23 jul. 2010

Lisboa: primer contacto con la ciudad


Sólo dos horas de viaje en avión separan Barcelona de Lisboa levantada por los fenicios a orillas del río Tajo (Tejo en portugués) y cuna del Fado.

En el aeropuerto subimos al Aerobús, que nos deja en la Avenida Fontes Pereira de Melo a tan sólo 50 metros del Hotel Eduardo VII, donde tenemos hecha la reserva para estos días.

Bajo un cielo azul y los rayos tímidos de un sol invernal nos proponemos conocer la ciudad.

Nuestros pasos no llevan hasta la Praça Marqués de Pombal, cuya estatua -sobre un obelisco- recuerda, a los lisboetas y a los que hasta aquí nos acercamos, a uno de los políticos más influyentes de Portugal durante el reinado de José I y quien, en 1760, hizo reconstruir la ciudad tras el terremoto y posterior incendio de 1755.


Frente a la rotonda se extiende la elegante Avenida da Libertade, con cuidados jardines, árboles y dibujos en las aceras a modo de mosaicos, mezclando piedra caliza y piedra basáltica. Es una de las principales arterias comerciales de la ciudad, donde están los bancos y hoteles más conocidos internacionalmente. Sorprende que, siendo una vía importante, circulan pocos vehículos, lo que es de agradecer para poder disfrutar del entorno sin el molesto ruido de los motores.

Seguimos con nuestro paseo y llegamos hasta la Praça dos Restauradores que, con su gran obelisco, recuerda la Independencia de Portugal frente a España, en 1640. En torno a la plaza hay sobrios y elegantes edificios que datan de los siglos XIX y XX, todos ellos muy bien restaurados y conservados; entre ellos la Estação do Rossio.


Unos metros más adelante disfrutamos de la grandiosidad y belleza de la Praça de Dom Pedro IV, llamada popularmente Praça Rossio, sencillo nombre de sus orígenes medievales. Fue escenario de revueltas y festejos populares, hacía las veces de plaza de toros y asistió a cruentas ejecuciones en tiempos de la Inquisición, triste función que compartía con la Praça do Comércio.


Autor: Lalupa - Fuente: Wikimedia Commons

En el siglo XIX la plaza fue cubierta con los típicos mosaicos portugueses -de piedra caliza y piedra basáltica- y adornada con dos fuentes de bronce importadas de Francia. Ha sido y es el centro neurálgico de La Baixa Pombalina.


Desde aquí se accede a la Rua Augusta, calle principal y comercial de La Baixa Pombalina, que finaliza con un Arco Triunfal construido para celebrar la reconstrucción de la ciudad después del gran terremoto de 1755 y que da entrada a la Praça do Comércio.


Bajando por Rua Augusta encontramos a mano derecha el Elevador de Santa Justa, también llamado Elevador do Carmo, que une los barrios de La Baixa con Chiado o Bairro Alto. Como el centro histórico se eleva sobre siete colinas, en algunos lugares se encuentran estos elevadores para acceder más fácilmente a las calles superiores. Al igual que los tranvías, no es sólo un medio de transporte sino que se ha convertido en una atracción turística.


Finalmente, llegamos a la Praça do Comércio -que no podemos disfrutar en su totalidad ya que está vallada por obras-, considerada una de las más grandes de Europa. Fue escenario de importantes acontecimientos históricos, como el levantamiento de las fuerzas armadas el 25 de abril de 1974, llamada Revolução dos Cravos ( Revolución de los Claveles), que provocó la caída de la dictadura en Portugal.

A las 0.20 del día 25 de abril de 1974 Portugal despertaba al ritmo que marcaban los tambores de Revolución.

En el programa "Limite" de Radio Renascença, se emitió Grândola, Vila Morena -canción que estaba prohibida por el régimen, compuesta en 1971 por "Zeca" Afonso (1929-1987)-, que era la última señal para dar comienzo al movimiento revolucionario que derrotaría a la dictadura de António de Oliveira Salazar, que se convirtió en una de las dictaduras más longevas de Europa.


Las fuerzas del ejército portugués, organizadas por el MFA, serían las encargadas de conseguir la libertad con el apoyo del pueblo que las cobijó con la colocación de claveles rojos en las bocas de los cañones de los tanques y los fusiles de los soldados.

