23 ene. 2014

Gambia: Murithabe, Janjangbureh, Serrekunda, Sukuta


Después de los días pasados en Senegal llegamos de noche a Murithabe, donde Xavi Galindo llevaba horas esperándonos. Cenamos juntos. Unos se fueron a dormir a Janjangbureh y Roser, Raúl y yo nos quedamos en el compaund de Xavi.

Al día siguiente, por la mañana, Ainara y Javi, inflaron globos de colores e hicieron diversas figuras para los niños de Murithabe. ¡Lo pasamos de maravilla!



Por la tarde, fuimos todos a Janjangbureh e hicimos una travesía por el río, donde vimos hipopótamos y diferentes especies de monos. Sinceramente, poca gracia nos hacía subir a una barca recordando la mala experiencia de Senegal.


Regresamos a Brusubi, al día siguiente.

No dejé escapar ninguna de las oportunidades, que se abrían ante mí para conocer más a fondo Gambia y sus habitantes.

Fuimos a un poblado donde nos habían dicho que había un espectáculo de "lucha". Por lo que fuera, se anuló. Nada más descender del coche -y como siempre que llegábamos a algún sitio- gran cantidad de niños, con su eterna sonrisa en la boca, se acercaron y nos rodearon al grito de toubab (blanco). Impresionante.

Javi hizo un simulacro de lucha con los críos y todos disfrutamos muchísimo. Mientras, yo observaba acompañada de unos niños que me rodearon con sus brazos. Anécdota que me ha pasado en cualquier país africano que he visitado.





Serrekunda es una de las ciudades más grandes del país. La conozco poco, pues todas las veces fui al mercado y calles aledañas.

El mercado es digno de ver. Es enorme. La mezcla de olores y colores asombra. Está dividido por zonas, como en la mayoría de los mercados. En la de artesanía y de ropa confeccionada hay mucho ajetreo, y todo el mundo está “pendiente de ti”. Si te pruebas una camisa o un vestido, al minuto aparecen un montón de esas piezas frente a tus ojos, de otros vendedores que las traen de sus puestos. Todos te ofrecen su producto unos dalasis más barato de donde tú estás interesado.

Y siempre, siempre, oyes su famosa frase: Gambia no problem.


Autor: antonio.giron - Fuente: kinowo media producciones

El regateo es su forma de negociar. No se puede pagar el precio que ellos te piden, ni puedes caer en la "trampa" de ser tú quien de la primera cantidad. Puedes empezar ofreciendo 1/6 y no pagar más de 1/4 del precio inicial. Aunque lo mejor es que pagues el precio que tu consideras justo. ¿Qué serían los mercados africanos sin el regateo?


Autora: Nuria Cervera - Fuente: Gambia multicolor

Para hacerse una primera idea, recomiendo una visita por la mañana. En esos momentos, aún se puede caminar entre los puestos. Pero lo mejor llega un par de horas antes de anochecer, que es cuando "refresca" y toda la ciudad sale a la calle. Hay zonas en las que es casi imposible acceder y, si lo consigues, vas meciéndote al ritmo de la marea humana que te ha absorbido.

A la mayoría de la gente no le gusta que les hagan fotos, así que las pocas que tengo son desde el interior del coche.


Una de las imágenes más habituales es la de mujeres transportando cosas en la cabeza. Estoy hablando de enormes cestas de fruta, ropa, cubos de agua…, que llevan con asombroso equilibrio.


Un día fui a ver cómo las mujeres recolectaban ostras y almejas salvajes en las raíces de los manglares del río. Lo hacen en condiciones muy insalubres; las cocinan en parrillas sobre leña y las han de abrir cuando están calientes.




Una de las cosas buenas que tiene vivir una temporada en un país, es la de tener experiencias locales. Me invitaron a la cena y posterior fiesta de una boda. Sirvieron grandes jofainas con arroz y pollo y, sentados en el suelo, alrededor de la sabrosa comida gambiana, bajo el sonido de la música, di buena cuenta de lo que tenía enfrente ¡no en vano eran más de las once de la noche!


