14 jul. 2014

El convento de Montsió: la monja Margarida


Cuando Jaume I (1208-1276) gobernaba la ciudad de Barcelona y otras tierras lejanas, había en la calle Montsió un convento –del que sólo se conserva el nombre en la calle-, cuyas monjas proveían a la ciudad diferentes tipos de alimentos elaborados.


Fuente: Grup Ferré

En aquella época vivía en la ciudad una doncella, llamada Margarida. Dicen que su belleza era de lo más puro que se había visto jamás; por eso muchos barceloneses y extranjeros la pretendían. Pero Margarida no quería casarse, pues su amor puro –tanto o más que su belleza- quería otorgárselo sólo a Dios y, a la edad de 16 años, ingresó en el convento de Montsió.

Barcelona vivía tiempos de guerra y muchos caballeros iban al convento a buscar comida para suministrar a sus tropas. Uno de ellos fue el señor de Llers, Guillem de Cervià, hombre alto, fuerte y muy rico -perteneciente a una de las estirpes más poderosas de la Cataluña de su época-, que se enamoró perdidamente de Margarida y la pidió en matrimonio. Pero ella le dijo:

-Amable caballero, sé que sois fuerte y rico, pero no os puedo dar mi amor pues está destinado únicamente al Señor. En esta ciudad hay muchas doncellas que se casarían felizmente con vos.

Pero el caballero no se daba por vencido y cada vez que iba al convento pedía en matrimonio a Margarida. Como ella seguía desdeñándole, el varón de Llers decidió dar una cantidad enorme de monedas al convento a cambio de poder casarse con la monja. La madre abadesa, al ver tal ingente cantidad de dinero, le ordenó a Margarida:

-Dios ha querido que contraigas matrimonio con el señor de Llers, ésta es su voluntad y te has de casar con él.

La monja, muy afligida y contra su voluntad, acabó casándose. Tuvo que abandonar Barcelona, el convento y su idílica vida para vivir en otro condado. Allí se casaron y ella fue la señora del castillo de Llers.


Castillo de Llers

Pero el caballero era hombre de armas y constantemente había de abandonar su querido castillo para afrontar duras batallas. Un día, tuvo que emprender una guerra en un lugar muy lejano y, posiblemente, estaría meses o incluso años ausente. Por eso le dijo a su esposa:

-Margarida, cuidad bien de mi castillo durante mi ausencia.

Y ella le respondió:

-No os preocupéis amor mío, que bien cuidado va a estar.

Pero Margarida sabía que aquélla iba a ser una guerra muy larga y dura y que, posiblemente, su esposo no regresaría; y si lo hacía, sería al cabo de mucho, mucho tiempo. Por eso aprovechó la partida del caballero para huir del castillo y regresar al convento de donde venía. Entonces, se puso los hábitos de monja y emprendió el camino hacia Barcelona.

El señor de Llers no estaba convencido de que su esposa le cuidara el castillo y, estando a medio camino, volvió sobre sus pasos para comprobar que Margarida era la señora del castillo tal como había de ser.

Entonces, en un punto del camino entre Llers y Barcelona, encontró a su esposa vestida de monja y le preguntó:

-Amor mío, ¿dónde vais?

-Voy a ver a mis hermanas del convento, -le respondió ella.

-¡Ah! ¿Y vais vestida de esta manera? ¡Vos lo que queréis es volver al convento y abandonar el castillo!

Entonces, el caballero de Llers entró en cólera, desenvainó la espada y la clavó en el corazón de Margarida, provocándole la muerte.

Dice la leyenda que si pasáis por la calle Montsió a altas horas de la noche, veréis una luz blanca dando vueltas por el camino. Se dice que es Margarida que está intentando volver al convento. Si la veis, decidle que el convento lo han trasladado a Esplugues del Llobregat y que no lo encontrará en la calle Montsió.


Fuente: Panoramio.com

El convento de Montsió constituye uno de los mitos del barrio, con un marcado espíritu peregrino de la orden de las monjas dominicas por lo que se refiere a la ubicación del convento. Las primeras referencias sitúan a la orden en las atarazanas de la ciudad en el año 1351, y veinte años después se traslada cerca del hospital de la Santa Creu.

El periplo continuó en 1423 cuando estas monjas se unieron a la comunidad de Santa Ana y se instalaron en el convento de Montsió, que mantuvo esta ubicación durante tres siglos.

La Guerra de la Independencia y otras ocupaciones militares posteriores, trajo consigo un vaivén de entradas y salidas de las monjas hasta el año 1888, cuando un nuevo cambio las envió a la Rambla de Catalunya, donde se trasladó la iglesia y el claustro. La última mudanza se efectuó en 1947 y en esta ocasión las piedras del convento se trasladaron a Esplugues del Llobregat.

Los muros del restaurante “El Melic del Gòtic” son los que pertenecían a las bodegas del convento y no sería de extrañar que otras leyendas hayan surgido en ese espacio.

(Datos del convento extraídos liretalmente de Grup Ferré


Anotaciones:

- Toda la información del relato ha sido facilitada por "Secrets de Barcelona".

2 comentarios:

  1. No coneixia la llegenda... M'encanta aquesta manera d'apropar-se a la història... és la història reelaborada per la gent. La llegenda mateixa és històrica.

    El més normal en les narracions medievals és justament el contrari: la noia que no vol ser monja i l'obliguen a entrar en un convent. La malmonjada en deien... Hi ha poemes preciosos, plens d'una ingenuitat encantadora.

    "Gentil caballero,
    dédesme ahora un beso,
    siquiera por el daño
    que me habéis hecho”.

    Venía el caballero,
    venía de Sevilla,
    en huerta de monjas
    limones cogía,
    y la prioresa
    prenda le pedía:
    ”siquiera por el daño
    que me habéis hecho”

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  2. De sempre m'han agradat els mites i les llegendes, per això va ser que em vaig apuntar a fer la ruta amb "Secrets de Barcelona" i vaig gaudir d'allò més!

    No coneixia el poema. Molt bona la frase: ”siquiera por el daño que me habéis hecho”.

    Salut!

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