15 may. 2010

Ramallah y la Muqataa


Un taxi nos lleva hasta la parada de autobuses situada en Nablus Road y, a las ocho de la mañana subimos a uno que nos lleva hasta Ramallah ( رام الله ), en 40 minutos. Durante el trayecto vemos el primer trozo del Muro de la Vergüenza y se me encoje el corazón.


Como el resto de Cisjordania, Ramallah estuvo bajo ocupación jordana desde la guerra de 1948 hasta la Guerra de los Seis Días en que fue ocupada por las tropas israelíes, como el resto del territorio al oeste del río Jordán. En 1994, la ciudad fue entregada por Israel a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) dentro de los Acuerdos de Oslo, firmados en 1993, siendo desde entonces administrada por ésta.


En lo alto de una pequeña colina está situada la Muqataa, ( المقاطعة, Al-Muqāṭa’a) sede de la Autoridad Nacional Palestina, que fue destruida completamente en 2002 por el ejército israelí y donde se ha levantado un mausoleo en el que se encuentra la tumba de Yasir Arafat, desde su fallecimiento el 11 de noviembre 2004. Está previsto que sus restos sean trasladados a la Mezquita de la Roca, en Jerusalén, cuando Palestina sea un país de facto.


La tumba está permanentemente custodiada por dos militares. En la actualidad, la sede de la ANP se encuentra en otro lugar.


Arafat entabló negociaciones con el gobierno de Israel para terminar con el conflicto de décadas entre este país y la OLP. Estos incluyeron la Conferencia de Paz de Madrid, los Acuerdos de Oslo y la Cumbre de Camp David de 2000. Sus rivales políticos, incluyendo a los islamistas y varios izquierdistas de la OLP, le criticaban a menudo por ser corrupto o demasiado sumiso en sus concesiones al gobierno de Israel.

En 1994, Arafat recibió el Premio Nobel de la Paz, junto a Isaac Rabin y Shimon Peres, por las negociaciones de Oslo. Durante este tiempo, Hamas y otras organizaciones militares tomaron el poder y sacudieron los cimientos de la autoridad de Fatah, que Arafat había establecido en los Territorios Palestinos.


Murió en la madrugada del 11 de noviembre de 2004 debido a una hemorragia cerebral, según los medios de prensa. Algunas fuentes afirman que murió por envenenamiento urdido por los servicios secretos israelíes.

En julio de 2012, la cadena de noticias qatarí Al-Jazeera publicó una investigación de nueve meses en la que distintas pruebas, realizadas por el prestigioso Centro de Medicina Legal del Hospital Universitario de Lausana (Suiza), determinaron que las pertenencias de Arafat -especialmente las que habían estado en contacto con sus fluidos corporales- contenían un nivel extremadamente alto de polonio 210, un material radioactivo, y que esto no era explicable por causas naturales, lo que sugiere un envenenamiento como posible causa de su muerte.

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, ordenó al comité encargado de investigar las causas de la enfermedad y la muerte de Arafat que tratase de averiguar la verdad sobre este tema y aceptó que se exhumase el cadáver con ese fin.

Unas horas antes, Suha Arafat, la viuda de Yasir, ya había pedido la exhumación de los restos mortales de su marido. Finalmente a fecha de 27 de noviembre de 2012, se procedió a exhumar el cadáver de Arafat, bajo supervisión rusa, para esclarecer si fue envenenado. Expertos forenses suizos, rusos y franceses tomaron muestras de los restos para su estudio. En noviembre de 2013, el equipo suizo determinó que las muestras tenían niveles de polonio 210 dieciocho veces superiores a lo normal.

(Texto extraído de diversas fuentes).

Volvemos hacia el centro de la ciudad, pues queremos visitar el Centro Hispano Palestino, con el que contacté antes de salir de Barcelona. Nos recibe Hazem, palestino cristiano-ortodoxo, residente en Belén, de padre palestino y madre gallega. Estamos más de dos horas de charla, inclusive un rato con el director del Centro. Salimos con un poco más de "sabiduría" de la situación árabe-israelí, de Hamas, Fateh y Gaza.

Paseando por la ciudad, no puedo resistir comprar unos deliciosos pastelitos árabes.


En el restaurante donde comemos observo a muchas jóvenes ataviadas con el hijab; pero, de la manera que lo llevan, el resto de su vestuario, sus movimientos y sus risas, no parece que sea una prenda impuesta; me parece más un signo de elegancia y coquetería. También hay muchas chicas con la cabeza descubierta.

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