9 sept. 2010

Turismo solidario


Las enormes bolsas de pobreza, el hambre y las enfermedades que azotan a los países del tercer mundo, sólo eran conocidas por los aventureros y misioneros que arriesgaban sus vidas para llegar a ellos.

No hemos sabido hasta hace unas décadas del alcance de esta tragedia cuando, en este mundo tecnológico del siglo XXI, los medios de comunicación nos la han traído al salón de nuestras casas: esa fría realidad vista desde el otro lado de la pantalla. Sin embargo, en contrapartida, gracias al abaratamiento de los medios de transporte, hemos podido -como turistas-, llegar a países donde antes era impensable hacerlo. Ello nos ha permitido comprobar la verdadera magnitud del problema, a la vez que contribuimos a paliarlo mediante las divisas que se dejan en el país y que sirven para crear riqueza.

No es nada fácil pasar, en unas horas, de un mundo de bienestar a un mundo con enormes carencias: hay que estar preparado para ello. Aun así, pasados los primeros instantes, el primer shock, uno se olvida de "su" mundo y queda impregnado -si se va con la mente abierta- de esa manera de vivir con poco o nada; de hacer o, mejor dicho, de no poder hacer frente a las enfermedades -por falta de medios-, al hambre, a los rigores del clima por no tener donde guarecerse.

Es imposible sustraerse a ello por la extrema sencillez y amabilidad de sus habitantes que, con la mirada limpia y una amplia sonrisa, corresponden a quienes les visitan. Ante esto, uno regresa a su país con otras ideas, con otros pensamientos e intenta hacer llegar el mensaje de lo que ha visto, olido, escuchado, sentido..., a sus amistades y conocidos.

Amistades y conocidos que, muchas veces, han visto lo mismo por televisión y se quedan impasibles porque les queda muy lejos o, quizás, porque lo que se ve en dicho medio se presenta muy frío. Y es aquí, sabiendo de primera mano lo que está pasando, que las conciencias se pueden movilizar en ayuda de los más desfavorecidos.


Hay otra forma de hacer turismo. Un turismo que va un paso más allá, no siendo una opción mayoritaria para quien viaja por no ser demasiado conocido. Un paso que significa comprometerse. La filosofía de estos viajes, organizados por ONG’s principalmente, es la de conseguir que quien viaje conozca de cerca la realidad de un país o de un área -generalmente del Sur- y que se involucre hasta tal punto que, a su vuelta, mantenga contacto con la organización y divulgue lo que ha visto y aprendido.

Según el grado de implicación que se busque, se puede viajar al lugar de destino para conocer los proyectos de cooperación al desarrollo que se organizan allí, o animarse a ser colaborador en un campo de voluntariado, donde se trabaja durante uno o dos meses en programas educativos, sanitarios, de medio ambiente, animación socio-cultural o comercio justo.

El alojamiento suele ser en albergues rurales o en las propias casas de los miembros de la comunidad a la que se viaja, y los gastos corren a cargo de quien viaja. Quienes decidan hacer este tipo de "turismo" deben disponer de al menos dos semanas libres, cuando se trate de un programa de turismo solidario, y un mes o más cuando el objetivo es ser brigadista o trabajar en un campo de voluntariado. Además, es requisito obligatorio haber cumplido los 18 años.

Hay un sinfín de organizaciones con las cuales se puede colaborar, ya sea mediante lo que se denomina apadrinamiento -pagando una cuota-; gracias a la colaboración económica para ayudar a los proyectos que desarrollan; o a través de colaboración directa, trabajando con ellos allá donde realicen sus actividades.

En el 2005 visité Bolivia donde, a través de Ayuda en Acción, apadrinaba a un niño, en Coroico. El recibimiento que me hicieron los miembros de la organización y las atenciones que tuvieron conmigo durante los tres días de estancia, fueron inmejorables.

Tuve la oportunidad de visitar los proyectos que tenían en marcha, o ya acabados. Ni que decir tiene que quedé muy satisfecha al ver qué resultados se obtienen con mi pequeño granito de arena, entre otros muchos.


Antigua escuela en Coroico


En la actualidad


Actualización, septiembre del 2012

El pasado mes de agosto realicé un viaje por Gambia y Senegal, durante 15 días, con los amigos y compañeros de la micro ONG Àfrica, Stop Malària. Nuestro cometido era y es colocar mosquiteras en las casas de quienes no pueden costearlas. Además, aprovechamos para hacer ruta turística por los dos países.



Cualquier ayuda que podamos prestar a otro, en este mundo, es una deuda contraída con él. John Ruskin


4 comentarios:

  1. merche no sabía de tus andanzas felicitacionesssssssssssssssss.
    Por aqui por la América india te puedo acompañar.
    Un abrazo

    tamara

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  2. Tamara ¿la paraguaya? Bienvenida al blog!!

    Cuando puedas me echas una manita en aclararme estos nombres: Cynara, Ambar, Yasmin... jajaja, estoy hecha un lío!!

    Un abrazo!!

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  3. Hola estimadísima Viajera! Conozco de primera mano varias de éstas organizaciones y realmente creo que son el soporte de muchos cambios que se producen en todas éstas regiones dónde, como tú dices, un pequeño esfuerzo nuestro puede cambiarles la vida a toda una aldea, así de sorprendente, así de 'fácil' ...

    Un aporte muy valioso el que realizas, no sólo apadrinando ésta escuelita en Bolivia, sino también difundiendo éste tipo de actividades solidarias. Bravo por ella!

    Y como siempre, muchas gracias por corresponderme y leer mis reportes, me ofreces una grata satisfaciión con ello ... y claro, tendré en cuenta toda Siria para futuras excursiones arqueo-romanas!

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  4. Gus...

    Como siempre es un placer tenerte de lector y comentarista.

    Muchas gracias por tus aportaciones.

    Un saludo!

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