(Las motitas de la foto es polvo que se levanta al bailar sobre la tierra)



Pero todo no fueron fiestas, juergas, excursiones y playa. Con Ainara, Javi, Roser y Raúl (higienista, ella y mecánico dentista, él) realizamos unos Talleres de higiene dental infantil. Una buena y constante higiene dental, es muy necesaria en la población gambiana.

A simple vista hemos observado bocas en jóvenes con problemas severos impensables aquí, o como mínimo alarmantes. Bocas de niños de 13 años con más de siete caries que se habían comido todas las piezas dentales, así como infecciones y bocas con un grado de dolor muy preocupante.

Nuestro objetivo es que todos los niños a los que hemos realizado el I Taller de higiene dental, periódicamente sigan recibiendo suministro -tanto de cepillos como de pasta dentífrica- y puedan conservar el hábito activo.

El primero fue en el patio de casa de Abdulay, con sus hijos y los niños vecinos.




Otro día lo hicimos en una Madraza (escuela coránica) de Sukuta. Esta vez, Ainara y Javi hicieron una representación -con mímica- para enseñarles a cepillarse los dientes.




Estábamos en un lugar en el que vimos cosas que no nos gustaron y, muy a pesar nuestro, no pudimos hacer nada: adolescentes con una vara en la mano, que si los pequeños "no se portaban bien" o no hacían lo que se les enseñaba, les daban un pequeño latigazo. Todo bajo la atenta supervisión del maestro.

Este sistema de administrar "disciplina", ya tuve la desgracia de verlo en 2012 cuando visité la escuela coránica de Murithabe.


De las muchas cosas que llevé conmigo a Gambia, había una silla de ruedas que nos donó una empresa de material ortopédico. Sabíamos que, en un remoto poblado, había un niño con parálisis cerebral y lo desplazaban de un lado a otro dentro de una palangana de plástico, tirada con un cordel. El crío soñaba con una silla de ruedas para poder ir más lejos del compaund donde vivía. Y se la llevamos.





Estos tres capítulos son sólo un resumen de lo que viví en los más de dos meses que estuve en Gambia. No se pueden expresar con palabras las alegrías y las penas, las sonrisas, el calor, las picadas de mosquitos… Esto y más es lo que traje a mi regreso a casa.

8 comentarios:

  1. Que fantástica e nobre experiência amiga! Gambia ficará para sempre no teu coração
    Beijinhos nossos

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  2. Anabela y Alexandre, muchísimas gracias por vuestro comentario. Siempre en mi corazón.

    Beijos e abraços!!

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  3. Qué emocionante que ese niño tenga su silla de ruedas y a la vez qué pena da! la pobreza es infinitamente más cruel con quien padece algún tipo de problema de salud crónico. Unas fotos preciosas y un estupendo relato de tus vivencias gambianas. Felicidades por esa experiencia. Un besote.

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  4. Calíope, gracias por pasarte por aquí y comentar.

    Abrazos!

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  5. Te tengo sana envidia por toda esas vivencias, las cuales te acompañarán siempre, me encanta esa foto rodeada de niños. Me ha llamado mucho la atención esas tremendas caries en gente tan joven. Pienso que cada vez que te acuerdes del pequeño al que le llevaste la silla de ruedas, a la fuerza, te tienes que sentir feliz. Un besote grande amiga.

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  6. Pepi, cielo, no me tengas envidia. Es muy duro!
    Cada uno tiene sus propias vivencias, que no son mejores ni peores que las de los demás.

    Referente a lo de la silla de ruedas, sí puedo decirte que jamás olvidaré la alegría de ese niño.

    Besazos. TQM

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  7. Mercè tu cara siempre de felicidad nos invita a saltar al continente.
    Saludos viajeros
    El LoBo BoBo

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  8. A ver si te animas, Paco.
    Un saludo.

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