23 mar. 2010

Cruzando Burundi dirección Tanzania



Desde Butare (Ruanda), en un minibús de la compañía " Yahoo", nos dirigimos a Bujumbura capital de Burundi. El viaje dura tan sólo cuatro horas, contando con los trámites de las dos fronteras. Nos alojamos justo enfrente de la parada final del minibús, en el Saga Residence. No es ninguna maravilla, pero para un par de noches es suficiente.


Observamos que hay muchos musulmanes por la calle y que en los bares de la zona no venden bebidas alcohólicas. Se pone el sol y la ciudad queda completamente a oscuras. Sólo hay luz en los locales que disponen de generador eléctrico.

Al día siguiente, paseando, llegamos hasta la orilla del Lago Tanganika donde hay una hermosa playa y grandes árboles que dan sombra, bajo los que nos refugiamos de los calientes rayos de sol a pesar de que tan sólo son las nueve de la mañana.


Bujumbura es el puerto principal de Burundi, por donde pasan la mayor parte de las exportaciones del país: café, algodón, estaño y pieles. La ciudad está muy limpia, con calles bien asfaltadas y aceras para los peatones -cosa de agradecer y difícil de encontrar por África-. Los edificios están recién restaurados y confieren una buena imagen de la ciudad.



Nos levantamos a las 4:30 de la mañana para proseguir el viaje. Seguimos sin electricidad y no funciona el grupo electrógeno. Estamos a punto de salir y se desata una tormenta y, a los pocos minutos, los huéspedes de la habitación contigua salen corriendo y chorreando: sobre su cama hay un gran agujero por donde ha entrado agua en su habitación.

Amaina un poco y vamos a la parada del minibús. Las calles están anegadas de agua, que nos llega más arriba del tobillo. A causa de la tormenta el bus no sale hasta las siete y sus 18 plazas se llenan rápidamente. Hay una chica blanca entre el pasaje.

El paisaje es de una belleza increíble: a ambos lados de la carretera se alzan grandes árboles, plataneros y grandes campos de cultivo, todo ello acompañado con los vistosos colores de las ropas de las mujeres que, con los hijos en la espalda y paquetes en la cabeza, van andando por el arcén de la carretera.


Al fondo, el lago Tanganika


Durante un trecho del trayecto bordeamos el lago Tanganika, salpicado de barcas de pescadores de los poblados que se levantan en su orilla.


Después de cinco horas de trayecto llegamos a Mabanda, ciudad fronteriza entre Burundi y Tanzania, donde bajan bastantes pasajeros. Los demás, seguimos por una pista de tierra en muy malas condiciones hasta el final de trayecto: la frontera tanzana, situada en lo alto de un pequeño cerro donde sólo hay un pequeño habitáculo para la policía de fronteras; sin electricidad.

Nos acercamos hasta un chiringuito para comer y beber algo fresco: sólo tienen galletas y la bebida a temperatura ambiente (unos 30º).

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