



Probablemente la Roca del Gólgota, que asemejaba una calavera, era el lugar público de ejecución usado por los romanos. Los palos verticales estarían allí puestos de modo permanente y el reo portaba solo el madero transversal sobre sus hombros. En el entorno había un huerto, justo al lado de una cantera de piedra ya abandonada. Varias de las cuevas en esta cantera eran utilizadas como sepulcros. José de Arimatea cedió una de ellas para que enterrasen a Jesús.


Sobre los Santos Lugares, el emperador Constantino hizo construir una impresionante basílica, que fue más tarde destruida por los musulmanes. La iglesia actual, que data del siglo XII, fue reconstruida por los cruzados sobre las ruinas de la antigua basílica. Me sorprende el hecho de que el Gógota y el Sepulcro estén tan cerca y puedan albergarse bajo el techo de una misma iglesia.

Justo en el centro de la Basílica, y debajo de la gran cúpula, está el templete con los restos de la roca horadada donde estuvo enterrado el cuerpo de Cristo; el Sepulcro. La capilla es utilizada por diversas confesiones cristianas que tienen derecho a celebrar en ella sus cultos. Una rígida ordenanza establece el uso del templo por ortodoxos griegos, latinos, armenios, coptos y etíopes.



Las diferentes órdenes cristianas defienden, desde hace siglos, la titularidad del templo del Santo Sepulcro. Pero, ¿quién tiene las llaves de uno de los principales santuarios de la cristiandad? El resentimiento entre las diferentes confesiones cristianas obligó, hace ya ocho siglos, a que la llave del templo esté en manos de una familia musulmana. Uno de sus miembros -descendiente de una prominente familia, sabiéndose su principal guardián- custodia el lugar con riguroso celo y una neutralidad consagrada por la tradición, y acude cada día al santuario para abrirlo y cerrarlo.

Una vez al año, los depositarios de la llave la entregan como privilegio especial a las tres iglesias principales: a los franciscanos, custodios de Tierra Santa desde hace ocho siglos y miembros de la Iglesia católica-romana, el Jueves Santo; a los greco-ortodoxos, el Viernes Santo; y a los armenios el Sábado de Gloria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Si quieres, deja un comentario. Te responderé a la mayor brevedad posible.
¡Gracias!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...