26 jul. 2010

Lisboa: Oceanario, Bairro Alto y Fados


En una parada cercana al hotel, subimos a un autobús hasta el Parque das Nações lugar donde se celebró la Exposición Universal, en 1998.

Por amplias calles llegamos hasta el Oceanário de Lisboa -museo de biología marina-, recuerda a un portaaviones y está situado en el puerto y rodeado de agua. Es el segundo oceanario mayor del mundo, en el que disfrutamos durante casi dos horas de variedad de peces, aves, mamíferos y otros habitantes marinos.


Extraída de internet; sin autoría específica

El edificio tiene dos plantas: nivel terrestre y nivel subacuático, que rodean a un gran acuario central de paredes acrílicas de 27 cm. de espesor, donde se encuentran los peces más grandes (tiburones, atunes, rayas, peces manta, barracudas, etc). Aunque pretende ser una representación del océano abierto, ha sido criticado por varios científicos por el hecho de juntar especies poco relacionadas en el mismo espacio.




Se compone de cuatro zonas bien diferenciadas en las que se representan los hábitats de los océanos Pacífico, Índico, Atlántico y Antártico.


Una familia de nutrias juguetea entre plantas acuáticas. Estos sorprendentes animalillos son los únicos mamíferos marinos que utilizan herramientas: abren los caparazones de los moluscos golpeándolos con una piedra.


En la zona del Antártico, por su fría superficie de hielo artificial, se pasea una colonia de elegantes pingüinos de Magallanes.


Una gran variedad de corales, estrellas de mar, cangrejos gigantes, percebes, caracoles, caballitos de mar, medusas, calamares, pulpos y anémonas completan las especies de este gran museo.


De regreso a la Praça do Rossio y subiendo por una calle empinada, llegamos al Bairro Alto. Esta zona es un palco para la cultura popular y erudita. Cualquier noche de la semana la oferta es variada. Es el epicentro de las primeras horas nocturnas lisboetas. Sus callejuelas están llenas de bares pequeños, en muchos de los cuales casi no se puede estar por falta de espacio; entonces, se sacan las bebidas a la calle y se montan tertulias entre los amigos, haga frío o no.

Pasear por este barrio es respirar ambiente de Fado. Hay muchos restaurantes, que lo ofertan a unos precios desorbitados y de ambiente muy turístico.

Buscamos un local que nos han recomendado: A Tasca do Chico, en la Rua do Diario de Noticias, 39, un lugar pequeño de ambiente auténticamente portugués. Falta más de media hora para las 10 de la noche -hora que cierran las puertas para empezar las actuaciones- y el local ya está lleno. Al momento de entrar un señor, que puede ser el dueño, nos hace sitio en uno de los bancos frente a las mesas de madera. No es obligatorio consumir, pero pedimos un refresco cada uno.


Apagan las luces y dejan unas tenues lamparillas encendidas. Un joven rasguea unos acordes en su guitarra y otro hace sonar una viola, y el señor que nos ha recibido, João Carlos, empieza a desgranar un canto lleno de melancolía: el fado.


Una de las mejores definiciones de fado nos la ofrece la propia Amália Rodrígues (1920-1999), considerada la mejor exponente de este género musical, en su canción Tudo isto é fado:

Amor, ciúme
Cinzas e lime
Dor e pecado
Tudo isto existe
Tudo isto é triste
Tudo isto é fado

(Amor, celos/ceniza y fuego/dolor y pecado/Todo esto existe/Todo esto es triste/Todo esto es fado).

En las dos horas que pasamos en este entrañable lugar varios artistas cantan, hasta que uno de los jóvenes -de la mesa contigua a la nuestra- sale a cantar y todo el grupo de sus amigos corea con él.

Al salir y después de despedirnos del dueño-cantante, felicitamos al joven por su magnífica voz y por la pasión que ha puesto en su canto. A Tasca do Chico o melhor lugar para se ouvir fado em Lisboa.

Nuestra estancia en Lisboa ha llegado a su fin. La ciudad nos ha entusiasmado por lo bonita, limpia y acogedora que es, y por la amabilidad de las personas con las que hemos hablado que, sin dudarlo, intentaban hablar alguna palabra en español, como nosotros en portugués. Hemos disfrutado con la comida, muy "hermana" de la española, y con los pueblos y paisajes cercanos a la capital lusa.

Lisboa pertenece al género de ciudades con encanto. Su color dorado, mezcla de oro y ocre, imprime el sabor de lo antiguo, no en vano fue cabeza de imperio colonial. De la capital portuguesa emana el olor añejo en fachadas y calles, en tranvías y plazas.

Lisboa recuerda los versos de Pessoa, Saramago o Queiroz.


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