10 ene. 2012

De ruta hacia Turkmenistán: Sari, Gorgan, Quchan, Baijgiran (frontera)


Después de un viaje agotador desde Shiraz, y casi sin paradas, llegamos a Tehran. Vamos directamente a la ya archiconocida Embajada de Turkmenistán. Conseguimos entregar los impresos, las fotos, los dólares y después de una hora, más los 15 días que llevamos arriba y abajo, ¡ya tenemos los visados!

Vamos a "nuestro" hotel Firouze y el señor Mousavi nos mira con cara de sorpresa. Ya nos habíamos despedido la vez anterior y no hemos avisado de nuestro regreso. Nos da una habitación en la planta baja, desde la que se oyen todos los ruidos de entrada y salida de huéspedes. Sólo estaremos hoy y mañana para descansar, y seguiremos ruta.

Empieza la última semana en Irán. En cinco días cruzaremos la frontera de Turkmenistan. Cuenta atrás para decir adiós al pañuelo.

El tren ha salido puntual; a las ocho de la mañana. En las siete horas de trayecto hasta Sari hemos pasado del desierto pedregoso, que nos ha acompañado la mayor parte del viaje, hasta grandes campos de arroz, árboles frutales y montañas boscosas, que cruzamos por largos túneles y puentes disfrutando de una variada tonalidad de verdes.



Una vez en Sari un taxi nos lleva hacia la terminal de autobuses, para dirigirnos a Gorgan. El bus ya ha salido y el taxista va en su busca tocando insistentemente la bocina; se cruza frente al gran vehículo, que se detiene. Abren las puertas y el ayudante del conductor coloca nuestras mochilas en la panza del autobús. Estamos preparados para dos horas más de viaje.

¿Qué se puede pedir a una ciudad que no está en las rutas viajeras? De todo. Desde un alojamiento en una casa tradicional, a 7€ la habitación doble, con el WC sin luz y el lavabo súper comunitario para todos los hombres que aquí se alojan. La ducha en el piso inferior -en una esquina de un patio con naranjos y magnolios-, que el dueño cierra con un grueso candado.


Nuestra habitación es espaciosa, con moqueta a cuadros verde y negro, catre de madera y "colchón" de porexpan (ya es la segunda vez), con un trozo de trapo encima haciendo las veces de sábana, una gruesa manta para taparnos (¡en el exterior puede haber una temperatura de 35º!), y una gran ventana hacia la calle, sin mosquitera.


He de añadir que el dueño ha vivido 10 años en el Reino Unido. Poco aprendió en Europa…

Paseando por la ciudad vemos todo tipo de tiendas bien decoradas y limpias, edificios con gracia y pintados en diferentes colores; no de color gris como los que hemos visto en nuestra ruta por el país. Amplias avenidas con rotondas ajardinadas y bancos para sentarse. Semáforos. Coches siguiendo las normas de circulación (ya no será un intento de suicidio cada vez que queramos cruzar una calle). Y las chicas y mujeres jóvenes ataviadas con pañuelos y vestidos de color o estampados.


Los miércoles hay un mercado bastante atractivo: la mayoría de los vendedores provienen de Turkmenistán, visten con las ropas tradicionales y exponen sus productos en el suelo sobre un lienzo o manta. Está situado en una gran explanada a las afueras de la ciudad y, como en todos, se puede encontrar cualquier cosa...





Hasta una mirada…




En la estación de autobuses compramos los billetes para ir mañana hacia Quchan.

Regresando al centro de la ciudad -que es donde tenemos el alojamiento- encontramos un comedor que está muy limpio. Nos recibe un simpático y sonriente señor mayor. Sólo cocinan un plato, y menos mal que no es arroz y carne, o arroz y pollo, o arroz y kebab. Comemos un sabrosísimo Dizzy, acompañado de cebolla cruda y yogurt. Bebemos la cola nacional: zam zam (pues el agua no la tienen embotellada).



