10 ene. 2014

Gambia: Murithabe, Janjangbureh


Y llegaron las vacaciones de Semana Santa y, con ellas, Noemí Fuster -Vicepresidenta de la micro-ONG Àfrica, Stop Malària- y tres voluntarias, que iban a reponer mosquiteras en los diferentes poblados dónde actuamos.


Fui con ellas hasta Murithabe donde, a pesar del enorme calor reinante (43º), pasamos unos días juntas celebrando estar reunidas y siempre rodeadas de los niños y de las mujeres del poblado.



(Foto realizada por una de las amigas)


Cada vez que regreso a Murithabe, tanto sola como acompañada, me reciben con cánticos y bailes. ¡Es magnífico!


Las niñas quisieron hacerme un peinado estilo afro, pero mi pelo corto no se los facilitó en absoluto. ¡Qué pena!



Unos días más tarde, tuve que volver a Brusubi y lo hice por el norte. Siempre había hecho el recorrido por la carretera del sur y, esta vez, quería conocer nuevos paisajes.

Antes de las seis de la mañana, Xavi me llevó con su moto hasta Janjangbureh -también conocida como Georgetown o MacCarthy - desde donde, en una pequeña barca, crucé el río.


Janjangbureh es en realidad una pequeña isla -de 10 km de largo y 2,5 km de ancho- en el río Gambia y situada a unos 340 km de Banjul, tristemente famosa por ser el puerto desde donde salían los esclavos capturados en aquella zona. En el embarcadero hay un edificio donde los mantenían presos, hasta poder cruzar a tierra firme, que no he podido visitar todavía.


Ya en tierra firme subí a un taxi colectivo, que me llevó a una población de la que no recuerdo el nombre y desde allí fui hasta Barra en microbús.

Después de más de seis horas de trayecto, por una carretera rectísima e impersonal -salpicada con varios poblados y la vista de su vida diaria-, estaba tan cansada, que no se me ocurrió hacer fotos del puerto y de lo bullicioso que es.

Justo cuando llegué al puerto, el ferry -que había de cruzar la amplia desembocadura del río Gambia- acababa de soltar amarras.


Frente a mí tenía dos opciones: esperar algo más de dos horas a que volviera el ferry o hacer lo que hacen la mayoría de los gambianos: ir en barcaza (es como una gran patera). Y me decanté por esta última opción.

Te acercas a la orilla y un montón de jóvenes gambianos, altos y fuertes, se ofrecen para llevarte sobre sus hombros hasta una de las pateras, que están a unos metros de tierra firme. Te van ofreciendo precios, tú regateas sin saber muy bien el precio real (¡en Gambia siempre se regatea!). Unos cogen tu mochila, otros hacen el gesto para subirte. El "coordinador" de cada barca va dando órdenes -gritando- para que los de la playa lleven el mayor número de pasajeros a su patera.

De golpe te ves a más de dos metros de altura: estás sobre los hombros de un fornido joven que, con gran habilidad, te deja en la barcaza. Ésta no sale hasta que está llena, y en la que no hay lugar ni para un alfiler. Calculo que íbamos algo más de 100 personas, con sacos, bultos, ruedas, paquetes, gallinas y mi mochila. Y chalecos salvavidas… no creo que llegaran para la mitad. Una vez se llega a la otra orilla, vienen más jóvenes para ayudarte a desembarcar.



En Banjul subí a un taxi colectivo, que me llevó hasta casa.


4 comentarios:

  1. M'ho he passat molt bé, com et pots imaginar he rigut força... Vaig ara a recuperar la primera entrega que me l'havia perduda.

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  2. Riure de les "desgràcies" alienes no està bé! ;-)

    M'alegra saber que t'ha agradat.
    Petons i abraçades!

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  3. Me asombra lo valiente que eres, aunque ya debería estar acostumbrada, :) yo me subo a esa patera, me muero del susto, y no te digo nada si tengo que cruzar un manglar de noche, :( me gustó viajar a tu lado desde la tranquilidad de mi sillón. Un besote guapa.

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  4. Pepi, lo de la patera era más o menos soportable; lo del manglar... como que pasé un pánico!

    Gracias por comentar.
    Besazos!

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