1 jul. 2014

Calle Comtal: La Leyenda de Fray Garí


En el año 859, y siendo conde de Barcelona Guifré el Pilós (840-897), había en la montaña de Montserrat un anacoreta llamado Joan Garí, un antiguo caballero que había decidido dejar las armas para dedicarse a Dios.

Hombre de gran virtud y piedad vivía comiendo frutos del bosque y bebiendo el agua clara que tenía junto a su cueva, la Cova de Fra Garí, que todavía se conserva y puede ser visitada.


Fray Garí se ganó la fama de santo por su vida contemplativa, pero el demonio se propuso arruinarle su santidad utilizando todas las tentaciones que fueran necesarias.

Lucifer, disfrazado de viejo ermitaño con aspecto venerable, se hizo el encontradizo con Joan Garí y lo llevó a su cueva, donde no faltaba más que la cruz. Al notarlo Garí, el viejo anacoreta le comentó que las imágenes y las cruces costaban mucho dinero, que él no lo tenía, y que la grandeza de Dios era tanta que a él le parecían poca cosa las imágenes para adorarle.

Así, en ese tono, continuó hablando el viejo anacoreta, conquistando por completo el corazón puro y bondadoso de fray Garí, que le escuchaba embelesado. Poco a poco, el demonio fue ganándose su confianza y desde aquel día, todas las tardes subía el joven a consultar al viejo acerca de sus dudas, sus vacilaciones, lo que sentía y pensaba.

Mientras tanto el diablo le iba tentando, pero ni así el hombre bondadoso y carismático caía en pecado. Entonces, Satán, empezó a tramar un plan maquiavélico.

El maligno endemonió ni más ni menos que a la bella Riquilda, hija del Comte (conde) Guifré el Pilós. Éste, muy apesadumbrado, hizo asistir a la chica por diferentes médicos y exorcistas, pero ninguno de ellos pudo sanarla.

Por boca de Riquilda, el demonio pedía que la exorcizara Joan Garí y el conde Guifré decidió llevarla a Montserrat. A base de rezos la doncella fue curada, pero el conde temía que de regreso a Barcelona volviera a quedar poseída y suplicó al fraile que se la quedara unos cuantos días en su cueva. Garí dudó un buen rato y al final aceptó la súplica del conde.

Pero la tentación empezó a invadir sus pensamientos y fue a buscar ayuda al falso ermitaño; el diablo, en vez de tranquilizarle, le instaba a seguir sus deseos diciéndole que éstos le venían por obra de Dios.


Foto de la galería de Google

Vencido por la tentación, fray Garí violó a la doncella. Horrorizado de su acto, volvió a pedir consejo al anciano y éste le propuso –mientras le daba un cuchillo- que debía matarla para que no lo explicara a su padre.

Muerta Riquilda, Garí la enterró cerca de su cueva. Al momento, el falso ermitaño mostró su auténtico aspecto y el fraile, viendo que el diablo lo había engañado, marchó ese mismo día a Roma para pedir la clemencia del Papa.

Éste, después de escuchar su relato le dijo:

- Tu pecado es tan grande que no sé si tiene perdón. Como una bestia has pecado y como una bestia harás penitencia. Vuelve a Montserrat, pero irás siempre con las manos en el suelo. No te lavarás nunca y el agua que toques sólo será para beber. No digas jamás palabra alguna, porque las bestias tampoco hablan. Come raíces y hierbas, que encuentres en la montaña. No te pongas ni un hilo de ropa, recibe los rayos del sol y la humedad de la noche. Esquiva todo contacto con la gente. Y no mires jamás al cielo, porque no eres digno.

Fray Garí salió de Roma tal como le había indicado el Papa y tardó tres años en llegar nuevamente a Montserrat, donde vivió sin decir palabra.


Talla de Fra Garí expuesta en el Museo de Historia de Barcelona. Foto: Xavier Serra

Con el tiempo fue viendo como su cuerpo se le cubría de pelo, las uñas le crecían y las vestiduras iban rompiéndose hasta desaparecer por completo. Realmente parecía una bestia misteriosa.

Un buen día, el conde Guifré -cuando ya había olvidado la existencia de su hija Riquilda- decidió ir de cacería por aquellas tierras acompañado de otros nobles. De pronto, muy cerca del lugar donde él estaba, sonó el cuerno de caza. Acudió el conde presuroso, y vio a sus monteros que estaban acorralando a un extraño animal desconocido. Percibiendo que no era fiero, le echaron una soga al cuello y lo arrastraron hasta Barcelona. Allí le dejaron abandonado en las caballerizas del palacio, porque otro acontecimiento más importante distrajo la atención del conde: la condesa había dado a luz un niño.

El bautizo se celebró con gran pompa y, al cantar un trovador las gestas del conde, recordaron al monstruo que habían capturado en Montserrat.

Pidió el conde que lo quería ver de nuevo y así se hizo. Todos lo contemplaban con admiración. Algunos le encontraban cierta semejanza con un hombre; otros decían que su manera de andar recordaba a un oso. El monstruo aceptada las caricias humildemente y besaba los pies de los invitados. Entretanto, despertó el bebé y, abriendo sus ojos, contempló largamente al monstruo, y ante la sorpresa general habló el recién nacido, para decir:

- Levántate, fray Garí, que Dios ya te ha perdonado.

Levantóse entonces fray Garí, dejando consternados a todos los presentes. El conde le pidió cuentas del paradero de su hija Riquilda; fray Garí le contestó que la había matado y le pidió castigo para su horrendo crimen. El conde, magnánimo, perdonó a quien Dios había ya perdonado y solicitó que le dijera dónde estaba el cuerpo de su hija para enterrarlo dignamente en Barcelona.

El cortejo -guiado por el anacoreta- llegó hasta el punto donde la había enterrado pero, para alegría de todos, la encontraron viva. La princesa quiso quedarse para siempre en Montserrat y el conde agradecido del milagro obrado, ordenó que se construyera un monasterio de monjas –el actual de santa Cecilia de Montserrat- del que Riquilda fue la primera abadesa.


Anotaciones:

- Toda esta historia no es más que una leyenda y poco tiene que ver con la verdadera fundación del monasterio de Santa Cecilia, que lo fue por el abad Cesari en el siglo X.

- La versión escrita más antigua de esta leyenda data de 1239 y se puede encontrar a partir de la página 274 del libro “Cultura Popular de Montserrat” de Jordi Serra y Massansalvador.

- En unos mosaicos que había en la calle Comtal, según unos dibujos hechos por Apel.les Mestres, se podía ver que el escenario de esta leyenda fue en las montañas de Montserrat. La construcción del hotel Ohla, en vez de conservarlas, las hizo desaparecer.



Ahora me voy con pesadumbre
y el corazón me hace mucho daño,
porque me viene la añoranza
al dejar la calle Comtal

(Como se observa, en castellano no tiene la rima del autor)


- Para este artículo me he servido de la información extraída de:

● Secrets de Barcelona
● Wikipedia
● Sàpiens, de Vicente Moreno Cullell


2 comentarios:

  1. No conocía la leyenda de la fundación del monasterio. Todas estas leyendas tienen un punto que enganchan, ¿eh?
    Muy curiosa la entrada.
    Un saludo ;)

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  2. Sí, Helena, las leyendas me tienen enganchada y más desde que hice esa ruta por Barcelona, donde me explicaron los secretos y leyendas de la ciudad.
    ¡Saludos!

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