Después de esta consistente comida no hay nada mejor que acabarla con un buenísimo txai (té).


¡Sólo faltan dos días para quitarme el pañuelo!

Ocho horas han sido necesarias para llegar hasta Quchan.

Son las cinco de la tarde y después de dejar las mochilas -en una pensión del centro- salimos a buscar un sitio para comer. Estamos frente a un sabroso revoltillo de huevo con tomate, pan buenísimo y un yogurt delicioso (sirvan tantos adjetivos para expresar cómo estaba todo). ¡Lo devoramos! En el momento de pagar, el dueño nos dice que no; que nos invita. Insistimos y él también. Cedemos. Nos hace saber que no son horas de la comida y por eso quiere invitarnos.

Paseamos por Quchan y nos asomamos a un par de tiendas; una de ellas haría las delicias de cualquier goloso.



En esta ciudad las mujeres mayores y las jóvenes van completamente de negro. De pies a cabeza. Me miran de arriba abajo y, por sus expresiones, me siento desnuda. ¡En 14 horas se habrá acabado!

Sueños de libertad.

En un taxi compartido llegamos a Baijgiran, distante 80 Km de Quchan. Es la ciudad fronteriza con Turkmenistán. Nuestros pasaportes pasan por tres controles. Observo que todos los policías de las aduanas saben leer "España". La ñ, letra que hace único al idioma español, la saben pronunciar desde Irak hasta aquí.


A 25 metros del último control de pasaportes, nos lo vuelven a pedir y resoplamos. No, éstos son los otros; los de Turkmenistán. Me contengo. Todavía están muy cerca… Unos metros más allá hay el edificio de la aduana turkmena. Subo los tres escalones. Son las 14:47h. El pañuelo se desliza entre mis dedos...

Control de Sanidad: una enfermera rellena unos papeles con nuestros datos. Pasamos a otro despacho: rellenamos más papeles. En una ventanilla: entregamos todos los documentos y los pasaportes, y nos ponen el sello de entrada.

9 comentarios:

  1. Por fin Adiós al Pañuelo !!!
    Y en el próximo post nos contaras del mas "exótico" y "difícil" destino de este fantástico viaje que habéis realizado y que estoy esperando leer desde hace meses: Turkmenistán.

    Siempre es un gusto leerte, pero ahora espero mas ansiosa todavía a ver que nos cuentas...
    Un abrazo enorme.

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  2. ¡Reto conseguido! Menuda odisea ¿eh? Parecía que no iba a llegar...
    Me han gustado mucho las fotos del trayecto en bus y lo de que el taxista lo parara así, a lo bravo, jejeje.
    Un saludo ;)

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  3. Gran relato!! Me ha gustado mucho la parte gastronómica... Creo que tengo que probar uno de esos yogures Iraníes...

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  4. Any...

    La verdad es que Turkmenistán fue "exótico" y un fiasco. Ya lo leerás!

    Te debo varias lecturas a tu blog. No doy a basto!!

    Besazos!

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  5. Helena...

    Quien la sigue, la consigue -dicen- y lo conseguimos!!

    Un abrazo!

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  6. Henar...

    ¿Cómo no iba a gustarte la parte gastronómica?, con lo gourmet que me parece que eres!!!

    En Madrid seguro que hay restaurantes iraníes; allá los podrás probar. Son deliciosos!! Ah!, y no te pongas azúcar!!!

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  7. Jajaj!! En realidad soy muy poco gourmet... Casi todo me gusta!! Eso si, los yogures siempre, naturales y sin azúcar! :D

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  8. Quins secrets que teníes amagats (els altres blogs). Et seguiré aquí, allà, i fins on sigui necessari.

    jajajajaja¡¡¡ me estoy perdiendo tus andanzas y eso no puede ser desde hoy estaré mirando todas estas vivencias...
    Molts petons!

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  9. Anna...

    Mira que no seguir els meus viatges??
    Aiiii....

    Molts i molts petons!

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