24 jul. 2010

Sintra. Azenhas do Mar, donde hay "casas brancas tão pequenas que parecem casas de bonecas"


El viaje hasta Sintra ha durado tan sólo 45 minutos. La ciudad, de origen celta y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995, está construida a lo largo de la ladera de la Sierra de Sintra y enclavada en el corazón del Parque Natural Sintra-Cascais. La familia real portuguesa construyó aquí dos palacios para utilizarlos como residencia vacacional.

Frente a la estación del ferrocarril está la oficina de la compañía de microbuses Scott donde compramos los billetes para subir hasta el Palácio Nacional da Pena (Palacio Nacional de la Peña), sito en lo alto de una de las cimas de la Sierra. El bus nos deja en una pequeña explanada y todavía hemos de subir unos 20 minutos a pie. Empieza a lloviznar.


Extraída de internet, sin autoría específica

Fue el príncipe alemán Fernando de Sajonia Coburgo-Gotha -que contrajo enlace con la reina María II, convirtiéndose en rey consorte de Portugal y adquiriendo el nombre de Fernando II-, quien ordenó la construcción del palacio en 1836. El príncipe se enamoró de la zona en una excursión que realizó junto a su esposa. Fue entonces cuando la pareja real pudo contemplar las ruinas de un antiguo monasterio devastado a raíz del terremoto de 1755. Estas ruinas únicamente conservaban intacta la capilla con un magnífico retablo de alabastro.

Este palacio, asentado sobre grandes peñascos, presenta una mezcla de estilos arquitectónicos totalmente intencionada, que van desde el neogótico hasta al neo-islámico, pasando por el neo-renacimiento y trazos de neo-manuelino. La mentalidad romántica del siglo XIX estaba fascinada por todo lo exótico y el rey quiso plasmarlo en su nueva residencia.



Personalmente no me gusta esta mezcla de estilos, aunque he de reconocer que es sorpresiva y más si el exterior de los edificios, que componen la totalidad del palacio, está pintado en colores tales como amarillo, rosa y gris.

Nos habían recomendado venir en un día despejado para poder contemplar el paisaje, pero una espesa niebla está agarrada en la montaña. Durante nuestro paseo por el exterior, va descendiendo y colándose -como un fantasma-, entre los muros y nosotros. Contemplar este espacio entre la bruma tiene un especial encanto.


La fachada principal está revestida con azulejos hispano-árabes de piedra policromada.


Atravesamos la segunda puerta, donde sorprende el llamado Arco del Tritón, una extraña criatura medio hombre medio pez -alegoría de la creación del mundo-, que parece estar sujetando el balcón que hay en el primer piso.


Este pórtico lleva al Patio dos Arcos, de estilo morisco; desde aquí se ingresa a la Capilla, que tiene un precioso retablo de mármol cubierto de azulejos policromos y a los Claustros del antiguo monasterio restaurado, donde destaca la Torre con Reloj.



No se permite la entrada con cámaras de fotos y de vídeo dentro del palacio y nos las hacen dejar en consigna junto al bolso. El motivo, aunque molesto, es bastante obvio: las salas están decoradas al mínimo detalle, como si hubieran habitantes actualmente y cualquiera de mano fácil podría llevarse alguno de los elementos, como cubiertos, pequeñas figuras, etc.


Visitamos el Salón Árabe, decorado al estilo oriental hasta el mínimo detalle. El techo está pintado en técnica trompe d’oeil y, para mí, es uno de los salones más bellos del palacio. Otro espacio, que destaca, es el llamado Salón Noble, con enormes ventanas cubiertas por vitrales, estatuas de madera que sostienen candelabros, una impresionante lámpara de bronce y jarrones de porcelana china.

Durante casi una hora recorremos las magníficas estancias, donde contemplamos trabajos en estuco, pinturas murales y revestimientos en azulejos, candelabros orientales, jarrones chinos…

El tiempo no acompaña para visitar el magnífico parque, que rodea al palacio, lleno de plantas exóticas que el rey Fernando hizo traer de todos los continentes, aprovechando la bondad del clima. Él mismo fue el que se encargó de arreglar este inmenso jardín de 72 Km. de senderos, en el que se pueden observar los más raros ejemplares de plantas y árboles, rodeando lagos y parterres.


