26 jul. 2011

Anécdotas en Ankara


En un poco más de cuatro horas llegamos a Ankara desde Ürgüp.

Por más vueltas que le doy al plano de la ciudad no hay forma de que nos podamos orientar. Decidimos hablar con un taxista y que nos guíe hasta la agencia para devolver el coche.


Son las 15:30 h. El mismo taxista nos lleva hasta la Embajada de Turkmenistan, ya que hemos de tramitar los visados. En la entrada, el policía de la garita no nos entiende -sólo habla turco- y avisa a alguien de dentro -que habla turkmeno y turco- (peor todavía) y sólo se aviene a decir: -Wednesday no visa. Tomorrow morning nine o’clock visa.

Subimos al coche y le pedimos al taxista que nos lleve a un hotel.

Después de cruzar Ankara paramos a las puertas de uno de tres estrellas. Es caro, pero sólo estaremos una noche y necesitamos una buena cama. Volvemos a notar cuánto han subido los precios en Turquía en pocos años.

Nos dirigimos con las mochilas al mostrador de recepción y, sin responder a nuestro saludo, el recepcionista nos dice bruscamente: -Money. Mi compañero le responde que ya le pagaremos, y que anote nuestros datos. El otro sólo dice: -Money, money. Ir de mochilero y pretender alojarse en un 3*** parece que es incompatible en este hotel. Cogemos los pasaportes y salimos por la misma puerta que hemos entrado, no sin antes oír al empleado como nos ruega que regresemos diciendo que ha habido un mal entendido. No, no hay ningún mal entendido.

En la calle, a 50 metros más adelante, paramos a fumar un cigarrillo y a mirar si se ve algún otro hotel. Nos localiza el recepcionista del hotel y, pidiéndonos disculpas, nos rebaja el precio de la habitación y nos pide que nos alojemos ahí. Deben de estar mal de clientes, pero nos es igual. No porque llevemos mochilas, en vez de unas bonitas maletas, tenemos pinta y edad de marchar sin pagar.

A unos 200 metros encontramos un hostal, sencillo y muy limpio.

- Tomorrow morning nine o’clock visa. Es lo que nos ha vuelto a decir un impresentable con sonrisa socarrona, que ha salido del interior de la Embajada de Turkmenistán, después de esperar 40 minutos. El tipo da media vuelta y nos deja con un palmo de narices y sin poder "protestar".

Sabemos que los turkmenos son gente muy suya y que saben que "son necesarios" para quien quiera llegar a Uzbekistán por tierra, así que "torean" a la gente; inclusive ha habido a quien le han denegado el visado.

Como no nos fiamos que mañana nos den lo que necesitamos, regresamos al hostal, cogemos las mochilas y vamos hasta la estación de autobús. Saldrá uno a las tres de la tarde hacia Diyarbakir, en el Kurdistán turco. Total: 15 horas de viaje.

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