La Praça do Comércio se compone de un conjunto de edificios porticados en tres de sus lados, y el cuarto está abierto mirando al río Tejo. Históricamente aquí llegaban los barcos mercantes y ésta era la puerta de entrada a Lisboa.

Vamos hasta la orilla del río y nos sentamos un rato al lado del agua, mientras observamos cuán amplio es el estuario: parece un mar de agua dulce. Dos puentes unen la ciudad con la otra orilla: el Ponte 25 de Abril, nombre que conmemora la Revolución de los Claveles y el Ponte Vasco de Gama, de 18 Km. de longitud, siendo el más largo de Europa y uno de los más largos del mundo.

Situados en la Praça do Comércio y mirando hacia la Rua Augusta de espaldas al Tajo, tenemos a la izquierda la colina donde está el Chiado y más arriba el Bairro Alto; y a la derecha, la colina donde se encuentra la Catedral y el Castelo de São Jorge, en el Bairro Alfama. Entre las dos colinas está la Baixa Pombalina, que es el valle que las separa y donde se encuentran las plazas y avenidas mencionadas anteriormente.

El Marqués de Pombal (de ahí el nombre del barrio) diseñó calles amplias, paralelas y perpendiculares entre sí, entorno a las plazas Rossío y Comerço. Los edificios son bellísimos, con azulejos en la fachada y elegantes balconadas en forja.


El sol empieza a caer y retomamos el camino de regreso tranquilamente y disfrutando de la luz de los faroles encendidos, que embellecen los bien conservados edificios y dan a la ciudad un aire de cierta elegancia.

En el año 1495 accedió al trono Manuel I; su reinado está unido a los más importantes descubrimientos y a los monumentos más notables de Lisboa, cuyo estilo es conocido con el nombre de manuelino.

Así se construyó, a finales del s. XIX, la bellísima Estação do Rossio -situada entre la Praça dos Restauradores y la Praça Rossio -, que no pasa en absoluto desapercibida y más con la iluminación nocturna. Podría parecer un palacio por la profusión de su decoración. En la fachada hay una pequeña torre con un reloj, que remata la parte superior del edificio, y dos arcos moriscos conducen a su interior.


El impresionante techo de los andenes fue idea de Gustave Eiffel -creador de la Torre Eiffel de París. Llama la atención que las plataformas se encuentran unos cuantos metros por encima del nivel de la entrada principal: el edificio fue construido en la ladera de la colina del Bairro Alto.


Merece una visita, aun cuando no pienses tomar el tren. Mañana la contemplaremos con luz natural: iremos a Sintra.

4 comentarios:

  1. Justo hace un año hice este mismo viaje.
    Preciosas, tus fotografias.
    Besos.

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  2. Hola Ma.Mercé: de regreso en casa, puedo finalmente sentarme a disfrutar de tú blog y tus relatos ...
    Em primer lugar sé muy bien el esfuerzo y tiempo que lleva 'postear' una nota como la que has realizado sobre Lisboa y Sintra y ya por ello mereces mi respeto y agradecimiento!

    ... y en segundo lugar, claro que invitas a viajar hacia allí con tus relatos y fotografías. Me pasa que busco el sol cada vez que viajo a un sitio que no conozco, pero una vez allí y sí llueve o hay niebla (me acaba de pasar en la bella Zürich), lo disfruto de otra manera y creo que tus fotos del palacio con niebla tienen un encanto particular ...
    Yo sí hubiera entrada en esa quinta masónica: no me atraen esos rituales, pero conoces la expresión que dice "la curiosidad mató al gato", bueno, ése soy yo! JAJAJAJAJAJA

    Un saludo grande, y te seguiré leyendo como siempre!

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  3. Hola Mercè, estupendo reportaje sobre estas bellas ciudades de Portugal, ese pais lleno de encanto que a veces dejamos de lado por nuestra cercania. Preciosas fotos.
    Un abrazo.

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  4. Adoramos este teu relato. Ainda bem que gostaste da dica das Azenhas do Mar :) Aguardamos pelas restantes crónicas do vosso passeio a Portugal.
    Besos

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