Acabamos la visita y decidimos ir al Castelo dos Mouros, que hemos visto desde el palacio. Descendemos la empinada carretera pero, al llegar al camino que conduce a lo alto de la gran roca aislada donde está asentado el castillo, la niebla está descendiendo y desistimos subir.


En la misma carretera subimos al bus que nos lleva de regreso al centro de Sintra. Un paseo por sus calles medievales, que debido a sus desniveles no hacen ágil la caminata, nos lleva hasta Quinta da Regaleira -en el corazón del Centro Histórico-, uno de los más sorprendentes y enigmáticos monumentos del paisaje cultural de esta ciudad.

Residencia de veraneo de la familia Carvalho Monteiro, acabó de construirse en 1910 por un arquitecto italiano que diseñó las construcciones de este palacio en varios estilos: gótico, románico, renacentista y manuelino.

Carvalho tenía el deseo de erigir un espacio grandioso en el que vivir, rodeado de todos los símbolos que reflejaran sus intereses e ideologías: jardines lujuriantes, lagos, grutas y edificios enigmáticos, lugares que escondieran significados relacionados con la alquimia, la masonería, los templarios y la Rosacruz.

Recorremos las diversas estancias que, a diferencia del Palácio da Pena, éstas no tienen elementos decorativos y no nos impresionan tanto, aunque techos y chimeneas están bellamente decorados con policromías y estucos.

Salimos al exterior y disfrutamos del inmenso bosque que lo rodea donde, por sinuosos caminos, contemplamos cuidados jardines, lagos, cascadas, capillas, conjuntos arquitectónicos profusamente ornamentados con bancos de piedra y pequeñas grutas decoradas con distintos motivos, hasta llegar al Poço Iniciático, de 27 metros de profundidad, que simboliza la relación entre la Tierra y el Cielo.



Una galería subterránea con una escalera en espiral, sustentada por columnas esculpidas, desciende hasta el fondo del pozo a través de nueve rellanos. Estos rellanos circulares del pozo, separados entre sí por quince peldaños, evocan referencias a La Divina Comedia de Dante, y pueden representar los nueve círculos del infierno, los del cielo, o los del purgatorio. En el fondo del pozo, embutida en mármol rosa, hay una Rosa de los vientos sobre la Cruz de los Templarios. Se sabe que el pozo iniciático era usado en rituales masónicos de iniciación.


Extraída de internet, sin autoría específica

No, no hemos entrado. Personalmente no tengo ganas de impregnarme de este tipo de misterio y espiritualidad.

Suerte que esta tarde nos ha acompañado el clima, pues pasear por los jardines y los diferentes ambientes que lo componen, tan llenos de magia masónica, con la niebla de esta mañana, hubiera sido para pensarlo antes de entrar.

"Existe também uma terra pequenina muito castiça com casas brancas tão pequenas que parecem casas de bonecas. Chama-se Azenhas do Mar". Este párrafo es parte de un mail, que me enviaron mis amigos portugueses Anabella y Alexandre.

Llegamos al anochecer a este pueblito -casi incrustado en las rocas de un acantilado- y damos un pequeño paseo por las estrechas y empinadas calles empedradas, disfrutando de las casas blancas "tan pequeñas, que parecen casas de muñecas", hasta el mismo borde del acantilado donde el Atlántico baña una coqueta playa.



Ya oscuro y con el frío que empieza a notarse intensamente, subimos a un bus que nos lleva hasta Sintra y de ahí el tren hasta a Lisboa.

4 comentarios:

  1. Hola guapa, precisamente estos dias, con los incendios que están sufriendo, me he acordado de mi viaje a Portugal el año pasado por estas fechas.
    Tu estupendo reportaje me ha ayudado a recuperar esos recuerdos.
    Besos.

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  2. Mercé, excelente crónica sobre a cidade que tanto amamos! Ficamos emocionados! Obrigado por nos fazeres viajar na nossa própria "casa" através dos teus olhos.
    Besos

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  3. Lola, además de mi sufrimiento por los incendios de Portugal, en general, ayer oí que la Sierra de Sintra también estaba ardiendo y tuve un fuerte dolor en el pecho.

    Una abraçada!

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  4. Queridos amigos, ya habéis visto que me quedé enamorada de vuestro país y eso que sólo vimo una ínfima parte.
    Prometemos volver, en un futuro, para conocer más.

    Me alegro que os haya gustado el relato!

    Beijos!!

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