24 jul. 2011

La fabulosa ciudad subterránea de Derinkuyu



Antes de entrar en materia, tan solo una curiosidad

En mi último curso de Bachillerato de Letras tuve que traducir, del griego clásico al castellano, "La Anábasis de Ciro" (Expedición de los Diez Mil), un relato del historiador Jenofonte, en la que participó como soldado; y recuerdo que el historiador menciona las ciudades subterráneas de Anatolia. La narración, escrita en tercera persona, posee gran interés histórico, pero además tiene un estilo ameno, no exento de gran emotividad en algunos pasajes por la sencillez de su estilo.

En el libro ("Κύρου Ανάβασις"), se narra la expedición militar de Ciro el Joven contra su hermano el rey sátrapa de Persia, Artajerjes II. Para destronar a su hermano, reclutó un ejército en el que incluyó a diez mil mercenarios griegos; partió de Sardes, marchó a través de Asia Menor y descendió costeando el río Éufrates hasta Cunaxa, cerca de Babilonia, donde Ciro murió.


Jenofonte, fue quien guió el retorno del resto del ejército a Grecia. Remontaron el río Tigris y atravesaron Armenia, por una ruta de casi cuatro mil kilómetros de territorio enemigo, hasta llegar a la colonia griega de Trapezunte (actual Trabzon, Turquía), en la orilla sur del Mar Negro. Son famosos los gritos de alegría de los soldados a la vista de éste: θάλασσα, θάλασσα (Thalassa, Thalassa, «El mar, el mar»).

Gracias a que el suelo de esta zona es de procedencia volcánica, los habitantes de Derinkuyu decidieron crear una ciudad subterránea de varios niveles, para ser utilizada como refugio de las múltiples incursiones a que fue sometida la Capadocia. Se cree que el primer nivel pudo ser excavado por los hititas en el 1500 a.C.


En la actualidad están al descubierto entre 10 y 15 niveles subterráneos, de los que sólo se pueden visitar los ocho superiores (unos 40 m. de profundidad); los demás están parcialmente obstruidos o reservados a los arqueólogos y antropólogos que estudian esta ciudad.


El interior es asombroso: las galerías subterráneas (en las que había espacio para, al menos, 10.000 personas) podían bloquearse en tres puntos estratégicos desplazando puertas circulares de piedra. Estas pesadas rocas, que cerraban el pasillo, impedían la entrada al enemigo. Tenían de 1 a 1,5 m. de altura, unos 50 cm. de ancho y un peso de hasta 500 Kg.


Están las cocinas aún ennegrecidas por el hollín de los hogares, comedores, bodegas, cisternas para el agua y el vino, silos, establos, una iglesia y las habitaciones.


La ciudad se beneficiaba de la existencia de un río subterráneo; tenía pozos de agua y un magnífico sistema de ventilación (se han descubierto 52 canales de ventilación).


Con las imágenes sobrecogedoras de esta visita nos dirigimos a Ürgüp donde nos alojamos en un bonito hotel, Elvan, situado en una calle muy tranquila y muy cerca del centro.

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