17 ago. 2010

Los pescadores de Kafountine


Kafountine, situada en la región de la Casamance, en el sur de Senegal, es un pueblo de pescadores con playas de arena fina y blanca, bañada por las aguas del Océano Atlántico.

De madrugada, cuando la luna aún se refleja sobre el mar, una frenética actividad invade la playa en la que cayucos -de vistosos colores- aguardan varados listos para zarpar. Son los pescadores que preparan las artes de pesca para antes del alba y, tras un frugal desayuno, echarse a la mar.


Sin chalecos salvavidas, y algunos sin saber nadar, se embarcan en una aventura que les mantendrá en alta mar de sol a sol. Algo de pan será su comida mientras están embarcados. El jornal del día puede depender del viento. Y parten con la esperanza de que no sople con fuerza, de lo contrario se verían obligados a navegar mar adentro para llenar las redes, ya que el pescado se aleja de la costa ante un mar embravecido.

Al atardecer emprenden rumbo a la costa y es en el ocaso cuando las pirogues llegan y fondean, a una decena de metros de la orilla, meciéndose al son del oleaje.


Los rostros de los pescadores, extenuados y salpicados de salitre, denotan la dureza del día. Mientras, el despreocupado deambular de los jóvenes muchachos que acuden cada atardecer a recibir a los pescadores, y la paciente espera de las mujeres vestidas con ropas de llamativos colores –que aguardan la descarga del pescado para hacerse con alguna pieza con la que preparar la cena del día- contrasta con el patente nerviosismo de los armadores que, con cara de pocos amigos, observan desde la orilla los preparativos.

Son minutos tensos. Junto a cada armador se posiciona un pequeño ejército de hombres jóvenes y musculosos –los porteadores- a la espera de una señal. La señal de un silbato que les echa al agua, portando cada uno de ellos sobre su cabeza una caja de plástico. Y, desafiando al oleaje, se acercan al cayuco que les corresponde, les llenan la caja de pescado y regresan a la orilla desde la que, marcialmente en formación y a paso ligero, llevan la pesada carga hasta la lonja.


No son momentos para bromas. El jornal del día es aún una incógnita. En la lonja cuentan el pescado para, posteriormente, hacer el reparto de las ganancias. Un porcentaje para el propietario, otro para el encargado y el último para los pescadores. Pescadores que pueden llegar a ganar unos 15 euros o más, dependiendo de lo provechoso que haya sido el día. O nada, si la salida ha sido infructuosa o no han llegado a salir.


Las mujeres que se han hecho con algún pescado lo preparan en la misma playa o en alguno de los muchos chiringuitos cercanos al puerto pesquero. Más tarde, a la luz de las velas o de una lámpara de gas, cocinan el arroz con pescado que, bien entrada la noche, será la cena de algunos de ellos. El día llega a su fin. Mañana, Dios dirá.


Más información sobre el viaje a Senegal, aquí

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Si quieres, deja un comentario. Te responderé a la mayor brevedad posible.
¡Gracias!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...