28 jul. 2011

Avanzando hacia Irak. Kurdistán turco: Diyarbakir, Cizre, Silopi


Después de 15 horas en autobús, llegamos Diyarbakır (Amed, en kurdo) a las cinco de la madrugada; una hora antes de la prevista.


El sol ya se ha despertado, pero no las cafeterías de la estación de bus. En un banco, al que le acarician unos tímidos rayos del astro rey, preparo dos cafés con leche en polvo y comemos unas galletas.


Observo a mi compañero; algo está maquinando y se lo pregunto. Me propone continuar viaje, sin descansar, hasta Mardin o Silopi, población situada a las puertas de Irak. Valoramos quedarnos aquí, en Diyarbakir, para dormir unas horas y continuar mañana o seguir avanzando ahora que estamos suficientemente despejados. Decidimos ir hasta Silopi. El bus sale dentro de tres horas y llegará a las 13:30 h.

Al llegar a Cizre, final del trayecto en autobús, subimos a una furgoneta -con sobrecarga y acalorados-, para hacer los últimos 30 Km que faltan hasta Silopi, ciudad fronteriza con el Kurdistán iraquí. En un punto del trayecto observo a la derecha, un cartel que anuncia "Silopi, 5 Km" y a la izquierda, un carro blindado.


Al lado de mi compañero está sentado un joven que le pregunta de dónde somos. Al responderle "Barcelona" empieza con un tema un tanto peliagudo: Catalunya-Euskadi-Kurdistán. Mejor no hablar de política y por ende del problema kurdo, si no se conoce al interlocutor, y mi compañero hace como que no le ha oído y saca el tema del partido de la final de la Champions de mañana.

Durante la Edad Media, los habitantes kurdos de las regiones del Oriente Medio estaban bajo el control de las tribus locales kurdas, aunque nunca llegó a establecerse un estado-nación unificado.

El gobierno otomano comenzó a hacer valer su autoridad en la región a principios de siglo XIX. Preocupados con el espíritu independentista de los principados kurdos, los otomanos trataron de frenar su influencia y ponerlos bajo el control del gobierno central en Estambul.

Uno de los destacados líderes sufí fue el Shaikh Ubaidalla Nahri, que inició una revuelta en la región entre los Lagos Van y Urmia. Shaikh Ubaidalla es considerado como uno de los primeros líderes que persiguen las ideas modernas entre los nacionalistas kurdos. En una carta dirigida a un Vice-Cónsul británico, declaró: La nación kurda es un pueblo aparte; queremos que nuestros asuntos estén en nuestras manos.

La desintegración del Imperio Otomano, después de su derrota en la Primera Guerra Mundial, condujo a su desmembramiento y el establecimiento de las actuales fronteras políticas, dividiendo las regiones habitadas entre varios Estados de reciente creación.

El establecimiento y la aplicación de las nuevas fronteras han tenido efectos profundos para los kurdos, que tuvieron que abandonar su tradicional nomadismo como forma de vida del pueblo y dedicarse a la agricultura.


La incorporación en Turquía de las regiones habitadas por kurdos en la parte oriental de Anatolia, contra la oposición de muchos kurdos, ha dado lugar a un largo conflicto separatista en la que miles de vidas se han perdido. La región kurda vio varias rebeliones durante los años 1920 y 1930.

Se trata de imponer la fuerza por las autoridades turcas y la región fue declarada zona militar cerrada a partir de la cual a los extranjeros se les prohibió entrar entre 1925 y 1965.

El uso de la lengua kurda fue prohibida, las palabras kurdas se han borrado de los diccionarios, y libros de historia se refieren a los kurdos sólo como los "turcos de montaña".

(Texto extraído de la Wikipedia)

La furgoneta se detiene en la calle principal de Silopi, delante del Hotel Habur. Al descender nos rodea un grupo de hombres ofreciéndose llevarnos hasta la frontera. No; hoy, no. Será mañana.

Frente el hotel hay una moderna cafetería, con un bonito jardín y una fuente, que nos viene de perlas para cenar una deliciosa pizza.

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