19 jul. 2011

Chefchaouen, blanca y azul


Incrustada en un pequeño valle entre dos montañas, Chefchaouen (Shafshawan, en árabe) o Chaouen -como también se le conoce- parece una aparición: un oasis azulado en medio de una paleta ocre, semidesértica, semidivina…


Chaouen, es una ciudad de bellísimas casas pintadas de añil y cal blanca, situadas en estrechas callejas que trepan por la montaña. Fue fundada a mediados del siglo XV -en el emplazamiento de una pequeña población bereber- por el jerife Moulay Alí Ben Rachid.


Al amparo de la Kasbah, el pueblo fue creciendo alimentado por las sucesivas oleadas de exiliados de al-Andalus, tanto judíos como musulmanes, y fue extendiéndose por la ladera de la montaña.


Durante siglos fue una ciudad considerada sagrada, donde se prohibía la entrada a los extranjeros. Por esta razón ha mantenido con pocas alteraciones su fisonomía medieval.

A primeros del siglo XX, las tropas españolas fueron las que "abrieron" la ciudad al tomar el control de la zona norte de Marruecos para instaurar el Protectorado. Cuando llegaron, Chaouen tenía una importante población judía sefardí que hablaba ladino. La última bandera española se arrió en 1956.

Llegamos frente al Hotel El Parador –herencia de la presencia española-, en la Plaza Makhzen y llamamos a Carlos, dueño de Casa La Palma -donde estaremos los próximos días-, para que nos venga a buscar. Su casa está en la parte alta de Chaouen y es algo enrevesado el camino la primera vez que se accede.

Subimos por tortuosas, estrechas y empedradas callejas, y con interminables tramos de escalera para salvar los desniveles más complicados. Y frente a nosotros un edificio "moderno" con el cartel Casa La Palma: una acogedora casa de huéspedes. Dejamos el equipaje y salimos a pasear.


Recorremos la Madīnah (Medina) por un sinfín de callejuelas y descubrimos que las que tienen el suelo y las paredes pintadas de blanco o azul, indica que no tienen salida.



No nos cansamos de admirar rinconcitos, fuentes, y pequeños tejadillos de tejas rojas situados sobre la puerta de entrada a las casas y sobre algunas ventanas.



El centro de la ciudad es la plaza Uta al-Hammam, en la que se encuentra la Kasbah y la Gran Mezquita, que destaca por su minarete de base octogonal.



La plaza que se abre frente a nosotros es completamente diferente a la que recordaba de mi viaje en 1993 donde, la Gran Mezquita estaba por restaurar; de la entrada a la Kasbah, ni la recuerdo; había tres o cuatro tenduchas de souvenirs y algún cafetín donde tomé un sabrosísimo té a la menta; aunque sigue en pie la majestuosa araucaria situada casi en el centro.


Ahora hay un restaurante al lado de otro, ofreciéndote desde una pizza hasta marisco y un sinfín de tiendas de recuerdos. Esto es lo malo del turismo para quienes nos gustan los lugares en su estado más "natural".

Visitamos la Kasbah, de la que sólo quedan unos cuidados jardines, dos torres almenadas y un pequeño museo, que alberga una modesta colección de armas antiguas así como vestidos tradicionales, instrumentos musicales y algunas fotos históricas de la ciudad. Se dice que aquí estuvo preso el mismísimo Abd al-Karim al-Khatabi, conocido como Abd el-Krim capitoste que, entre los años 1921 y 1926, se sublevó y dirigió la resistencia contra la ocupación colonial española y francesa en el Rif.



Unos pasos más adelante cruzamos la plaza el-Makhzen y enfilamos por un callejón que sale hacia el noreste, a Bab el-Ansar y a la fuente Ras al-Maa, uno de los lugares más bonitos de Chaouen, donde todavía hay alguna noria y las mujeres hacen la colada a mano en un gran lavadero comunitario cerca del riachuelo. (Hay hombres vigilando para que no se les haga fotos).


Bajo el relajante sonido del agua, nos sentamos en un cafetín y tomamos un sabroso café con leche.


De regreso, entramos en el Fondouk o Caravanserai, de 500 años de antigüedad y en el que en sus 60 habitaciones de los pisos superiores, todavía se alojan mercaderes.


En alguno de los cuartuchos de la planta baja, éstos pueden exponer su mercancía durante unos días, ya que no hay otro lugar donde hacerlo.

6 comentarios:

  1. Decidido ... tengo que ir !
    Me lo apuntaré todo, espero que me des mas detalles un día de estos.
    Abrazos y besos !

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  2. Por cierto las fotos me han encantado, trasmiten e invitan a perderme en esas callejuelas azules ...
    Y ese hotel de Meknés, vamos una pasada, para ir a vivir las Mil y una noches al estilo Magreb.

    Muack !!!!

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  3. Y una ultima preguntita antes de comprar los billetes
    ¿Cuanto crees que necesito para disfrutar con calma de Chefchaouen?
    ¿ 3 días te parecen suficientes ?

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  4. Sí, Any, tres días (enteros) está bien para Chaouen.
    De entrada parecen "muchos", pero ya verás que no te sobrarán horas. No por la "cantidad" de cosas a ver, que no hay tal, sino para poder disfrutar de la esencia del pueblo.

    Muchos muacks!!

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  5. No he subido más escaleras en mi vida. Chaouen la ciudad de las escaleras.

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  6. Jajaja, Segio. Sí, se suben muuuchas escaleras, pero la ciudad se lo vale.

    Saludos.

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